6 de marzo de 2010

Al fin (ya era hora) alguien

Presidente Uribe


Los analistas y políticos en América Latina hemos coincidido en advertir desde hace un par de lustros, que una generación de mandatarios, con vocación de dictadores, encontraron la manera (barnizada de democracia) de perpetuarse, con el apoyo incondicional de una corte obsecuente, cuya vigencia política depende en exclusiva de la permanencia del caudillo en el poder, ya que de suyo propio no sirve para mucho. El neopopulismo (cuya vertiente boliviana es el etnonacionalismo) no tiene proyecto, sino la pura necesidad de seguir siendo poder, en beneficio de quienes lo componen: ¡una nueva nomenclatura en ciernes!

La izquierda latinoamericana no se destaca por democrática; hasta los años 80 ( demasiado corto para hacer historia) del siglo XX concebía la Democracia como un momento necesario en su camino al socialismo como realmente existió (la tiranía soviética de partido único). En los años 50 en Europa, la Internacional Socialista optó definitivamente por la Democracia como principio fundamental, tan importante, que se torna en el mecanismo sin el cual es imposible aspirar a la igualdad que se predica; allí nacen los lideres y gobiernos socialistas de Europa, que van a aportar al modelo social de mercado y construir el Estado del Bienestar.

A partir de los años setenta el socialismo democrático se abre camino en América Latina, cuando la Internacional deja su eurocentrismo (hasta entonces eran parte de la IS los partidos socialistas de Uruguay y Chile)  y se nutre con una importante cantidad de Movimientos de Liberación Nacional del Tercer Mundo, que la enriquecen, al mismo o tiempo que van adoptando los principios democráticos que se habían rechazado hasta ese momento. Oscar Arias Sánchez, José Francisco Peña Gomez, Carlos Andrés Perez, Jaime Paz Zamora, Alan García Perez, Fernando Henrique Cardoso, Ricardo Lagos,  y otros no menos importantes iniciarán la lista de nuevos demócratas del socialismo latinoamericano. Y allí quiero llegar:

La derecha ha ganado siempre en la discursividad democrática, aunque no haya dudado en recurrir a atroces dictaduras para defender sus intereses, allí donde estuvieran amenazados; pero para hablar, ni quien los gane. La izquierda perdió este debate, porque no era democrática, creía en eso de la “democracia burguesa” como algo intrínsicamente vinculado al desarrollo del capitalismo explotador; no podía dar batalla. Algo ha cambiado, ahora estamos en un momento decisivo de la histona del subcontinente y en la historia del socialismo latinoamericano: Estamos definiendo en la práctica muchas cosas; una de ellas es si nuestro socialismo será democrático o se tornará autoritario, y no será socialismo.

En este escenario hay que destacar y felicitar la decisión colombiana de no dar paso a un nuevo referéndum para permitir la reelección del Presidente Uribe, que sería repetir inconsecuentemente lo que ya hicieron Chavez o Evo Morales* y que se develó con visos de escándalo en Honduras. Ya está bien de estos caudillos barbaros que quieren mantener sus espurios privilegios de casta (una nomenclatura en ciernes) enroscada en estrafalario movimientismo político, sin organicidad, ni democracia, ni ley, y donde solo cuenta la voluntad del mandamás, que le viene muy bien en la cultura de caciques y machos fuertes que impregnó Latinoamérica desde siempre, pero que ha llegado a su límite y se debe cambiar. ¡Ahora!

Felicidades Presidente Uribe, que aunque Usted es de la pura derecha colombiana, debo reconocer el gesto, su altura y su grandeza. El no hacerlo nos habría confundido y puesto en el mismo saco a Usted, o a ejemplos como Michelle Bachelett, Tabaré Vázquez, Lula da Silva, con personajes de la calaña de Chavez, Ortega, Zelada y desgraciadamente Evo Morales. En cambio su renuncia a postularse nuevamente, sabiendo que ganaría sin discusión en Colombia, ayuda a aclarar el panorama, a saber quién es quien y de qué calidad política y humana, y que es lo que cada cual realmente persigue.

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Nota:
* También lo hicieron Uribe o Lula en su momento, pero dados los resultados y las previsibles consecuencias de volverlo a hacer para un tercer mandato, han decidido ambos dejar de lado semejante tentación, con lo que las democracias latinoamericanas cambiarían la "no reelección" por "una sola reelección, como en Estado Unidos de América.