25 de noviembre de 2006

BOLIVIA ES MAS GRANDE QUE SUS DIFICULTADES

La Asamblea Constituyente está en peligro. El sistema de libertades democráticas está en peligro también. El intento autoritario y dogmático de imposición de un solo camino (trazado por un pequeño núcleo de poder inserto en el gobierno, cuya imposibilidad de concertar y respetar los compromisos, demuestra el limitado desarrollo de sus posibilidades políticas), pone en riesgo los resultados del esfuerzo nacional por superar la crisis de representación y gobernabilidad que arrastramos desde hace varios años. Si hace cinco lustros una huelga de hambre sirvió para conquistar y construir la democracia, que otra huelga de hambre sirva ahora para conservarla.


Bolivianas y bolivianos:

Para salvar y consolidar la democracia, Bolivia reclama nuevamente el favor de sus hijos, sin distinción de razas, credos, grados de instrucción, ni pertenencia cultural; porque en democracia y sólo en democracia, somos todos iguales. Concernidos con el destino de la nación queremos proclamar que Bolivia es más grande que sus tribulaciones, las que se presentan a veces como insalvables, pero que mañana serán briznas en el viento, frente a la voluntad irrenunciable de convivencia ciudadana, que no es otra cosa que la disposición democrática de encontrar un destino que nos sea común y que nos otorgue un principio, una vocación y un rol entre las naciones.

Nuestras diferencias han crecido y han dado paso al ímpetu de los excluidos, que han logrado una importante victoria electoral en democracia, por lo que sus justas demandas deben ser tomadas en cuenta y aceptadas, en nombre de la razón, del bien general y de la convivencia pacífica: ¡La nación clama por el cambio! La pobreza, la discriminación, la desigualdad y la injusticia, nos colocaron en el límite de lo tolerable, pero son también caldo de cultivo para la aparición de fanatismos e intolerancias de toda índole, que no podemos dejar pasar. Una de esas percepciones —actualmente en el gobierno— concibe este momento como un instante de ruptura revolucionaria y provoca condiciones de división y enfrentamientos permanentes, que ponen en peligro las relaciones básicas de solidaridad y confianza, imprescindibles para la unidad de la nación.

Si comparamos el país actual con el que les tocó vivir a nuestros abuelos, veremos cuanto se ha avanzado; no podemos desvalorizar los cambios en un Estado nacido en medio de la exclusión secante, el racismo, el machismo, el autoritarismo y otros resabios del pasado. En las últimas décadas hemos logrado apuntalar instituciones democráticas, estabilizar la economía, garantizar las libertades básicas y alcanzar un nivel mínimo de tolerancia entre las diversas razas y culturas que habitamos este suelo. Pero no fue suficiente, porque en el otro lado, donde habita la derecha conservadora, hay que vencer los complejos de una vieja elite enroscada en si misma que se opone a que cambie nada, bajo el imperio de intereses oligárquicos y una mentalidad falsamente aristocrática, que nos impiden avanzar a la velocidad que los tiempos demandan.

Carentes de proyecto nacional, acostumbrados durante siglo y medio a los golpes de Estado, a la incongruencia de las multitudes exaltadas, a la falta de partidos políticos, a la concurrencia no democrática de los movimientos sociales, a los cuartelazos y a la reiterada presencia de caudillos y dictadores, la Democracia es el gran logro de finales del siglo XX y principios del XXI. Solamente esas recientes instituciones de dialogo y convivencia, nos permitirán construir el futuro, libres de ilusorios “redentores” que siguen trayendo dolor, sangre y pobreza a nuestra historia. La comunidad nacional debe construirse a través del más moderno de nuestros logros: la vida en democracia y sin exclusiones; frente a ello, todo lo demás es pasajero.

Existen caminos bolivianos por los que pueden transcurrir nuestros pueblos y su soberanía democrática, para dotar a) al mercado de aquello que precisamente carece: solidaridad, equidad, redistribución, equilibrio y justicia social; b) al sistema político lo que aún le falta: eficiencia, representatividad, ciudadanía y participación; c) a la sociedad, la capacidad de convivir digna y solidariamente, fruto de una urgente reforma en el seno de nuestras culturas y costumbres predemocráticas; y d) para otorgarle al Estado un rol comprometido con el desarrollo integral en beneficio del pueblo y las mayorías, al mismo tiempo que e) el conjunto de nuestra sociedad se incorpore a los procesos mundiales del desarrollo, el conocimiento global y la modernidad.

Otros temas —que son parte de nuestras debilidades colectivas y que no han sido superados ni por este u otros gobiernos anteriores— también son ineludibles si queremos sobrevivir como nación y como sociedad: la corrupción, la mediocridad y la ignorancia, son asuntos que deben ser abordados con franqueza y valentía, dejando de lado hipocresías que nos impiden mirarnos a nosotros mismos y cambiar en consecuencia. Para salir adelante, para igualar a los pueblos que nos aventajan, asimilemos sus ejemplos: educación, educación, educación y más educación.

Convocamos a todos los ciudadanos y ciudadanas, a todas las instituciones de la democracia y a los partidos sin distinción, a abrazar estas causas ciudadanas, a recrear un compromiso político verdadero, sellado a fuego en nuestras mentes, nuestros corazones y nuestras obras, y a participar ahora para solucionar inteligentemente estos asuntos, y renacer, respetuosos e iguales los unos con los otros, hasta conquistar el futuro que merecemos todos.

En la ciudad de Nuestra Señora de La Paz, al 16 de Noviembre de 2006



Proclama presentada por el Piquete de huelga Nº 7, en la Iglesias de San Francisco, al iniciar la huelga de hambre el día viernes 17, y al concluirla el día de hoy, domingo 25 de noviembre de 2006. El original fue depositado en La Casa de la Libertad en Sucre y allí debiera conservarse.