11 de junio de 2009

La confianza electoral



Lo llenó de elogios diciendo que era el non plus ultra en la experiencia mexicana reciente de creación de confianza politica, trascendiendo años de un país priista, de partido único, a una democracia pluralista y multipartidaria. Fue en la presentación de José Woldenberg, quien --si se mira en Wikipedia-- tiene un recorrido respetable, cuando Yoriko Yasukawa, Representante Residente del PNUD en Bolivia, habló de la necesidad de generar confianza entre los actores y las instituciones políticas, como base imprescindible de sustentación de la democracia.


El propio Woldenberg tuvo una participación magnífica, concisa y puntual, sin recovecos por suerte, explicando la rica experiencia mexicana, de cómo se puede lograr pasar del descrédito de las instituciones electorales a una situación de estabilidad, porque ahora los mexicanos confían en la transparencia, la neutralidad y la seriedad de la administración de los resultados electorales en ese enorme país, con más de setenta millones de electores.



























Lo que no dijeron Yasukawa ni Woldenberg es que nada de ello se aplica en el caso boliviano. Seguro que no es culpa de ellos, sino de sus informadores, aunque Yoriko lleva ya bastante tiempo conociendo la política boliviana y sus entretelones. El problema boliviano no es el de necesidad de creación de confianza, sino de evitar la destrucción de lo poco de confianza que aún nos queda.


La creación de confianza como política pública, es el resultado de la decisión de los actores de avanzar en la consolidación de la democracia, cosa que ya sucedió en Bolivia el año 1989. En ese entonces fue necesario un acuerdo nacional para crear confianza en la institución que reglamentara, condujera y administrara los procesos electorales, porque saliendo de una dictadura militar y en mano de algunos inescrupulosos traficantes de los votos, como en la CNE hasta entonces, la ciudadanía no hacía sino defender sus votos que se escurrían por doquier, inermes al fraude.


Hasta 1989 los electores no solo debían asegurarse que el voto que depositaban en las urnas eran los mismo que el de los recuentos centralizados en los recintos provistos por las Cortes Departamentales, sino que tenían que organizar por si mismos (gracias a los partidos políticos, toda una novedad en la política boliviana) la defensa de los votos en los conteos, fraguados y arreglados de antemano, con los vocales electorales y con todo el sistema, hasta la obtención de los resultados. Pasar de ese estado de cosas, a tener una corte en la que todos confiáramos fue un proceso excepcional, encabezado por Jaime Paz Zamora (en ese entonces presidente, más bien fruto de la negociación y la chicana que de una victoria clara y contundente), que le dio la vuelta a todo y construyó una Corte Electoral de impecables ciudadanos en los cuales se podía confiar.


O sea que estamos de retorno a las andadas, no saliendo de ellas, como se nos explicó anoche. Los bolivianos sabemos y podemos dar mejores explicaciones y conferencias sobre nuestra capacidad de construcción de confianza; podríamos enseñarles mucho a los cubanos y venezolanos, por ejemplo, sobre el uso de la papeleta multicolor y multisigno, que es un invento delicioso, para este fin.


Equivocarse en ello es no entender las cosas y remar contra la historia. Sabemos cómo se hace, lo que sucede es que no queremos hacerlo. Entender eso es clave, si no, tomaremos decisiones equivocadas cada día. Es un tema de construcción colectiva de un destino político, que hasta el ciudadano más común puede identificar y comprender, como pasó hace treinta años, cuando la ciudadanía hizo carne de la prioridad de tener y mantener elecciones limpias. Lo que sucede ahora, es que los que mandan no quieren eso, no quieren elecciones limpias, ni padrón transparente, ni equilibrio de poderes, ni reparto democrático del poder.


A ver si nuestra amiga Yoriko Yasukawa termina por comprender este pequeño detalle y así su trabajo logra hacerse efectivo y alcanzar resultados, porque difícil va a ser que lo logre intentando convencer de generar confianza a los únicos interesados en sembrar desconfianza, porque su proyecto se les vá en ello. Y al conferencista José Woldenberg, lo felicito, me gustaría que lea esto, que alguien se lo envíe, como reconocimiento a su excelente exposición, pero para que no se vaya con una impresión errada, creyendo que en Bolivia hay que construir confianza, cuando lo que hay que hacer es recuperarla.