17 de noviembre de 2007

¿Donde más?


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Normalmente (hasta hoy, cuando empiezan los sistemas horizontales en red) las burocracias se han organizado piramidalmente, de manera que siempre hay alguien por encima, con más decisión y poder, que puede revocar un error y enmendarlo.



Escalando en busca de soluciones, lo de la Suprapartidaria fue una buena iniciativa y hay que felicitar a Guido Riveros de la fBDM porque fue en sus oficinas donde se inició. En la democracia de los últimos 25 años se han dado formulas similares; el adelanto de las elecciones del año 1985, se hizo en una cumbre de partidos, donde los “jefes” decidieron por encima de la Ley y del Congreso una solución al desgobierno. Otro momento fue el de los acuerdos para la reforma constitucional, en la Cumbre de Jefes de Partidos el año 1992 en Palacio de Gobierno.



Lo novedoso es que este intento cumbre fue un fracaso, que no sirvió para nada, habiéndose llegado a lo más alto de entre todo a lo que se pudo recurrir, inclusive por encima de lo permisible, incluso sobrevolando el límite de la débil institucionalidad de aún sujeta el armazón del viejo Estado. Después de esto la nada, el vacio. Quedan la broma, o el sainete.



Alguien propone que lo que quede de la Asamblea se traslade a sesionar en el Palacio de La Glorieta, al amparo y bajo la protección del Ejército Nacional. Ese es el sainete: la nueva Constitución popular, indígena y descolonizadora se aprueba en los salones de la única Princesa que vivió en la Real Audiencia de Charcas, Dña. Romualda Clotilde Urioste Velasco y Revilla de Argandoña, al amparo de los cañones que apuntan al pueblo que protesta, apostado alrededor de los linderos del predio señorial, convertido hoy en un cuartel, sede del Liceo Militar.



Tampoco gusto de la broma: reunidos en cualquier lugar, resuelven el problema el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, el Presidente de la Asamblea Episcopal y el más importante de entre todos los Ponchos Rojos, mientras esperan la aquiescencia de algún otro embajador que retorna a ser protagonista de la escena.