19 de febrero de 2011

El remake boliviano

El gobierno del Etnonacionalismo Autoritario, con Evo Morales Ayma y Álvaro García Linera a la cabeza, junto al gabinete ministerial, se reunieron con los empresarios, para bajar la cabeza ante el capitalismo explotador y despiadado, que ha mostrado que no va a detenerse en nimiedades a la hora de escarmentar a quienes sin respetar las reglas del mercado, creen desde la pura política poder gobernar la producción, distribución y el consumo de los bienes y servicios que necesita una sociedad para reproducirse en toda su complejidad; así sea la boliviana, tan pobre y marginal, que con tan poco podría reencontrarse.
Volver a tropezar con la misma piedra (eso les pasa a quienes no han tenido la oportunidad de leer un libro, como pedía Choquehuanca para no contaminarse con la cultura occidental): Esa película la hemos visto varias veces durante el pasado siglo y sabemos cómo termina. Evo es un remake de moda, falto incluso de una estética renovadora (salvo las reivindicaciones indígenas que el MAS ha convertido en parte del folclore), en el que se repiten los errores cometidos por otros que fantasearon con lo mismo. Y ocurre lo de siempre, el desabastecimiento, las colas, los cupos, la corrupción, el contrabando, el agio y el ocultamiento. El desabastecimiento y la subvencion de bienes como la energía y el transporte, han hecho que la economía y el acceso de la gente a los bienes de consumo cotidiano, reemplacen cualquier otro tema en la agenda pública. El precio del azúcar es hoy más importante en Bolivia que la inclusión indígena, para poner un ejemplo.

Se requiere de inversión privada (YPFB no alcanzará a juntar ni la mitad de la inversión urgente para 2011) y hay que promocionar las exportaciones para reactivar la demanda en los mercados, luego de haberlas limitado durante más de cinco años; o hay que solucionar urgente la crisis de la energía en los hogares, porque este invierno La Paz sufrirá apagones, para cuya solución Morales ha ordenado el desmontaje y traslado de un generador eléctrico quitándoselo a Santa Cruz, que por el momento no puede defenderse de estos y otros abusos. Morales Ayma –que no es tonto– se ha dado cuenta (así no tenga la capacidad intelectual para imaginar una solución) y ha decidido cambiar de actitud, hasta donde le dejen las circunstancias –acoto yo–.

Morales Ayma se ha percatado que sus ministros no le cuentan ni la mitad de las cosas, sino que le dibujan una situación diferente a la verdadera, diciéndole que en la manifestación de protesta contra su gobierno estuvieron solo mil, cuando eran diez mil los manifestantes; entonces Evo ha decidido saltar por encima y hablar con los empresarios. Esos son el nuevo cambio y sus razones.

Pero entre quienes gerentan y gobiernan las empresas (nacionales, transnacionales, locales y hasta las microempresas personales) nadie le cree ya, escuchándole como a cantos de sirena. Hasta Alvaro García ha girado también y ha decidido cubrirse con una piel de oveja sin poder disimular su corazón de lobo; parecía un socialdemócrata en esa reunión, prometiendo respetar el capital privado que hasta hace poco quería eliminar de la faz de la tierra, y asegurando que el Estado plurimultiple de Bolivia se dedicará desde ahora solamente a los servicios públicos en educación, salud e infraestructura. ¡O sea que mis amigos y yo teníamos razón! Debieran contratarnos para diseñar el futuro, pero no les creo; ¿Quién puede creer un discurso así en labios de García Linera?

Y más grave aún: los movimientos sociales aliados empiezan a desconfiar, porque ven que Evo y su pandilla coquetean cada día más con el capital y se alejan de las demandas nacidas en el campo popular, donde residen sus apoyos. La gente intuye que algo anda mal, cuando ve que las nacionalizaciones no sirvieron para nada, sino para acabar con el débil sistema productivo que tanto costó levantar y en tantos años. La gente sospecha de la preocupación gubernamental, cuando estos temas se convierten en urgentes y hay que lanzar un gasolinazo navideño para anularlo luego y no saber qué vamos a hacer ahora, porque si no suben los precios de los combustibles líquidos las subvenciones y los bonos pueden terminar por ahogarnos a todos.

El país ha aceptado a regañadientes que este año será de un tiempo inflacionario para nada, aunque se puede convivir con la inflación si esta sirve para financiar el desarrollo productivo; pero inflación para nada, por pura equivocación e ineficiencia... en El Alto se escucha hablar de traición. De peores cosas se está hablando, incluso entre los cocaleros del Chapare, que han sufrido una primera agresión con el gasolinazo, que pudo significar el final de parte de la subvención estatal a los precursores de la cocaina. Se dice que hasta en las leales Fuerzas Armadas se está deliberando como hace décadas, el qué hacer, si la situación se volviera incontrolable.

El remake se sigue proyectando.