26 de julio de 2007

EL DIA DESPUES


La situación es un desastre. A la falta de energía (gas y electricidad) que no tiene cura, hay que sumarle ahora la escases de alimentos que ha reconocido y anunciado el mismísimo Presidente de la República –Yo el Supremo, al estilo Roa Bastos–. A este paso, en un par de años estaremos con los automóviles sin funcionar en los garajes y los ascensores detenidos en los edificios, por falta de repuestos; y de comer, lo que alcance a verse en el mercado, como decía el Gral. García Mesa (al que cada día hay que empezar a recordar en los detalles), habremos de alimentarnos de chuño y tunta en la puna, mientras que en las tierras bajas se contentarán comiendo yuca, que ya lo profetizó su excelencia emérita, el Ministro de Finanzas. De los conflictos sociales, sectoriales, regionales, vecinales y cuantos otros hay, ya ni se transmiten informes porque son tantos, que los noticieros alcanzan apenas para describir los más importantes y entrevistar a los protagonistas más exaltados.



Es la tierra y los días del MAS. Y no es porque estos sean peores o más tontos que los anteriores –que ya es mucho decir–, sino que así funcionan las cosas cuando no hay un sistema de partidos políticos donde se trasladen demandas y conflictos para resolverse. Si la asociación organizada para defender el derecho al acceso al agua potable entre los vecinos de cualquier lugar, tiene como responsabilidad resolver problemas de Estado, como el control del contrabando en las fronteras o las negociaciones multilaterales para decidir el rumbo de los aportes del Mercosur en las políticas de drenaje de los ríos en la cuenca del Plata, estamos jodidos todos. Y como pregonan los propios dirigentes del MAS en el gobierno, esa es una juntucha de organizaciones corporativas, alrededor de un grupo de amigos (los más hozados dirigentes, que vienen de las luchas sindicales y desde la cultura gremial que los precede), porque ni siquiera hay un sistema democrático interno de legitimación de mandos y liderazgos.



Frente a eso hay tres opciones que están madurando en el país, para el día después, cuando tengamos que empezar a reconstruirlo todo por enésima vez. Y hay que pensar ya en el día después, porque no sé cuando vendrá, si dentro de dos años o de diez años, pero que habrá un día después, seguro. Y conviene estar preparados.



Opción uno, la del desastre total: los que piensan que por ser indígenas u originarios de algún lugar, los unos piensan de manera diferente a los otros. Que por ser de Omasuyos o de Chayanta uno lleva en sus genes una concepción de vida y de organización social que le es inherente, por lo que corresponde la lucha e imposición racial, que obliga a que los azules se organicen y le rompan la madre a los verdes. El nacionalismo étnico: los indios del campo contra el mundo entero; lo escribo exagerando, pero es para hacerme entender. Esa opción tiene seguidores que ostentan un nivel de influencia importante en el partido de gobierno actual y gracias a ellos es que andamos como andamos.



Hay otros, los de la opción dos que son los del desastre tristemente experimentado, que aprovechando esta situación, salen al frente a criticar, pero piensan igualito. Son los que dicen que por ser cruceño o pandino se es diferente y se piensa diferente a un paceño o un chuquisaqueño, por lo tanto nos agruparemos entre iguales, toditos los paceños juntos para sacerles la madre a los cruceños y viceversa. Sobre esa base se sostiene el planteamiento de PODEMOS que ahora habla de consensuar la nueva Constitución entre todos –los nueve sin excepción– los departamentos, como si se pensara y se eligiera desde el ser departamental. ¿Quienes lideran las acciones corporativas de los movimientos regionales, sino los eternos caudillos locales, que son una pandilla de amigos que saben distribuirse muy bien el poder, las ventajas económicas y saben casar a sus hijos e hijas entre ellos (es la parte más endogámica de nuestra sociedad), tienen sus colegios, sus clubs, sus vacaciones en Miami? ¿Como puedo afirmar que por ser cruceño soy más demócrata que los nacidos en Oruro?



La tercera opción es la única posible y hay que construirla de a poco, porque incorpora una reforma cultural, sin la cual ya no podemos seguir adelante, a partir del día después. Hay que convertir al campesino o al vecino de la ciudad en CIUDADANO. Es decir una persona individual, que responde a sus intereses, mantiene cierto grado de compromiso, cumple sus obligaciones (que están establecidas en las normas legales) respeta y critica la institucionalidad y es consciente de sus derechos.



Este individuo, que no importa donde viva, ni de que raza sea, piensa y se organiza por si mismo. Por eso no participa en las logias del oriente, ni en las juntas de occidente, ni en los grupos sindicales y sus cúpulas a uno y otro lado. Este es el ciudadano que hay que nuclear y con el que hay que preparar el día después. Sé que es parte de un sueño, pero es el sueño de la modernidad que tuvieron nuestros abuelos europeos y que importaron con orgullo otras naciones más exitosas que la nuestra en América Latina. Es el sueño de otras sociedades asiáticas que comprendieron que ese es el único camino posible hacia el desarrollo económico y de la calidad de vida individual, para hacer lo que hoy son Japón, Corea, o parte de la China.



Lo que hay que entender definitivamente es que por muy aimaras o quechuas que seamos, lo bolivianos somos seres que pertenecemos a la especie humana, por lo que podemos aspirar sin complejos al desarrollo de nuestras capacidades humanas, sin dejar nuestras deliciosas características culturales y locales. El día en que nos desprendamos del complejo que nos atenaza en la idea de que somos diferentes y que antes que nuestra posibilidad como especie, pesa más nuestro atavismo como grupo, ese día, habremos dado el Gran Salto (como le gusta decir a mi amigo Raúl Loayza). Ese es el día después.



Por eso hay que prepararse para el día después y hay que hacerlo desde ahora, porque entre los chicotes campesinos de los jilacatas collas y el desprecio racista de las logias cambas, vamos a terminar matándonos a cabildazos, porque los conocemos bien, y ambas partes piensan y reaccionan de acuerdo a quien lo tiene más grande (a su propio cabildo, digo), ambos son invitados bárbaros al desarrollo de la fiesta socialista y democrática que se está viviendo en América del Sur.