13 de agosto de 2007

Sin leyes

 


 


 


Insisto, luego existo, pareciera reclamar el Presidente Evo Morales Ayma, cuando vuelve a afirmar que la existencia de las leyes perjudica el avance de su revolución. Más allá del valor que le otorguemos (podemos estar de acuerdo o no) toda revolución, por definición, es una forma de asalto al poder que permite gobernar sin leyes, hasta el establecimiento de un marco jurídico y normativo, que garantice la reproducción social de la totalidad del nuevo sistema. El problema con el que se enfrenta el Presidente Morales es que ha llegado al gobierno por la vía democrática, favorecido por el voto ciudadano y sobre el funcionamiento de la institucionalidad estatal construida los últimos 25 años de democracia en Bolivia. Eso no se borra de un plumazo y menos como fruto de la voluntad y/o el capricho de quienes quieren el poder revolucionario.



Tres mil años tiene el concepto de democracia, pero quinientos años le ha costado a la humanidad consolidar un sistema de libertades y equilibrios que garanticen los derechos de las personas, lo mismo que limitar el uso y abuso de las instituciones, tanto privadas como públicas. Desde la firma de la Carta Magna en Gran Bretaña hasta nuestros días se ha recorrido en occidente un largo camino, sembrado de obstáculos, pero lleno de ejemplos de voluntad y heroísmo de grandes hombres y mujeres que han sabido señalar el rumbo que debemos seguir los pueblos, las culturas y las naciones, aquí o allá, este es un tema de valores, principios y políticas universales; quienes no lo hemos logrado, permanecemos sumidos en la ignorancia, el subdesarrollo, la pobreza y la mediocridad, antivalores que son el espejo de quienes nos gobiernan hoy, con el derecho y la legitimidad que libremente les hemos otorgado.



Pero es importante que quede claro, para todos los bolivianos sin excepción (y para el mundo, que será testigo), indios y no indios, collas y cambas, pobres y ricos, jóvenes y viejos; que la mentalidad que opera detrás del poder gubernamental y en el núcleo de poder central en el MAS, es una mentalidad anti-democrática, que considera y cree efectivamente, que las leyes son un estorbo en su camino y que es necesario pasar y pisar, hasta alcanzar los ideales de liberación nacional y de anticolonialismo cultural que de antemano se han trazado, en nombre de los pueblos originarios, de una o varias etinias y grupos tribales.



Al principio pensaron que la Asamblea Constituyente era el modo para imponer sus decisiones, pero no les salió el cálculo porque no alcanzaron el número de votos necesario. Ahora, con el apoyo cómplice y vil de la derecha (porque como el mundo es redondo, quien se pone a la derecha de la derecha puede aparecer de pronto en la izquierda, y viciversa), se ha destruido el escenario de concertación por 2/3 en y se abre la posibilidad de enfrentar directamente a dos visiones antagónicas de país, para volver al enfrentamiento puro, entre el MAS y PODEMOS, que es lo que quieren ambos, el uno para vencer, el otro para reflotar. La Asamblea ha dejado de tener sentido, porque ya no es espacio para concertar ni consensuar, podríamos habernos ahorrado tanto tiempo y tanto lío.



La victoria pírrica y momentánea es para todos ellos que consideran que las leyes y las instituciones son un estorbo. Pero la historia, que nadie puede detener, es nuestra, de los que valoramos la libertad, la justicia social y la equidad, la solidaridad y la fraternidad humanas; los que creemos y luchamos sin sosiego por la democracia y el desarrollo, por lo que (gracias querido hermano Allende por prestarme estas tu palabras) “más temprano que tarde se volverán a abrir las grandes alamedas...