23 de julio de 2007

de victoria en victoria hasta la derrota final


 


 


Hay diferentes reacciones después del cabildo paceño, que concentró tantísima gente, porque en términos numéricos fue un éxito absoluto.



El fervor civil paceño, tras la consigna de que la sede no se mueve, estuvo muy bien apoyado y trabajado por el aparato gubernamental, la alcaldía paceña y la prefectura del departamento, que movilizaron todos sus recursos para lograr el éxito. Junto a ello fue fundamental la acción disciplinada de los sindicatos, las juntas vecinales y otras corporaciones que se movieron como un reloj, poniendo de manifiesto que estos aparatos están en pleno funcionamiento y con alta capacidad de interpelación y convocatoria. Reconocer esta realidad no le da ni le quita nada al resultado, es solamente evaluar las condiciones que permitieron una convocatoria semejante. Sucede lo mismo en Santa Cruz y lo veremos en un par de días en Chuquisaca.



La autoestima paceña está en las nubes y muchos serán los que crean que esto es suficiente como para alejar cualquier tentación de seguir insistiendo en mover la sede de gobierno fuera de La Paz. El gobierno está exultante porque cree que esta es su demostración y su convocatoria, ya dicen que después de esto la reelección de Evo Morales está asegurada, confundiendo el fervor demostrado con la intención de voto, sin evaluar que esto produce temor y que puede poner a la defensiva al resto del país.



Pero la sede ha quedado fuera de La Paz, en realidad se ha trasladado a El Alto, porque ha sido y es evidente que la ciudad de La Paz ha tenido y tendrá que subordinarse a las iniciativas y al poder de convocatoria de El Alto. Por primera vez los paceños tuvimos que subir trabajosamente hasta la Ceja para hecrnos notar, además de quedar visiblemente marginados en la periferie de la concentración. Eso también fue contundente. El cabildo fue alteño y de las provincias, la sede de gobierno terminó poniendo solo los ribetes.



Los grandes perdedores fieron los líderes del sistema político y es de entender. Si las cosas las vamos a resolver a cabildazos, poco tienen que decir los elegidos por el voto ciudadano. Así terminaron, ninguneado el primero, ni más ni menos que el Honorable Alcalde de La Paz, quien no pudo ni dirigir la palabra a los presentes y resignó evidentemente molesto, su participación al Presidente del Consejo Municipal, que se concentró en saludar a los cerros circundantes, a agradecer a los alteños y ha separar los bolivianos buenos de los bolivianos malos, como en las mejores épocas de García Meza y sus muchachos.



Los chicotazos, los huevos y tomates sobre Samuel Doria Medina fueron vergonzosos, pero no fueron una sorpresa, porque solo demostraron quienes son los que mandan ahora, de cabildo en cabildo hacia delante. El que mejor la sacó de todos fue el Prefecto, que supo acomodarse a tiempo en un buen lugar y se quedó calladito flameando su bandea paceña y con la mejor de sus sonrisas, para permanecer a flote (bien por Pepe Lucho y su olfato de sabueso).



Otra cosa que quedó clara: el nivel de la dirigencia cabildeña es realmente pobre y casi dá lástima. Salvo la Rectora que mantuvo un discurso muy de asamblea universitaria, pero que dijo cosas de fondo referidas al proceso, todos los demás terminaron en augurios, amenazas, algunos insultos y muchos jallallas, pero de argumentos para que la sede no se ceda, nada de nada. Un típico acto populista, al mejor estilo del viejo MNR o del actual MAS, que viene a ser lo mismo a estas alturas.



Algunos, como el del Ágora, dicen que se puede leer esto como un desatino, lo que ya es demasiado decir. La Asamblea no retirará el tema mientras un departamento insista en tratarlo, lo que pondrá en cuestión si se cumple o no lo del cabildo paceño. El gobierno hará suya la exaltación de las masas, como que les gusta la idea del gobierno de las multitudes, creyendo que es la nueva democracia. A Sucre no le quedará otra que entregarse plenamente a Santa Cruz si quiere mantener sus aspiraciones, lo que hace que ya no exista Media Luna, sino un Cuarto Creciente. La Paz se quedará sola, absolutamente sola, como ya dije; no podrá convencer al país, si antes no tiene la capacidad de poner antes en su sitio a la ciudad de El Alto, porque nadie aceptará que la sede se traslade a manos del corporativismo alteño.



Los paceños estamos más fuertes y estamos contentos, pero el país está peor, más dividido, más sin salida, con las instituciones democráticas más desvalidas, con el liderazgo y la representación más devaluada. Cada día más cerca del enfrentamiento.