22 de diciembre de 2008

ESPÍRITUS


La navidad subsiste, no por los regalos, tampoco por el pavo en la mesa de pocos y las cenas. No subsiste por el pequeño gordinflón normalmente rosado en medio de tanto niño cobrizo, de yeso y rizos, que nos sonríe desde los pesebres, casas, puentes y vaquitas recién por ordeñar, ni porque merezca o no el adorarlo, oro, incienso y mirra de por medio. La Navidad es algo más.


Hay muchas cosas que son “algo más” que ellas mismas.


El “espíritu de la ilustración”, que se construyó después que Gutenberg inventara el aparatejo ese que permite reproducir por millones un texto y repartir las mismas palabras entre muchos. Y se reprodujo y se repartió de mano en mano ese espíritu hasta los últimos confines de la tierra, anunciando libertad, igualdad y confraternidad entre los seres humanos. Solo un 4% de las personas sabían leer y escribir en la Francia de ese entonces. Imaginemosnos ahora los “espíritus” de las cosas que son más allá de si mismas, navegando por las redes intangibles del internet y sus conexiones; incluso en países como el nuestro donde podremos ser algo menos que en otros, pero la fuerza de la red es imparable. Es el espíritu de la red.


Como el espíritu de la navidad, que pudo expandirse desde un pueblo de pastores, proclamando el amor entre los seres humanos de ayer, de hoy y los del mañana, que seguirán de compras y envolviendo regalos y cenando pavos rellenos con almendras, a la espera de algo que insistentemente pervive para anunciar a quienes pueblan la faz redonda de la tierra, que siempre hay esperanzas y amor y paz, como predican los cristianos, que son los dueños de ese invento.


Igual hay un espíritu detrás del empeño de unidad en la diversidad, de la construcción de una democracia institucionalizada y sólida, hay un espíritu propio tras el anhelo de modernidad en medio de este panorama de atraso y subdesarrollo. A esa cosa se le ha llamado con varios nombres a lo largo del tiempo, los últimos cien años de bolivianidad. Yo la conozco como el espíritu que insufló la fuerza de entrega, construcción y combate democrático de mi generación y tenía un nombre.


Es el espíritu de unidad que busca un nuevo nombre, es el espíritu que aspira a la nación donde quepamos todos. Estos días es el espíritu del NO, que tiene que reconquistar en las ciudades, entre las capas medias de los indios y los blancos asentados en nuestra urbanidad de mestizos y cholos, hijos de todas las culturas que se animaron a pasar por estos lugares de seres transculturales, de personas que tenemos bien ancladas las raíces en lo nuestro-nuestro, pero también expandidas las antenas hacia la creación y el desarrollo humanos, sin complejos.


Es el espíritu del NO a la constitución racista y segregadora que nos propone el MAS, por eso subsiste y subsistirá a los avatares y a todos los vientos. Porque es el espíritu de la libertad, que no tiene tiempo, que no tiene fronteras.