25 de mayo de 2008

LA REALIDAD DE NUEVO

El 25 de mayo, en Sucre, nos devolvió a la realidad. Estábamos como encantados, especulando los resultados del Referéndum Revocatorio y las consecuencias que traerían, cuando los universitarios sucrenses y los campesinos de alrededor se agarraron a insultos, golpes, vejaciones y pedradas, de una manera injustificable, condenable a todas luces y se mire desde donde se mire. Pero nos hizo volver a la realidad.

Es la segunda vez en el año en que los pobladores de una ciudad hacen escapar a los militares y policías que pretendían contenerlos; esta vez obligándolos a llevar las banderas de la región, que son banderas de la oposición al gobierno central. Un gobierno atrapado ente la imposibilidad de frenar el conflicto, porque culturalmente no conoce otra manera de enfrentarlo, sino bajo el influjo de las muchedumbres, que pretende utilizar y trasladar de un lugar a otro; el resultado es incierto, puede favorecerles a veces y otras tantas resultarles contraproducente, pero es violento en todos los casos; ya tiene una historia plagada de muertos. Corresponde que los campesinos empiecen a preguntarse el por qué de tanto acarreo, de una ciudad a otra, de un centro minero a un campo petrolero, de allí a las puertas del Tribunal Constitucional que era, o a bloquear el Parlamento.

Por debajo de los votos y los discursos, corre ríos de incomprensiones, malos entendidos, desprecio y hasta de odio, entre unos y otros sectores de nuestra sociedad. Es cierto que vienen desde lejos en la historia, pero han bastado dos años y medio de un gobierno decidido a exacerbarlos, para estar los unos contra los otros, de una manera casi irreconciliable.

Lo que hicieron los nobles y cultos ciudadanos de la capital con el alcalde de Mojocoya y sus acompañantes campesinos fue humillante. Dejó claro atavismos, complejos, prejuicios y racismos soterrados, que están ahora a flor de pie, listos para brotar a golpes apenas se tenga la oportunidad. Pero imaginémonos por un momento la historia al revés, la alcaldesa de Sucre, cercada por los lugareños en Mojocoya, y lo que nos mostrará la imaginación, sin mucho esfuerzo, son escenas similares o peores, execrables por igual.

Es nuestra champa guerra sin acabar. Me recuerda historias del renacimiento europeo, cuando las ciudades se defendían de la invasión de las huestes campesinas enviadas por los señores feudales de alrededor, hartos del crecimiento de otras formas de vida, diferentes y peligrosas para sus intereses y costumbres, afectados severamente por la apertura del comercio entre los mares y porlos nuevos caminos, que empezaban por llegar a los lugares recónditos, mostrando que el mundo era algo más grande que las pequeñas parcelas de cultivo, en las que se vivía entonces, apenas al ras de la sobrevivencia. A la inversa, la invasión de los campos desde las ciudades, con sus secuelas de horror y muerte, en nombre del nuevo mundo que terminaron por imponer y construir desde los burgos.

El Presidente Morales no gobierna en cinco departamentos del país, y es incapaz de encontrar un camino que nos permita la reconciliación. Reaccionar suspendiendo los programas y proyectos gubernamentales, confiscando partes del presupuesto, vengándose como acto reflejo, es infantil, por decir lo menos. Reducido al gobierno a una parte del país y habiendo perdido la credibilidad en sus palabras e intenciones, no puede ser pilar del dialogo y la concertación entre intereses y visiones dispares. Basta anunciar que el Presidente quiere visitar un lugar, para que allí se arme la gresca y no lo dejen entrar a veces, como en Sucre. Definitivamente el gobierno Morales es parte del problema.

La sociedad boliviana debe comprender que ha llegado al límite y buscar y encontrar nuevas respuestas. Nuevos actores, capaces de producir un proyecto entre todos, que nos englobe y represente a cada uno, que nos permita conversar, que nos devuelva el respeto y la autoridad; a cada uno de los bandos en conflicto por igual.

Es muy difícil, porque habría que retroceder lo andado, desconocer los unos su proyecto de constitución, olvidar los otros sus estatutos autonómicos impracticables, para poner un ejemplo. Pero ninguno puede poder, ninguno puede darse el lujo de ceder, porque quien ceda y retroceda se derrumba. Al margen de la pelea, se trata de participar serenamente en el conflicto, sin dejar de tomar partido por lo que cada cual cree y sustenta, pero construyendo puentes en medio de la tormenta. Hay que apoyar y fortalecer todo intento de construir puentes, por muy pequeño que sea, y venga de quienes vengan.

La historia no concluye mañana y dará tiempo para aproximar el desastre o encontrar formulas alternativas que permitan así sean pequeños acuerdos, hasta empezar a caminar por esta vía, que debe ser considerada como la única posible. Si ni el Presidente, ni el Congreso Nacional, ni los prefectos departamentales, ni la santísima iglesia católica y apostólica, pueden mediar un encuentro (las cámaras de la tele están detrás, por supuesto), se puede intentar en pequeño, por uno y otro lado, entre instituciones y grupos menos visibles.

Pienso ahora en como se está tratando de construir una salida para Cuba, por ejemplo: no habrá transición pacífica en ese país, si se fortalecen los actores más duros del exilio en Miami, frente a los más duros del gobierno en la isla; la otraposibilidad es un acuerdo entre los moderados del exilio y la disidencia interna, la construcción de un renovado Bloque de Poder. De manera similar, no habrá solución si quienes se fortalecen en Bolivia son la pura y dura derecha que expresan algunos movimientos regionales, frente a los duros del nacionalismo étnico encumbrados eventualmente en el gobierno nacional.

A ambos lados, entre los contendores, estamos los moderados. Formamos parte de quienes en las regiones critican los contenidos y las expresiones ideológicas del autonomismo a ultranza, sin dejar de lado el claro compromiso con el cambio que promete la Bolivia de las Autonomías, junto a quienes reivindican como suyos los principios y demandas de participación e inclusión de los sectores indígenas, empobrecidos y marginados. Se trata de una porción importantísima de la población nacional, los ciudadanos mestizos, transculturalizados, de clases medias, abiertos a la modernidad, genionamente democráticos. El encuentro positivo entre los descontentos de un lado y los descontentos del otro, permitirá la construcción de un nuevo paradigma nacional para el dialogo.

El encuentro de los discursos que exigen participación, vigencia de derechos, justicia social, igualdad y equidad, junto a los que propugnan la libertad de expresión y comercio, la eficiencia, el gobierno de las instituciones y las leyes, podrán articular un discurso para todos. Un Bloque de Poder Alternativo, entre los descontentos que suben y los descontentos que bajan, permitirá el reencuentro de la nación con sus raíces y su identidad, sin perder la oportunidad de abrir al mundo las antenas de la modernidad.