27 de octubre de 2007

Requiem



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Requiem aeternam dona eis, domine et lux perpetua luceat eis. Mientras la Presidenta de la Constituyente cumple el encargo de ir a buscar un hostal (hospital sería más util) en Oruro para la Asamblea, podríamos escuchar el de Mozart, o cualquier otro réquiem que realce la trascendencia del momento; silenciosos, compungidos, como corresponde en un velorio a los deudos, que somos muchos esta vez. La ciudadanía y el pueblo (que somos los mismos, vistos desde ángulos diferentes) caminaremos juntos en las filas de este entierro, superando por un momento el clivaje que nos escindió de mala manera, entre lo popular y lo ciudadano; por la brecha abierta se chorreó la Asamblea poco a poco (esperemos no le sigan la democracia y el régimen de libertades básicas) y allí esta hoy, buscando cobijo, tocando la puerta de algún teatro, que debe haber, para poder sentarse un rato, a ver si los oligarcas dejan sesionar cumpliendo a rajatabla los caprichos del autócrata que, según sus muchos seguidores, es un indígena que rige por primera vez los destinos de una nación americana y es la esperanza de todos los indígenas del planeta tierra, habidos y por haber.



Pero quienes vayan a esa cita descarriada serán solo los unos, para aprobar un texto a su sabor y a su medida, gracias a esmirriadas mayorías que se construyen acarreando a los más, comprando a los menos, amenazando a pocos; los otros se quedarán en sus departamentos, o podrán ir a Sucre a intentar una locura paralela. De allí en más, que se pronuncien a gritos los departamentos, las provincias, lo cantones, las juntas de vecinos, los movimientos sociales, las asociaciones formales e informales, los clubes, reconociendo unos y desconociendo lo otros, cualquier cosa que se diga o se apruebe. Agárrese bien quien pueda, para sobrevivir lo que se viene.



Habrá que buscar otras formas y métodos para hacer bien lo que bien debía hacerse; tal vez sea bueno recurrir a la gente que sabe de su oficio. Mientras tanto viviremos días de convulsión, desencuentros múltiples, enfrentamientos vanos, ya que no hay quienes (liderazgos) ni donde (espacio institucional) para encarar con idoneidad los desafíos del momento postergado. Habrá que tocar fondo para darnos cuenta de la necesidad de un pacto abierto, pluralista y democrático, que permita acordar las reglas del juego y alcanzar el rediseño de un Estado necesario. Como ilustra el genial Waltico Guevara Anaya, ahora le toca a cada quien a buscar y acomodar su propia silla sobre la cubierta del Titanic.



Lo que le correspondía al MAS y al Presidente Morales ya está hecho (misión cumplida) y no tiene retorno: los marginados de la tierra, los más pobres, los indios excluidos del altiplano y de las selvas, ahora son parte imprescindible del futuro a construirse y de los gobiernos a instalarse en la Bolivia que viene. Al fin podremos construir Bolivia, porque una nación-estado no puede hacerse con un tercio de la población fuera del proyecto. Esa era la tarea pendiente y se ha logrado en democracia, aunque la violencia política será más que inevitable los próximos meses, en una sociedad desagregada, atomizada y confundida, sin liderazgos nacionales que nos unan y sin discursos cuyos valores compartamos y que nos guíen hasta consolidar el encuentro. Se trata entonces de imaginar, proponer y construir ese encuentro, esos equilibrios, que no podrán hacerse desde los bordes del círculo o desde los extremos, porque solo será posible si reconstruimos el centro y desde el centro, que es el lugar en el que podemos convergir todos.



Lo demás es puro cuento, así parezca fácil colocarse en las aristas de uno u otro costado y propinar porrazos a nuestra diestra y siniestra, pareciéndonos cada vez más a una caterva de macacos ciegos. Es desde el centro muchachos. El futuro es desde el centro, o no habrá futuro.