8 de noviembre de 2012

MAMARRACHO

Hay palabras que me gustan más que otras. Una de las atractivas es esta de “mamarracho” (persona o cosa imperfecta o defectuosa, ridícula o extravagante), aunque en pocas oportunidades se la puede utilizar efectivamente. Cuando la digo o escribo, lo hago con un regodeo especial, porque es difícil encontrar algo o alguien a quien llamar, así de frente, su condición de mamarracho.

Ahora tengo algo al que nombrar de mamarracho, porque está mal hecho y se prevé defectuoso, y es el Censo 2012, descoordinado y extemporáneamente mal organizado por el INE, a pesar de que en Bolivia hay una saga escrita sobre este tema, y bien hecha, los años 1976, 1992 y 2001. No debiera ser una novedad, pero como en todo, los masistas creen que están inventando la pólvora, haciendo como si fuera la primera vez, cuando en realidad repiten y mal, lo que otros hicieron bien hace ya años.

Tan es así, que a diferencia de los anteriores censos, este no contará con una medición de calidad posterior (por falta de tiempo y dinero, dicen) y no podremos saber nunca si estuvo bien hecho o no. No es de sorprenderse, el estado Plurinacional es una chapuza (fase previa y anterior a mamarracho) y como tal han de salir los eventos e instituciones que produzca.

El primer problema es que hay preguntas que son innecesarias y otras fundamentales que no están; entre ellas sobresale (como un ejemplo) el tema de la religiosidad, cuyo cuestionamiento fue eliminado por el prejuicio de no querer mostrar un pueblo religioso, lo que pondría en entredicho la concepción laica del Estado. Cuando es al revés, solo un censo puede darnos el dato de si hemos avanzado o no hacia un Estado Laico, dejando atrás los atavismos mágico-religiosos de las sociedades menos desarrolldas.

O la testarudez de no querer enfrentar el tema de nuestra identidad, como país mestizo y transcultural, porque pone en entredicho la fábula del país indígena que la hegemonía aimara quiere instaurar en nuestro imaginario.

Y para seguir, la falta de coordinación administrativa, que ha hecho que dos semanas antes del acto censal, estemos completando listas de empadronadores, recurriendo a estratagemas tercermundistas, como regalar calificaciones en matemáticas o geografía a los alumnos que se animen a voluntariarse, o a recurrir a los conscriptos, o a los maestros y los empleados públicos, último recurso ante la debacle. Cuando en realidad todo ese detalle debió estar culminado hace varios meses antes.

¿Hablamos de la cartografía? Los mapas y planos que están utilizando datan de hace 11 años, es decir, son los mismos que en el censo del año 2001, incluidos sus errores. Y así podríamos seguir. El caso es que visto el asunto, desde todos esos lados, se puede espetar en la cara del Censo Trucho de este año, que será un verdadero mamarracho, incluyendo (seguramente) sus tristes resultados.