5 de diciembre de 2006

SE HACE CAMINO AL ANDAR...

Animo ciudadanos, queda todo por ganar.

Hoy los huelguistas de hambre en todo el país han sumado 600 personas. Mañana serán 1000, porque el ingreso de los comités cívicos, algunos prefectos (gobernadores se diría en otras partes) y de personalidades destacadas del mundo del arte y la cultura, han hecho variar el peso de una huelga que empezamos los militantes y adherentes de Unidad Nacional hace un par de semanas.

600 personas en huelga de hambre, dispersas en piquetes en las iglesias y otras instituciones no es algo que se pueda disimular y menos acallar de un plumazo o con una pateadura popular organizada. Si se quiere reprimir se puede, pero sería necesario algo parecido a un estado de sitio, el fin de las garantías, las fuerzas represivas en las calles.

1000 personas en huelga de hambre son una piedra en el zapato de cualquier régimen. Con un poquito más de gente y menos de legitimidad, cayó la dictadura en 1977. Si una huelga de hambre sirvió para conquistar la democracia, que esta nueva huelga sirva para preservarla. Sse trata de aprender entre todos que la democracia es un sistema donde se debe respetar las leyes que están por encima de todos, incluido el gobierno. Y la ley acordada con el MAS cuando se convocó la Constituyente fue respetar una sabia mayoría del 66,66 %. Nadie puede desconocer ese acuerdo, y quien lo haga habrá matado la Constituyente, porque parte del país no reconocerá la nueva Ley.

Recordemos que la Constituyente se convocó bajo el espíritu de solucionar por la via pacífica la crisis de estado que nos agobia y que nos ha colocado en un momento de anomia social y muy cerca de la violencia y la guerra. Si no hay 2/3 seguirá la crisis de estado y continuaremos viviendo sin norma ni rumbo, por mucho que crean los que gobiernan ahora que una victoria electoral pueda superar tan profundo desconcierto.

Más allá de todo, la huelga de hambre, hoy ya con medio millar de ciudadanos, es una actitud de paz, de encuentro y concordia. No sé como acabará, pero está claro que una buena parte del país ha optado por demostrar que la democracia y la libertad son valores profundamente enraizados a nuestra historia y nuestra forma de vida. Ahora se trata de hacerla compatible con los reclamos justos y legítimos de igualdad social y justicia económica.

Será un largo camino, pero hemos echado a andar.