2 de noviembre de 2007

CULTURAS

El 2 de noviembre es el día de Los Difuntos, no hay que confundirlo con el 1º, que es el día de Todos los Santos. Diferenciarlos es difícil porque ya no existe una sociedad militante de los rituales traídos por nuestros abuelos españoles, quienes instalaron estas festividades hace chiquicientos años en el continente americano. Peor aún, antecediendo ambos días está la noche de Halloween, la fiesta de los druidas celtas, que llegó desde Estados Unidos de Norteamérica, ataviada a la boliviana con disfraces de esqueletos mexicanos, de manos de la denostada globalización. Otras variantes: la pervivencia de perdidos rasgos de tradiciones andinas o amazónicas a un lado y otro del país, que han de tener (si de buscar se trata) elementos que nos remitan a sus antiquísimos orígenes asiáticos, traídos por los primeros habitantes de nuestras américas, que en Bolivia gustan llamarse originarios. Otras variantes más: ritos y festejos de otras culturas asentadas en estos territorios, léase descendientes japoneses, menonitas, árabes y más.



En estos fines de semana largos es costumbre instalar la reiterada discusión sobre lo que es nuestro (verdadero) y lo que es importado (alienante), poniendo a pelear las tantahuahuas contra las calabazas, los disfraces de diabólicas brujas y la visita tradicional a los cementerios. Por ejemplo, algunos cultos cristianos, criticando las tradiciones católicas (que ahora resultan ser "las nuestras") porque hacen culto de la muerte. Tenemos un cacao mental al respecto; nadie sabe bien lo que practica ni por qué, lo que dice, lo que defiende y menos aún lo que disfruta con convencimiento de que es parte de su tradición.


Lo que a mi me queda claro es que en este lío no hay nada de primigenio puro u originario; como dicen bien "Mujeres Creando": “aquí lo único originario son las papas”.


Una periodista en la Tv observaba enfática y fanáticamente, que los chicos de El Alto practican las tradiciones indoamericanas, mientras que los de Calacoto las anglosajonas (como decir los de la Villa 1º de Mayo y los de Equipetrol en Santa Cruz, imagino), lo que les otorgaba cualidades de verdadero o alienante según su hábitat geográfico. Eso no es ninguna razón para validar o no un rasgo cultural, porque los chicos del El Alto bailan rap y hip-hop que viene de lejos, mientras que los de Calacoto se dedican a las morenadas y los caporales que son sincréticos y nuestros, como lo son el Strongest, Blooming o Wilsterman, a pesar de sus nombres tan aymaras o castellanos.

Parte de la pelea es derrotar a los que creen que solo lo suyo tiene validez, mientras que lo de los demás no merece respeto. Somos tan variados y nos hemos mezclado tanto, que parecemos una sociedad del actual siglo XXI en la que no terminamos de reconocernos; hay distancia cultural de una esquina a la otra, entre barrios, entre ciudades. En eso consiste la riqueza del mundo global, en que te toca un chino de vecino, que te hace una fiesta asiatica disfrazado de dragón, y al mes siguiente los ves saltando junto a su comparsa en el carnaval cruceño.

Bon Odori, la fiesta japonesa de los muertos que se celebra en Santa Cruz de la Sierra

La riqueza de las culturas está en su capacidad de recepción, de intercambio, de conexión con los otros; sino miremos Nueva York, Madrid, Buenos Aires o el Cuzco –capital del viejo imperio de acá–. La defensa de la cultura de cada quien no pasa por pelear en la UNESCO una declaratoria de patrimonio intangible, o la declaración de uno o varios parlamentos sobre si el charango nació en las alturas y es nuestro (que también tiene que hacerse); la defensa de la cultura pasa por producir cultura, por innovar, por expandir lo que nos es propio y llevarlo lejos (el Internet es un arma digital cargada de futuro) y saber apropiarse de lo que viene desde lejos en beneficio propio.

Podemos ser nosotros mismos, haciendo rezar la mesa en el Cementerio Central, o disfrazados de calavera en la Casa del Terror que promocionan los supermercados Ketal para vender sus calabazas. ¡Sin complejos! ¿Cual es el problema?