5 de febrero de 2011

Este cuento se ha estido

Durante los pasados años, el Estado Plurinacional (al que denominaremos "plurimultiple", que lo describe mejor) y el etnonacionalismo autoritario, nos han vendido el cuento de la inclusión social, los derechos de los pueblos indígenas y la interculturalidad. Digo cuento, porque esa propuesta no es la preocupación de los que mandan en el MAS, que parecen más preocupado por construir el “socialismo comunitario”, como ha dado por llamarle Alvaro García Lienera, a este esperpento político nacido con la nueva constitución, con minúsculas.

Ese es otro cuento que no ha logrado producir un solo ejemplo (que se mida en la organización social de la producción, como piden los marxólogos) en años desperdiciados entre clientelismo estatal, corporativismo político y corrupción, ya que no existe un solo emprendimiento (estatal, privado, comunitario o mixto) donde podamos ver y tocar, de qué se trata realmente eso del “socialismo comunitario”. Ni la fábrica de cartones en Oruro (que es lo único que se ha hecho realidad, aunque para funcionar le sigue comprando papel a La Papelera S.A.) nos muestra cómo sería wl modelo en la práctica, el tipo o la forma de propiedad, la participación colectiva en la organización de trabajo, la distribución de las ganancias, el destino del excedente, ni un largo etcétera de suposiciones fantasmales, que deben estar en la cabeza de los dirigentes de esta revolución fallida, democrática y cultural, ahora en Los Andes. El MAS no tiene Proyecto Nacional.

Durante cinco excitantes años (donde nadie sabía bien dónde es que nos llevaban, pero íbamos arrastrados por una eventual mayoría político-electoral, todos contentos sin cuestionarnos nada), la vanguardia revolucionaria podía recurrir al mañido argumento de la redistribución de la riqueza en beneficio de los más pobres (que siguen siendo pobres), la inclusión de los indígenas (que siguen excluidos de las decisiones y de la economía) y la interculturalidad, que es una propuesta muerta, porque la desagregación de “lo nacional” en treinta y seis nacionalidades, dejando en el limbo a lo boliviano como lo otro, no puede alimentar las expectativas de otra mayoría nacional (sociológicamente más sólida y con perspectivas de desarrollo futyuro), una sociedad urbana, mestiza, pro-moderna y con vocación de incorporarse al mundo global. El proyecto etnonacionalista y autoritario del MAS nació muerto, porque no tiene cabida en el mundo global, aunque durante cinco años a los bolivianos se les hayan impedido ser bolivianos, acusados de neoliberales que se oponen al cambio.

Cuando expreso esta proposición, no reivindico ni exalto ninguna propuesta restauradora del pasado. Reconozco que la emergencia del MAS en la historia nacional ha cambiado en el fondo las estructuras sociales, acelerando procesos de inclusión social, distribución de la riqueza e igualdad intercultural, que ya estaban en marcha desde los años 50 del siglo pasado. Núnca más Bolivia será la de antes, pero eso no quiere decir que deba ser la de ahora, no democrática, autoritaria, incompetente, donde campea la corrupción y la especulación y donde emergen y se consolidan cada día, nuevos grupos de poder vinculados orgánicamente al contrabando, la corrupción gubernamental y el narcotráfico.

Pero a falta de logros plurinacionales, o interculturales, o productivos, ha llegado el tiempo de la escasez y de las colas , por el arroz ayer, ahora el azúcar, mañana el pollo, y así sucesivamente, hasta que comprendamos a donde nos lleva eso del “socialismo comunitario”, que no es otra cosa que un Capitalismo de Estado, donde el Estado (plurimúltiple, en este caso) asume las condiciones de patrón y dueño, haciéndonos creer que lo estatal es propiedad colectiva, cuando en realidad son varios aparatos usufructuados por una nomenclatura, aprovechadora, corrupta y abusiva; y peor aún en la Bolivia de hoy, cuando como la masista, es antidemocrática, ineficiente, ignorante e incapaz de administrar y gestionar lo que ha conquistado.

Y como lo real es de una terquedad irreverente, de las que asombra, termina por imponerse de manera inevitable y siempre. Ahora el debate nacional ha pasado de la inclusión y la justicia social a la escasez del azúcar y el precio de los pollos.

No hay marcha atrás. Colorín, colorido, este cuento se ha estido.

-- ¿Crees que después de Evo Morales vendra algo mejor?   --No sé; no existe la certeza, solo la oportunidad; pero algo es algo...