20 de junio de 2008

Garabatos



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El Presidente de Bolivia no pudo aterrizar en la Capital, porque los habitantes de la ciudad de Sucre rodearon el aeropuerto y el estadio para evitar su presencia. El Presidente de la República no pudo llegar a Pailas ni a Pailón en Santa Cruz de la Sierra, mientras simpatizantes de uno y otro lado se golpeaban a palos. Evo Morales tuvo que recibir al Presidente del Paraguay en un cuartel militar en San Andita, porque le fue imposible hacerlo en la ciudad de Villamontes, como estaba programado. El Presidente de la República suspendió su viaje a Tarija porque los tarijeños le prohibieron la entrada, por segunda vez.


Por razones de formación personal, de historia de vida y de experiencia política y sindical, el Presidente Morales no es una persona con valores ni hábitos democráticos; comprende el mundo y el poder de una manera distinta. Fruto de ello (gobernar de manera autoritaria, central y verticalmente, sobre un sistema de instituciones democráticas) es lo que se ha hecho: un garabato. ¿Cómo, en medio de un traumático proceso de descentralización autonómica, se propone un modelo económico de crecimiento y desarrollo donde el único actor es el Estado Central? ¿Y la propuesta de Constitución nacida al amparo del refugio de los cuarteles y teñida de sangre, sin la participación de medio país? Son ejemplos de garabatos.



Nadie sabe cómo se sentirá el Presidente (se comenta que ya es difícil trabajar cerca suyo y que los síntomas paranoicos son casi inocultables) ante gestos de rechazo tan agraviantes, en tantas partes del país. Es paradógico que un gobierno popular, favorable a los pobres, comprometido con los indígenas, no pueda conducir un acto, realizar una reunión, encabezar un desfile, sin correr el riesgo de las silbatinas, los insultos y las agresiones de la gente del lugar.



Otras veces he visto como los dirigentes políticos se exculpan de las expresiones de rechazo, acusando a sus adversarios de organizarlas. Pero es imposible tapar el sol con un dedo, porque la luz rebalsa, como rebalsa el pueblo y la ciudadanía sobre los costados del tapón etnonacionalista que se pretende forzar. Alguito malo deben estar haciendo para haber agotado la legitimidad que les otorgamos en las urnas para gobernar, va a ser hace tres años.



Como decía Felipe Gonzales Márquez en La Paz, durante su última visita a Bolivia, la legitimidad de un gobierno tiene dos fuentes: una de ellas es fruto de la victoria electoral, la segunda es la gestión de gobierno. Algo debe de andar mal con la segunda, para que el Presidente tenga que vivir encerrado en Palacio y no poder caminar tranquilo ni por las calles de La Paz.



Debiéramos sosegarnos, dejar que termine su mandato, como dice la ley y el sentido común; otorgarle el tiempo para que rectificar lo mal andado. Pero no. Él mismo se empeña en referéndums como el revocatorio, cuando no tenemos la capacidad institucional ni la madurés política para administrar la democracia directa y sus instrumentos. Somos un país en el que los maestros piden no adelantar las vacaciones para poder hacer su huelga, o donde los mineros se quejan de no poder bloquear los caminos como resolvieron en la asamblea, porque otro sector se adelantó y ya los están bloqueando.





¿Alguien cree que si Evo pierde en un solo departamento de los autonómicos, así gane en la nación, los ciudadanos de ese departamento van a acatar el resultado, en las actuales circunstancias? ¿Si pierde en seis departamentos y gana solo en tres?



¿Alguien cree que en las actuales circunstancias, que si Evo pierde en el resultado nacional con un porcentaje relativo menor al 46% (lo que es probable, dado el descontento creciente en las ciudades), porque el voto ciudadano por el NO sea menor al número absoluto exigido por esta desquiciada convocatoria, abandonará el poder y se irá —como él dice— a cultivar coca en el Chapare? ¿O será el momento de reiterar, como ahora él y sus ministros cada día, que solo muerto habrán de sacarlo de Palacio?



¿A quien se le ocurrió esa tontería de sacarlo de Palacio, victimizándolo, para que luego digan que la oligarquía blanca no lo dejó gobernar en este país de minorías racistas, cuando todos somos tan o más indios que Su Excelencia? De haber racismo, lo hay, pero bien distribuido entre todos, incluido el Primer Mandatario.



¿No dirán los perdidosos que con la actual Corte Electoral no hay referéndum que valga? ¿No se repite agritos que son demasiados los incritos, los carnets de identidad, los certificados de nacimiento regalados? ¿Nos acordamos de los cubano-venezolanos digitalizando en las noches las fichas personales de todos y cada uno de los bolivianos, sin permiso de la policía? ¿Entre acusaciones y contraacusaciones de fraude, no condicionarán los unos que para cumplir con los resultados, antes deberán hacerlo también los otros, con lo cual el referéndum será nada más que una carísima encuesta que terminará desportillándonos a todos?



¡El referéndum revocatorio es un garabato!



Si los que ganan pierden y los que pierden ganan, nadie va a hacer caso de los resultados. ¿Y el país? ¿Cuál país? En concordancia con quienes lo conducen terminará convertido en otro garabato.