31 de marzo de 2011

engañados... despechados

Si pasados cinco años de gestión, el Presidente del Directorio de un banco o una empresa cualquiera, el Director de una ONG, o el Rector de una universidad, nos viene con el cuento de que un colega, de una institución con la que se compite y con la cual no se ha tenido una buena relación, lo ha engañado, ensoñándolo con el reflejo de espejitos y baratijas, como solían hacer los conquistadores europeos con los incautos aborígenes del sur, lo mínimo que se puede decir de él es que no merecía ocupar la responsabilidad de Director y se le solicita la renuncia, o se lo despide ignominiosamente. También se puede decir, bajo la mesa, para no desprestigiar a la institución, que se trata de un perfecto imbécil por dejarse engañar así y durante tanto tiempo.

Lo que no imagina nadie, en el mundo moderno –racional y burocrático– es que el “haber sido engañado” sirva como argumento para seguir ejerciendo y seguir haciendo de las suyas, o que avive ánimos comprensivos y aliente simpatías. Pero así es el mundo de los colonizados, así es la cultura de la servidumbre, donde la incapacidad, la falta de idoneidad y la torpeza, suelen no verse o disculparse, fruto de la victimización, del otro estigmatizado de astuto, del otro artero, del otro malo; hoy sería del otro imperialista, neoliberal u oligarca.

Se deben estar contando chites en los pasillos de La Moneda (ahora que la derecha pura y dura habita en ellos), de los más grotescos y discriminadores, tan del primer mundo como se sienten los chilenos. Finalmente los afectados no son ellos, a los que les habrá entrado una nueva curiosidad antropológica por saber como funciona el "raciocinio" de los habitantes de pasada la cordillera, con quienes es tan divertido negociar alrededor de cosas que parecen serias. Los afectados somos nosotros, una vez más y de las peores, que quedamos pobretones, ignorantes e incapaces de construir confianza; en el ostracismo de la historia.