10 de julio de 2017

EL LUGAR DE CADA QUIEN

¿Dónde estaba Michel Bachelet, la Presidente de Chile, mientras Morales Ayma armaba la conferencia de prensa para anunciar el apresamiento de dos carabineros chilenos despistados que cruzaron sin nuestro permiso la frontera?

Bachelet y Pedro Pablo Kuczynski estaban en Lima celebrando un encuentro trascendental jamás alcanzado entre ambos países en toda la historia, firmando más de cien acuerdos en todas las ramas y materias susceptibles de cooperación binacional, como Estados modernos mirando hacia el futuro y en el marco de la Alianza del Pacífico, con Asia y Oceanía al frente, esperando con sus mercados abiertos para intercambiar desde materias primas, manufacturas, tecnología y conocimiento.


Mientras nuestro magnánimo Presidente debatía si devolverlos o no a su país de origen y montaba con ello otro de sus shows con los que nos distrae a los bolivianos, Perú y Chile estaban acordando su integración energética que permitirá la unión de sus sistemas eléctricos, o  la supresión del roaming en sus comunicaciones telefónicas entre celulares, de manera que marcar en Santiago para llamar a Lima será como hablar dentro del mismo país, superando distancias y fronteras.

Mientras la caterva de masistas le llamaba “estadista” a Morales Ayma por decidir por encima de las leyes bolivianas la extradición de los policías chilenos y devolverlos a casa con sus mamás y sus hijitos (como recalcó Morales para explicar su sensibilidad humanística), Perú y Chile, firmaban la estabilidad y seguridad de las inversiones en el sur y en el norte respectivo de ambos países, solidificando una frontera que cada día crece más y nos deja lejos y apartados, a nosotros, que seguimos esperando embriagados de patriotismo hueco el otro show de La Haya que los invite a dialogar y negociar a los chilenos dentro de algunos años.

¡Por favor! Es que da rabia constatarlo, que en este caminar grotesco y sin destino, en varias cosas, como la relación con los vecinos, hemos retrocedido cien estos últimos diez años.

30 de junio de 2017

PARA SEGUIR CRECIENDO

Se reúnen México, Colombia, Perú y Chile en el marco de los países latinoamericanos de la Alianza del Pacífico, que son los países en serio, porque con costas al Pacífico también están Panamá, Costa Rica, Nicaragua o Guatemala y el Ecuador, pero son más pequeños y con menores potencialidades. Los primeros cuatro, casi son países de verdad.


¿Y nosotros? Parte del futuro de Bolivia pasa por mirar el Asia y venderle al Asia lo que produzcamos en el futuro, cuando producir sea un incentivo económico, social y cultural en nuestra Bolivia de todos los días. Podemos ser un socio sustancial en la Alianza del Pacífico, porque podemos integrar en ella a través nuestro a la parte más industriosa y productiva del Brasil, y de rebote, a Paraguay y Uruguay inclusive, y eso es algo que la Alianza tiene que poder apreciar.

Pero estamos peleados con Chile, distanciados del Perú, demasiado lejos de México y Colombia nos debe mirar como a un país bananero y más folclórico que institucional como para tomarnos en serio. Hay que aclarar que salvo la lejanía mexicana, el resto es responsabilidad del régimen y del propio Morales Ayma, que lo encabeza.

La única solución para una salida directa y útil sobre el océano Pacífico es un acuerdo comercial de gran envergadura con Chile y con Perú, para encontrar entre los tres una zona libre, mirando el Asia y a Oceanía, con soberanía compartida y donde unos y otros podamos hacer los mejores negocios de la vida, y todos salgamos ganando.

Lo demás son cuentos. Lo demás es pura  boca y puro show para mantenerse en el poder los que sabemos y seguir aprovechando y robando a manos llenas.

29 de junio de 2017

OTRA SOBRE LOS HÉROES

Una acusación como la que pesa sobre ellos desde Chile, que suspendió el juicio donde debieran haber demostrado su inocencia, a cambio de ser declarados culpables y expulsados del país, no puede quedar así.

Chile va a enrostrarnos en los foros y debates internacionales el hecho de que un grupo de delincuentes (según ellos y su sistema judicial cuyas características el mundo conoce, igual que las del sistema boliviano) confesos, son exaltados como héroes por el Presidente plurinacional, que al mismo tiempo que los condecora está difundiendo desde las redes el mensaje de «dales duro, Maduro» para Venezuela. En ese sentido los chilenos deben estar contentos, ya que no parece haber nadie más amigo de su argumentos que Morales Ayma con sus actitudes.

El Estado (no el gobierno del momento) boliviano debe contrarrestar los argumentos chilenos permitiendo que los nueve se defiendan en un juicio que cumpla en detalle las condiciones de un debido proceso, presentando otros argumentos, razones y pruebas que demuestren su inocencia. No existe otra manera.

No es suficiente que la voz de Morales Ayma los absuelva, como si fuera un obispo en Roma o un Rey del medioevo, a tiempo de ser quien apoya públicamente a Maduro o a Bashar al-Ásad en los foros internacionales, por mucho show y mixtura que le ponga. Así saldremos perdiendo.

22 de junio de 2017

PONIENDO EN RIESGO LA FE Y LA PALABRA DEL ESTADO

Militares chilenos ingresaron ilegalmente en territorio boliviano y tomaron presos a funcionarios de aduanas y un par de miliares que estaban con ellos, cumpliendo sus deberes; esa fue la versión  que nuestro Presidente, el Vicepresidente, el Ministro de Defensa y el Canciller repitieron al unísono, acompañados de un coro de diputados y dirigentes masistas, y que duró poco, porque resultó que nuestros compatriotas aduaneros y sus acompañantes estaban en realidad en territorio chileno, donde no tenían ningún deber que cumplir, porque sus funciones terminan donde la frontera.

La segunda afirmación fue que nuestros compatriotas eran inocentes de los cargos de robo, contrabando y portación ilegal de armas, bajo cuya imputación fueron entregados por Carabineros de Chile a la justicia en ese país, y que todo en realidad se debió a una confusión, ya que traspasaron sin darse cuenta la frontera, persiguiendo a los contrabandistas y lo hicieron en cumplimiento de su deber, luchando contra el contrabando, que para eso se les paga. Yo creo en esa versión y doy por entendido que así fue, nuestros compatriotas no entraron a robar, ni a intimidar, ni a nada ilegal a Chile, sino persiguiendo a los contrabandistas y su contrabando, para hacer lo que tenían que hacer en cumplimiento de sus funciones.

Cosas así suceden todos los días en todas las fronteras del mundo y se solucionan con un telefonazo. Lo que pasó en este caso es que el gobierno de Chile no quiso contestar el teléfono y decidió actuar por su cuenta sin escuchar a sus pares bolivianos. ¿Por qué los chilenos tomaron esa decisión? ¿Será solo en este caso o se repetirá por siempre? Yo creo que para los chilenos la administración de Morales Ayma ha dejado de ser un interlocutor válido y han decidido no contestar el teléfono hasta que en Bolivia haya otro gobierno; lo deben estar haciendo para curarse en salud y poner cortapisas a la necesidad de sentarse a negociar, si La Haya así lo determinara, como parece que será, ya que La Haya en ningún caso puede determinar que Bolivia y Chile no dialoguen. Lo de Chile me parece una barbaridad, un acto de mala vecindad, pero ellos lo han decidido así en estas circunstancias.

Lo peor fue que nuestros compatriotas aceptaron el camino abreviado, es decir que renunciaron a defender su inocencia en un juicio, poniendo en duda las afirmaciones de nuestros gobernantes, ya que concedieron la razón a sus acusadores chilenos, asumiendo las consecuencias procesales para y hasta ser expulsados de ese país y poder retornar a Bolivia lo más pronto posible, y poder abrazar a sus mamás y sus esposas. Yo creo que esa decisión fue tomada bajo la presión del estar en la cárcel en un país extranjero, lo que no es fácil para nadie, y que se hizo consultando a la defensa y en coordinación con las autoridades pertinentes del Estado boliviano, bajo argumentos humanitarios. Se podrá argumentar lo que se quiera, pero tácitamente para Chile y ante un juez de los suyos, nuestros compatriotas han aceptado que son unos ladrones y contrabandistas, y que portaban (los militares) armas de manera ilegal y sin permiso; o sea que en cualquier foro internacional y allá donde se mencione el tema, Chile podrá mostrar la aceptación de culpa de nuestros compatriotas.


Que el gobierno boliviano pague las multas correspondientes, que los reciba como héroes, que los condecore en una gran fiesta popular y que llene las plazas con gente que los aplauda, no borrará que ante la justicia chilena ellos aceptaron sus culpas, poniendo en entredicho la palabra del Gobierno boliviano y la confianza de todos nosotros, sus compatriotas; tan es así que en llegando a casa, la justicia boliviana debiera aprehenderlos e iniciar una demanda en su contra hasta que en otro juzgado demostraran que no fue así, que en realidad estaban en territorio boliviano, que fueron arrestados con violencia, que sufrieron vejámenes y torturas, que fueron obligados a aceptar sus culpas bajo presión y/o amenazas. Si no, la palabra de nuestras autoridades y la fe del Estado plurinacional estarán en entredicho hacia adelante.

19 de junio de 2017

EL PÉNDULO

Nuestra historia es la de un Péndulo Catastrófico, bamboleando entre dos extremos: el mercado privatizador y el Estado nacionalizador. Durante décadas hemos nacionalizado y privatizado cada veinte o treinta años y siempre ha habido un pueblo esperanzado detrás de esas medidas, tratando de encontrar en las promesas una nueva panacea de futuro.
El Péndulo se mueve con la fuerza de minorías organizadas que bloquean calles y caminos, o con las muchedumbres exaltadas que hasta han han colgado presidentes de los faroles, si no es con la emergencia de militares o caudillos sindicales que aparecen a salvarnos de nuestra propia historia; así durante décadas en las que no hemos logrado salir de la pobreza y la ignorancia y permanecemos atrapados entre los países más pobres y atrasados del continente. Tal vez el logro más importante de las últimas décadas es la democracia representativa consolidada en las urnas.

Morales Ayma lleva gobernando apenas once años, lo que no abre suficientemente la brecha generacional como para que los bolivianos que vienen sin conocer nuestra historia, terminen opinando nuevamente y repitiendo que el Estado es ineficiente, corrupto, atávico y que impide la libre competencia y inovación, sin las cuales no hay desarrollo. Yo estoy de acuerdo con este postulado –aclaro–.

El discurso estatizador que acusa al mercado de transnacionalizador y por ende de “vende patria”, de acumular la riqueza en manos de pocos a costa de muchísimos pobres, de centralizar los privilegios y las oportunidades en manos de unas familias empecinadas por reproducir el sistema a costa del pueblo empobrecido –argumentos con los cuales también estoy de acuerdo, aclaro–, no ha periclitado aún, aunque Morales Ayma y sus secuaces estén de bajada y hayan perdido prestigio y credibilidad, como nunca los últimos meses.

Vistas así las cosas es de entender por qué toda iniciativa y esfuerzo político desde la oposición democrática no trae consigo el sabor de lo innovador y renovador que muchos reclaman, sino el tufillo desagradable de la restauración de un pasado inmediato al que casi nadie quiere volver. Y si bien Morales Ayma baja en popularidad y apoyo todos los días, nadie sube, nadie aparece como una alternativa.

Porque la alternativa al “proceso de cambio” no es la consigna vacía de “cambio de proceso” de la que se viene hablando, para proponer sacar a Morales de Palacio y después que venga lo que tenga que venir –consigna que repito y con la cual estoy parcialmente de acuerdo, por sus efectos unificadores, aclaro–, volviendo a las ideas de reducir el Estado, abrir las puertas a la libertad de los mercados, y traer y empoderar a las viejas élites (o a sus hijos) que desde las sombras de su tradicional poder que el MAS no ha destruido, sino con el que se ha aliado, y llamar a la lucha contra la tiranía masista, en nombre de una democracia que en el fondo jamás han practicado, pero cuyas instituciones han construido y nos las han legado.

La alternativa política y democrática pasa por entender que la lucha de verdad es contra el Péndulo Catastrófico y no contra Morales Ayma y sus secuaces, que son solo uno de sus extremos. Como en todo el mundo existe en Bolivia tecnología de vanguardia que puede hacernos suponer que el el triángulo clásico Estado / Mercado / Sociedad, donde siempre se ha jugado la suerte de la Sociedad entre la hegemonía del Estado y del Mercado, hoy se puede resolver poniendo a la Sociedad al mando y haciendo del Estado y el Mercado dos instituciones al servicio de la gente y la ciudadanía y el Bien Común.

Existe un camino por el que pueden transcurrir nuestros pueblos y su soberanía democrática, para dotar a) al Mercado, donde se genera la riqueza a través de los emprendimientos particulares, la libre competencia, la innovación y la productividad, de aquello que precisamente carece: solidaridad, equidad, redistribución, equilibrio y justicia social; b) al sistema político lo que aún le falta: eficiencia, representatividad, participación activa, transparencia; c) a la sociedad, la capacidad de convivir digna y solidariamente, de manera colaborativa, fruto de una reforma intelectual pendiente en el seno de nuestras culturas e instituciones; d) al Estado, de un rol comprometido con el desarrollo integral y equitativo, salvando las desigualdades en beneficio del Bien Común y de los más pobres, al mismo tiempo que e) el conjunto de nuestra sociedad se incorpora a los procesos mundiales del desarrollo, el conocimiento global y la modernidad.

Eso es lo que hay que desarrollar. La alternativa debe nacer ahora, porque las condiciones están dadas, no pasa solamente por gritar dictador y corrupto contra Morales Ayma y su caterva delincuencial, o denostar a los líderes de oposición por derechitas, neoliberales (que nadie ya sabe de qué se trata) y vendepatrias, sino por desarrollar un nuevo camino en beneficio de todos los bolivianos. Esto es posible en el mundo de las Redes Distribuidas –insisto, luego existo– y la Cultura Digital de la Abundancia, hay que concentrarse en ello.