22 de junio de 2007

CARTA DEMOCRATICA

COLECTIVO SI_BOLIVIA 


 UNA PLATAFORMA DEMOCRÁTICA EN RED 


25 Años después


CARTA DEMOCRÁTICA


MOVILIZACIÓN SOCIAL,  CÍVICA Y CIUDADANA POR LA DEMOCRACIA  







Hubo un 1982. Ese entonces, Bolivia inauguró la construcción de su Estado democrático moderno. No fue un regalo caído del cielo: fue la  voluntad popular de enfrentarse a la represión y persecución; fueron actos de entrega y de coraje, individuales y colectivos, que con sangre, dolor y luto, generaron heroicos episodios que culminaron en la recuperación democrática. Todo ello no se debe olvidar. El pueblo de Bolivia con enorme esfuerzo se trazó el camino democrático y  procura cimentarlo y ampliarlo de generación en generación. 

25 años después las condiciones políticas han cambiado. No así los ideales y compromisos; ellos nos obligan a desarrollar y cualificar un sistema político de convivencia, de respeto a la diversidad, y de garantías plenas para que el ciudadano pueda desarrollar su quehacer político. 
Este proceso democrático ha tenido y tiene sus luces y sus sombras. La construcción de un nuevo período democrático debe aumentar y profundizar las primeras y derrotar a las segundas. Hubo errores de concepción, prácticas ineficaces y corruptas, severas deformaciones y desviaciones, distribución prebendal del poder y de sus instituciones; como corolario, el sistema de partidos y la práctica política sufrieron descrédito y deslegitimación. Por ello es importante asumir el proceso crítica y autocríticamente; aprender de los errores del pasado es sentar las bases sólidas de la construcción del porvenir. No podemos dejar de reconocer que hoy vivimos un profundo proceso de cambios fundamentalmente inscrito por la visibilización y emergencia política de importantes sectores de la sociedad boliviana, antes excluidos.

Pero la historia nos enseña que no basta señalar rumbos y divulgar ideas para promover eficazmente el cambio deseado. Las voces aisladas y las advertencias lúcidas pueden indicar caminos, pero ello no es suficiente para lograr la democratización integral de la sociedad. Es necesario comprometerse en la acción. Es indispensable reunir la mayor fuerza social y ciudadana, para incidir en el curso de los acontecimientos.

Defendemos la Democracia, no como una ideología específica, sino como un sistema intemporal de valores, formas y  mecanismos reguladores del ejercicio del poder político. Como aquel espacio generoso y pacífico para resolver nuestras divergencias, entender nuestra diversidad, garantizar un horizonte plural, liberador y tolerante. Todo ello en procura de asumir la búsqueda permanente de equilibrios y  respuestas compartidas entre las múltiples tensiones que atraviesan la sociedad boliviana.

Valoramos la Política, porque mientras haya Estado, mientras persistan intereses comunes como contrapuestos, habrá política. Y mientras haya política habrá democracia. No obstante, estamos comprometidos con su regeneración, alejando las viejas y ruinosas prácticas; para privilegiar, mas bien, principios éticos y valores ciudadanos.


Somos partidarios del Cambio, certero, con rumbo, con  capacidad dinámica y eficiencia. No sólo a fin de  avanzar y superar cualitativamente etapas y estilos de ejercicio del poder, sino también para acumular los procesos virtuosos de construcción de institucionalidad y las posibilidades de desarrollo. Un cambio que no excluya a unos bolivianos a nombre de otros; que no apele al odio y a la venganza como argumento movilizador; que no enfrente a las regiones ni dirima preferencias con el simplismo racial; en suma, que no repita las deformaciones y errores de las actitudes políticas del pasado. La realidad nos ha demostrado que sólo con la unidad y concertación entre los actores involucrados podrá lograrse este insoslayable desafío.

Unamos esfuerzos y acciones para:




-           Reconocer las luchas y conquistas históricas en y desde la democracia. Buscando el equilibrio entre libertad, igualdad y solidaridad.

-           Construir un Estado capaz de interpretar y dar respuesta a la  Nación Unitaria y a las diversas nacionalidades y formas de ser y sentirse boliviano. Todo Estado tiene la obligación de interpretar y dar respuesta a las  múltiples expresiones de la diversidad étnica y cultural del país; además debe  conjugar los modos productivos y las construcciones económicas, en base a una estrategia integral que sin ignorar las particularidades, proyecte al país hacia etapas superiores de desarrollo y articulación con el mundo y su realidad contemporánea.

-           Derrotar a aquellas tendencias autoritarias que pongan en peligro la institucionalidad del Estado y la sociedad. Consecuentemente, debemos salvar la organización de una idea nacional, hoy tan urgente para la unidad entre los bolivianos.

-           Concretar la construcción de un Estado autonómico y solidario, desde los departamentos, que son los niveles medios destinados a promover el desarrollo regional, la competitividad y la lucha contra la concentración de la riqueza que se ha convertido en un obstáculo para el desarrollo nacional.

-           La naturaleza del progreso y del desarrollo, no puede estar basada en el carácter étnico-cultural de uno de los factores de la producción, sino  fundamentalmente en las potencialidades integrales, materiales, humanas y económicas de las regiones históricamente constituidas en departamentos, en torno a un Proyecto Nacional.

-           Ciudadanizar la práctica política como forma de avanzar en democracia. El ciudadano debe adquirir calidad de protagonista y sujeto político. La relación de éste con el Estado debe ser diáfana y directa, sin subordinaciones que busquen orientarla hacia estructuras corporativas y autoritarias.



-           Revertir relaciones de poder discriminatorias e injustas. Construir entre todos un Estado basado en un derecho moderno desligado de ataduras arcaicas y privilegios simbólicos. En este contexto, las historias parciales deben articularse con una visión intercultural a la historia común, colectiva, y multifacética de la bolivianidad. 

 -           Reivindicar la sabiduría tradicional de las comunidades originarias, sin que ello signifique rechazar el conocimiento universal y los logros institucionales y tecnológicos del mundo moderno. Lograr una articulación entre ambos para evitar que el país se encierre en una visión nostálgica del pasado, aislada del mundo.


-           Construir un sentido individual y colectivo del respeto al otro; de los deberes y derechos consustanciales al ejercicio de los Derechos Humanos, de equidad de género, de la seguridad jurídica, física y ciudadana.

-           Romper con los mitos y la retórica tradicional que hacen hábito en la política. Desplazar al conflicto como método; prescindir del expediente demagógico y la excitación estéril.

-           Superar las contradicciones polarizantes, aquellas que identifican al adversario político como a un “enemigo”, promoviendo su destrucción y debilitando la posibilidad de una construcción mancomunada con valores e intereses compartidos. Fomentar  un verdadero Encuentro Nacional, priorizando el dialogo y la concertación dentro de la sociedad.

-           Restablecer el valor de pacto social y político, del  diálogo y la concertación, como condiciones necesarias e imprescindibles para resolver la contradicción entre el impulso de la multitud y el poder de la institucionalidad, exacerbados por la extrema pobreza y las desigualdades existentes.


Ocho tareas urgentes:


 1.    Revalorizar al ser humano como centro ineludible de nuestra lucha democrática y construcción de futuro.

2.    Respetar los consensos logrados en la Asamblea Constituyente así como los resultados de los Referéndums Autonómicos Departamentales, vinculantes a la Asamblea Constituyente, por constituir una garantía de pluralidad y de su legitimidad democrática. Así como rechazamos cualquier intento de bloquear el desarrollo del proceso constituyente por razones sectarias o partidarias.

3.    Reivindicamos la unidad nacional por sobre todas las cosas, promoviendo un nuevo pacto, expresado en una auténtica convivencia intercultural que emerja del proceso. Por ello, el respeto a las diversas posiciones regionales, ciudadanas y políticas debe ser insoslayable regla de juego.

4.    Promover una economía nacional y popular, con el aprovechamiento sostenible de la riqueza y de los excedentes generados en los contextos económicos excepcionalmente favorables;  reservar un margen de los mismos para afrontar ciclos menos propicios; defender la justicia distributiva, para disminuir con firmeza y celeridad las irracionales cuanto marcadas diferencias entre sectores extremos de la población; y promover la revolución productiva impulsada por cientos de miles de emprendedores y agentes productivos.

5.    Ratificar la convicción de fortalecer, la permanencia del Estado nacional. La independencia de los Poderes del Estado es garantía democrática y de salud política, social y económica de la nación.

6.    Promover una política internacional independiente. En el marco del concepto moderno de soberanía, proponemos una Bolivia “no alineada ni alienada”. Política externa que tienda a proyectar una convivencia pacífica y amistosa con todos los pueblos y no convertirse en un espacio de disputa geopolítica ni reducto etnicista del subcontinente.

7.    Impulsar sin vacilaciones la institucionalidad y la neutralidad del organismo electoral. La transparencia de los procesos y mecanismos electorales es un patrimonio democrático del pueblo boliviano. Cualquier intento de  los gobiernos de turno de subordinación y control de la estructura electoral debe ser decididamente enfrentado.

8.    Defender la libertad de expresión y de prensa. Con el mismo ímpetu y por tratarse de una parte sustancial de las libertades democráticas.





Hoy, la situación democrática y política del país nos obliga a tomar decisiones. Dentro del proceso político, podríamos decir que nos encontramos en un momento fundamental de la democracia. No se trata de compartir ni defender el pasado, tampoco de oponerse por  reflejo a los necesarios vientos de cambio. No obstante, las condiciones actuales y el proyecto político en el poder, no garantizan un tránsito democrático para el cambio requerido; se apoya más bien en tendencias sectarias, fundamentalistas e ineficientes, que a nombre de una supuesta inclusión social se convierten en exclusión política, regional y ciudadana.


Por eso hablamos de un tercer momento de la democracia, síntesis de  anteriores contradicciones, entre la vieja política y el  actual sistema. El nuevo proyecto está en vías  de construcción. Por ello, como ciudadanos ─independientes o afiliados a distintas organizaciones políticas y sociales, o desde distintos espacios institucionales y regionales─ proclamamos nuestro ferviente apoyo a  la unidad y a la democracia, patrimonio de los sacrificios y luchas del pueblo boliviano. Así,  nos sumamos modesta pero firmemente a una mayoría de bolivianos que se resiste a dejarse arrastrar por el derrotismo, el enfrentamiento, la indiferencia, la perplejidad,  la adversidad o el fatalismo.


¡La unidad y la democracia son bandera de todos los bolivianos!


Santa Cruz de la Sierra, 16 de junio de 2007