6 de agosto de 2008

183


Pocos aniversarios trágicos y tristes como el de hoy, creo que con los muertos 44 y 45 de la serie Morales; con medio país paralizado y las hordas de unos y otros en las calles, amenazándose.



El Presidente no pudo llegar a Sucre, ni a Santa Cruz. Tampoco a Tarija que obligó a tres mandatarios a suspender sus viajes, para vergüenza nuestra, porque no vimos cosa semejante, ni aquí, ni entre nuestros vecinos. Los presidentes democráticos no venían antes, porque Bolivia era un lugar de caudillos y tiranos impresentables; ahora no vienen, porque no les queremos dejar entrar en nombre de la defensa de la democracia. Autorización y Visa para el Presidente Chávez, la otorgan los lugareños del sitio a visitar.



Estamos como somos, como siempre fuimos. Un país dividido, fraccionado en bandos incapaces de construir un proyecto que abarque al otro y lo incluya en su desarrollo. Los pasados 25 años de democracia fueron una primavera  que rompió la tradición invernal de los caudillos bárbaros, como les denominaron a los del siglo pasado y que, como si no hubiera pasado un siglo, volvemos a repetir para sorpresa y recreación de las naciones, en la era del conocimiento y la globalización. Lo dicen ya sin remilgos ni complacencias los periódicos populares en Europa, o más cerca, Evo es eso, un personaje de entre las historias contemporáneas de la barbarie.



No digo que el proceso que estamos viviendo sea inútil, es más, de repente es como debe ser: lo que Bolivia necesita vivir. No les podemos pedir a los hijos de la discriminación, la marginación, el abuso y la explotación, que actúen como caballeros ingleses a la hora de su empoderamiento. Pero tampoco podemos justificar o disculpar sin críticas, mediante un paternalismo decadente, este su actuar premoderno, predemocrático, como hace 1000 años, en el medioevo.



¡Y pensar que todavía hay quienes hablan de los partidos y las instituciones tradicionales, para referirse peyorativamente a las organizaciones que le dieron al país 25 años de institucionalidad, dialogo, seguridad y confianza! No hago apología de aquello que estuvo mal hecho, como la imposición sin resistencia interna del ajuste estructural del llamado modelo neoliberal, o la repartija del excedente económico entre unas pocas familias, dejando al margen a una importante parte del país; no, eso hay que reconocerlo, criticarlo y recordarlo siempre, para que no vuelva a suceder; para que el futuro sea diferente, cuando esto se acabe.



Lo que hago aquí es recordar las innovaciones logradas en el país en cuanto a la construcción de instituciones democráticas y a su funcionamiento, lo que me lleva a afirmar que los bolivianos tenemos la capacidad de hacerlo y de mantenerlo, si nos lo proponemos sinceramente. Ahora que hemos vuelto a lo más tradicional de nuestras tradiciones y estamos convirtiendo el país en un garabato político, es tiempo de recordar lo más innovador de los últimos 50 años, o más aún, desde la Guerra del Chaco: los Partidos Políticos. Sin partidos políticos no hay sistema democrático, sino esta melcocha movediza, a cuya cabeza pululan los de la fuerza bruta y sus multitudes.




Entre lo movedizo de las arenas pantanosas a uno y otro lado, donde las minorías eficaces siembran el desconcierto y la violencia, defendiendo sus pequeños intereses, tendrán que nacer los nuevos liderazgos. Nuestro deber es que se constituyan en referentes organizados como partidos (se llamen lo que se llamen), para aspirar otra vez, a la seguridad, el dialogo, la participación, el imperio de la ley y la igualdad entre los bolivianos. Socialismo si (¿por qué no?), pero moderno, incluyente, en libertad, abierto a la riqueza del mercado.



Que el Referéndum del domingo que viene nos encuentre a todos confesados.