12 de mayo de 2007

PROBLEMAS CON LA ALTURA






Parte del problema que nos acosa a los bolivianos es un tema de la altura. Estoy indignado, pero ese no es el problema, porque últimamente me indigno diez veces al día.

 Un par de micrófonos al frente, alguna pregunta y ya, es suficiente para que la máxima autoridad del Estado se lance con afirmaciones que no tienen desperdicio para entender parte del problema. Justo ahora, cuando a los equipos mediáticos de Palacio les ha costado tanto meterlo en cintura, los entrelineados de Evo, cuando se sale del guión, son lo más importante del espectáculo.

Evo Morales afirma que los actuales miembros (magistrados) del Tribunal Constitucional de la Nación son personas interesadas (sic) en mantener a Bolivia en la pobreza y en evitar su desarrollo. La razón por la cual estos personajes están interesados en tan infame objetivo, es porque son parte de un cuoteo entre los viejos partidos, casi desaparecidos del mapa; el otro motivo que explica esta actitud contra la patria, es que son irremediablemente neoliberales, con lo cual está dicho todo.

Me preocupa poco que alguna gente pueda pensar y creer ese conjunto de sandeces, porque nadie nacido en esta noble tierra que yo conozca, ha demostrado tener un interés personal semejante. He conocido de todo en esta vida boliviana: tránsfugas, ladrones, incapaces y gente de peor calaña, como en cualquier parte del mundo o un poquito más, pero hasta los dictadores más duros o los neoliberales más puros, han tenido el interés de que esta patria progrese y que dejemos de ser tan pobres y tan mediocres. Otra cosa es que con dictaduras, a puro leyes del mercado o con el actual populismo nacionalista y étnico, no se llegue a ninguna parte.

De todo he escuchado sobre las personas que marcaron nuestra historia. De  Paz  Estenssoro se ha dicho de todo, o del dictador Banzer, pero nadie puede decir que tenían el interés de mantenernos en la pobreza. De Evo preveo un resultado bastante infortunado en términos de desarrollo económico, como sucede con los populismos en el mundo mundial (no conozco uno solo que haya logrado vencer la marginalidad ni la pobreza), pero y a pesar de ello, no puedo decir que los futuros fracasos se deban a un interés en los actuales gobernantes de mantenernos atrasados y pobres, aunque todo lo que hacen parece ir también en esa dirección.

Peor aún sería mentirle a la gente diciendo que se debieron a una malsana intención acunada en los recovecos de un espíritu resentido y odiador, que otros le atribuyen al Presidente. En vez de ello, bien haríamos haciendo comprender al pueblo que para llegar a ser algo o alguien en esta vida hasta a Evo le debe haber costado muchísimo esfuerzo y sacrificio, por lo que se debe aprender a respetar a los rectores, a los ministros o a los diputados, por el simple y maravilloso hecho de ser rectores, ministros o diputados, aquí o en cualquier lugar del mundo. Si no es así, ¿por qué tendríamos que respetar la investidura de Presidente, que es la que más debiera ennoblecernos entre todas?

Parte del problema es producto de la altura, lo que le hace decir al Presidente cosas que nos achican, nos disminuyen, nos achatan; que nos reflejan en el espejo de sus palabras como a personas obscuras, deshonestas y faltos de principios éticos. ¿Será que somos mayoritariamente así y no tenemos remedio? O será que para conseguir sus propios fines el Presidente puede decir de los magistrados, los rectores, los líderes sindicales, los empresarios, los periodistas, los prefectos y de todo aquel ciudadano que se cruce en su camino, lo que le dé la gana, para denostarlo, descalificarlo y rebajarlo en lo personal y en lo moral, de esa manera.

Pongamos que esa es la estrategia. Aceptemos que el actual sustento popular pasa por hacernos creer que todos somos una mierda, hasta los más destacados y sobresalientes bolivianos que llegaron donde llegaron por sus méritos, sus esfuerzos, su historia, su prestigio, su influencia, sus contactos o su dinero. Es una estrategia demasiado costosa para todos, porque nos deja así, como estoy mientras me leen, seguro de que no importa cuanto esfuerzo, cuanta sapiencia, cuanto ahorro, cuanto estudio o conocimiento, cuanta sagacidad o astucia, haya puesto cada quien en su camino; si haces algo que contradiga lo que piensa el Evo, quedaras reducido públicamente a pobre sátrapa interesado personalmente en la destrucción y el atraso de la nación.



Puede ser fruto de la ignorancia (como decía mi abuela eso de “la ignorancia es atrevida”) pero semejante cinismo o semejante bajeza en la cabeza del Estado dicen muy mal de Bolivia y de los bolivianos, y de nuestra dignidad personal y autoestima. Algo está pasando en demasía, a estas alturas podemos estar seguros.


Y no se cura con sorojchipils.