12 de noviembre de 2007

Falta un mes


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Queda solamente un mes para el 14 de diciembre, día que señalará el fatídico final de la Asamblea Constituyente, a menos que el Parlamento Nacional decida una nueva ley excepcional que la postergue, la traslade, o le amplíe el tiempo de vida (cosas que muchos tomarían como una broma de mal gusto); en fin, que haga algo con ella para que no se muera tan sola y desprestigiada como ahora. Todo lo demás es un cuento chino, porque dará paso al desconocimiento, la resistencia civil, el no acatamiento.



Lo que se haga al margen de la ley y de lo concertado hasta el momento, será parte de mayor división de este nuestro país y le otorgará rango de legitimidad social a la ruptura, que podrá durar muchos años y estar a la base de enfrentamientos cruentos, o del crecimientos de los discursos racistas y excluyentes de uno y otro lado. Si un incompleto MAS se va a Oruro (por decir algo) a aprobar su constitución, o si las otras representaciones se quedan en Sucre y deciden (para compensar) aprobar la suya, ambas quedarán plantadas como estandartes de guerra.



Sumemos otra parte del decorado, que es la ineficiencia gubernamental, no solo para gestionar la cosa pública, lo que podría dejarnos sin energía, sin carreteras mantenidas, sin rumbo en la educación, con las casas a medio construir en los planes de vivienda y un largo etcétera, sino para resolver los temas puntuales que llevan a la confrontación y que se agudizan todos los días en pequeños poblados, alrededor de las tierras o en los barrios de las ciudades; que son enfrentamiento de pueblo contra pueblo, no un problema de oligarcas y revolucionarios.



Más la inflación, que no tiene solución y que crecerá este año al 12 o 14 por ciento y el próximo podría alcanzar un 30 % focalizado en artículos de primera necesidad que pueden volverse inalcanzables para una buena mayoría de la población (justamente los que con mayor cariño y esperanza votaron por Evo); la inflación puede dar al traste con los planes de cualquier gobierno y este no es la excepción. Tampoco lo es con la corrupción, el nepotismo y el prebendalismo, en los que, tan solo en dos años de gobierno,  se han logrado niveles destacables, ya que abundan las denuncias y contradenuncias todos los días y donde uno pone el dedo salta la pus.



El año 2008 la mesa de la refriega puede estar servida, si no hacemos algo y pronto. Como coincidía con unos amigos constituyentes de caras largas con los que me encontré este fin de semana: cualquier resquicio para el dialogo hay que aprovecharlo de la mejor manera; lo que nos les dije, para no contrariar el poco ánimo que les queda, es que no tengo ya esperanzas, porque una de las partes sigue comprometiéndose a cosas que no cumplirá jamás. Y hay aún quienes les creen.



Hacer algo no pasa solo por el dialogo, hay que organizar un dique de contención para que el hundimiento no nos arrastre a todos, y preparar la alternativa de la reconstrucción, para cuando esto acabe derrumbado. Otra vez desde las ruinas, a gatas, como cada treinta años, en esta Bolivia que no termina de aprender a caminar.