12 de enero de 2007

SOLILOQUIO DE LUTO


Es media noche, duermen la televisión y las noticias. Mi mujer e hijos duermen también, angustiados.

Lacerante herida la que nos deja hoy y por mucho tiempo la violencia en Cochabamba. Ha transcurrido el día y hay muertos y heridos después de los enfrentamientos entre grupos urbanos contra campesinos, que han dejado salir ambos, desde lo más hondo, los rencores y frustraciones que nos recorren y nos atormentan a los bolivianos, y que este año se han exacerbado hasta límites inconcebibles.

Christian Urresti
MARTIR DE LA DEMOCRACIA

Que este momento de dolor y luto sirva para reflexionar sobre lo que se avecina en una sociedad que ha dejado de lado la su institucionalidad y carece de un sistema político de partidos que permita administrar sus contradicciones y sus conflictos. Esto es vivir sin un sistema de partidos políticos y en manos de de gremios y corporaciones. La percepción del bien general ha dejado de existir, dando paso a la interpretación egoísta del bien particular, que expresan los organismos corporativos.

Estamos de retorno a lo tradicional. Lo tradicional se encunó en el seno de lo supuestamente novedoso, cuando se fracturó el sistema. Pasados los años habrá que registrar que no existieron partidos tradicionales, como se dice, sino que la novedad en Bolivia fue la existencia de un sistema de partidos que permitió la creación y vigencia de instituciones con tinte de modernidad. Ahora estamos nuevamente inmersos en la tradición del golpe, la asonada, el levantamiento, la muchedumbre y la violencia.

No quiero con esto reivindicar lo que los partidos políticos hicieron para mal de todos y en beneficio propio y de muchos de sus peores dirigentes, pero quiero recordar que tuve la oportunidad de vivir veinte años de pactos, acuerdos y consensos, que de no haberse mal utilizado, como sucedió, pudieron habernos dejado la herencia de un país posible, ya que hubieron gobiernos sin un solo muerto, sin represión inútil, cuando no tuvimos que enfrentarnos, palos y piedras de por medio, para solucionar nuestros problemas.

Quiero rescatar, para no olvidar en nuestras intervenciones en la vida pública, las próximas semanas y meses, que serán muy difíciles y duros, que 25 años de democracia han creado importantes espacios ciudadanos, sobre todo en nuestras ciudades (transculturales y mestizas), donde la comprensión y la defensa de los derechos humanos y civiles han echado raíces, que crecen inexorablemente para abrir las puertas de la historia y del futuro, cuando vuelva la tranquilidad y cese esta ceguera. Cuando eso suceda, habrá que recomenzar la tarea inacabable de reconstruir la institucionalidad democrática y un nuevo sistema de partidos que permita su funcionamiento, y nos devuelva la noción del bien general como mecanismo de acción en la política.

Mientras tanto que nos trague la tormenta, que es también, aunque la peor manera de aprender. Ya sucedió en Huanuni, como hoy, el Presidente de viaje en el aeroplano presidencial venezolano, con el Vice en funciones ad ínterin, cuando se supo lo que iba a suceder y no se hizo nada, hasta que la tragedia, la sangre y la muerte presentaron sus rostros horrorosos. Ahora es Cochabamba, donde todos sabíamos y decíamos desde hace días lo que iba a suceder y tampoco se hizo nada.

Para que quede en la historia, solo resta decir que si hoy, esta misma noche, no se interviene y se detiene la violencia desde el gobierno nacional, utilizando los mecanismos estatales con que se dispone, y no se declara un estado de excepción, toque de queda incluido, que suspenda las convocatorias a cabildos, marchas y contramarchas, la incursión campesina a las ciudades, los bloqueos en los caminos y demás formas de agresión, casi todo estará perdido. Eso solo puede hacerlo el gobierno, porque solo el gobierno cuenta con los mecanismos para ello; mantenerse encaprichado en la retórica, las acusaciones, la búsqueda de infinitos culpables a los que se les exige cambiar de actitud y disculparse en medio del huracán, es eludir la responsabilidad central de gobernar, lo que será la razón para que la violencia se reproduzca, crezca y nos haga pedazos.

La historia no nos absolverá.