2 de septiembre de 2010

la hora del CEMENTO

Cada vez que Evo aMorales (la “a” es por lo del avioncito) Ayma desciende en las encuestas de popularidad, ¡agárrense!, porque nacionaliza o confisca alguna cosa, y mejor si funciona o sirve para algo; ya habrá tiempo para echarlas a perder.



La zaga empezó con la nacionalización del gas, o por lo menos así se llamó ese golpe de efecto de recién llegado el 1º de mayo de 2006. Cuando el año 1952 el MNR nacionalizó las minas de estaño en Bolivia, nacionalizó las minas, no el estaño. Evo Morales en cambio nacionalizó el gas, no los pozos desde donde se lo extrae, que los siguen manejando las empresas transnacionales de siempre; es decir Evo no nacionalizó nada. ¡Confiscó!

Confiscó las acciones de los bolivianos que el año 1994 se habían repartido entre los mayores de edad, que éramos los dueños de la mitad de las empresas con el 49% del paquete accionario (con las utilidades se financiaba el BonoSol), hasta que nos lo quitó Evo aMorales Ayma. Esas y no otras fueron las acciones confiscadas y transferidas a YPFB, junto a un miserable 3% de las transnacionales, que fueron compradas por el Estado boliviano para completar el 51% de las empresas, que permitieron iniciar la patraña de ineficiencia y corrupción que empezamos a ver ahora en cada una de ellas.

El resultado no puede ser más claro: no solo seguimos importando diesel, ahora importamos gas y gasolina (autosuficientes desde 1954), las inversiones están por los suelos, igual que la exploración y producción hidrocarburífera, el año 1999 se abrieron 64 pozos, el 2000 fueron 65, el 2001 volvimos a 64; el 2006 fueron 9, el 2007 bajaron a 5, el 2008 solo 4 y el 2009 llegamos a 3.

Ahora le tocó al cemento. A Samuel Doria Medina le tocó, o más bien a sus socios, nacionales y extranjeros, porque Doria Medina hace tiempo que dejó las acciones y la gerencia de SOBOCE para dedicarse a la política y hacer un tipo de oposición que quiso ser constructiva, pero con este gobierno no se puede ni eso.

Un 33% de la fábrica chuquisaqueña FANCESA ha vuelto a manos del Estado boliviano –esta vez al plurimúltiple–, por intermedio de la Gobernación en Sucre, que no solo tendrá que hacerse cargo de parte de la administración de una empresa organizada, eficiente y exitosa, sino que tendrá que pagar por ella, dicen que más de 40.000.000 de dólares americanos, que como en las otras expropiaciones nadie sabe por qué no van a construir escuelas o carreteras, u otras empresas nuevas, sino a destruir sociedades que están funcionando bien. Vamos a esperar un ratito y veremos cuánto tarda esta pandilla de ineficientes que nos gobierna, en acudir a la importación de cemento, porque dejamos de abastecernos. ¿Un año, dos? No le doy mucho más, porque la demanda está en alza y todos los días se construye más.



Un momento. Si se construye más es que la economía funciona y crece, y el país se desarrolla. Tengamos cuidado con confundirnos. La construcción crece porque los bolivianos estamos invirtiendo nuestros ahorros en ladrillos, el dinero disponible en la banca ha crecido a la par que los ingresos por exportaciones del país, fruto de los precios de las materias primas, el contrabando, las remezas y el narcotráfico y los bancos no saben qué hacer con el dinero (que no pueden colocar fuera por restricciones gubernamentales), colocando en cartera de créditos nacionales apenas el 70% de lo que tienen, porque la gente no quiere invertir y arriesgar en empresas productivas, sino en el propio contrabando y en ladrillos. Estamos creando nuestra propia burbuja inmobiliaria, a nuestro estilo y a nuestro tamaño, pero burbuja al fin. Y para sostenerla y que no se reviente muy pronto, en menos de dos años estaremos importando cemento; espero que no sea desde Venezuela, que ya varios negocios ha montado sobre nuestras espaldas.