21 de diciembre de 2012

La CORRUPCIÓN

Cenando con buenos e importantes amigos, hablando sobre la red de extorsionadores construida por el MAS y todas las secuelas que podrían sobrevenir, reapareció la pregunta sobre la oposición que no existe, o la incapacidad para formular propuestas, y se dijo a bocajarro: ¿Qué harías tú, si fueras “la oposición”?

La Corrupción es un tema de fondo, que nos involucra a todos, porque si se nos acusó a los políticos (sin discriminación, justos y pecadores) del pasado de corruptos y no pudimos sacarnos el estigma, ahora, con el descubrimientos de el hecho de corrupción gubernamental más grande en la historia del país, tampoco el MAS podrá evitarlo, ni el impoluto Evo Morales, sobre el que pesa ya una gran duda, así logre tapar el escándalo como en otras ocasiones, crucificando a cuatro marionetas de su equipo intermedio.

Estamos cercados por la corrupción, todos estamos cercados; ergo, la solución también nos convoca a todos. Si yo fuera ‘la oposición” desafiaría a Evo Morales, afirmando que él no puede luchar solo contra la corrupción, que carcome los cimientos de su gobierno (igual que sucedió con anteriores gobiernos), y que es necesario un acuerdo de trascendentales dimensiones para lograrlo.

Rechiflas entre los comensales consiguió esa insinuación, que me salió así, como improvisada de pronto. Pero al día siguiente me puse a pensar y siento que hay algo de razonable en el planteamiento.


Junto con la corrupción, que es un tema que nos está destruyendo por dentro, hay otros temas que en el futuro debieran llamar a la colaboración y a un acuerdo entre las fuerzas políticas más importantes, cuando el gobierno central deje de ser el gobierno sectario que intenta representar y gobierna desde los intereses de solo una pequeña parte de la población (así el voto se muestre aún mayoritario), y quiera encarar realmente la solución a los problemas que impiden nuestro desarrollo.

Me baso en concebir que el Proceso del no-Cambio y sus seguidores no son la ruptura que proclaman, con el colonialismo, la República y con el momento de Cambio más importante en nuestra historia, abierto en 1952, sino su apogeo y el inicio de su decadencia, que nos permitirá saltar a otro momento, cualitativamente diferente y esperemos que superior. Lo que ha cambiado en el país (y es un cambio trascendente e importante) son los grupos y sectores sociales que forman parte de Bloque de Poder o Bloque Social en el Poder, mientras que la Matriz Productiva sigue siendo exactamente la misma; quiero decir, han cambiado los actores, pero no han cambiado las cosas.

La corrupción, como la conocemos, es una lacra nacida en el seno de nuestra cultura política desde 1952, y todos los involucrados en ese proceso, tenemos responsabilidad para trabajar y lograr su agotamiento. Esta es una tarea de todos, donde cabemos los que habemos, los samueles, los juanes, los rubenes, los ernestos, y en el extremo una buena parte de los masistas, que no pueden estar contentos con lo que está pasando.


La otra opción, de un ensueño metafísico irrealizable, es esperar la aparición de un ángel “incorruptible” que como un o una joven mesías sin “cola de paja”, emerja de entre las ruinas de la democracia republicana, a salvarnos de todo el mal y el atraso económico, cultural y mental al que está condenado a su pueblo el primer indígena presidente. No hay eso y menos en el estado de represión política que estamos viviendo, y si sucediera, en un supuesto de política-ficción, el partido u organización que lo sustentara se llenaría otra vez de “los de siempre”, no en el sentido estricto, sino en el metafórico, porque es la mentalidad enraizada de que la política sirve para aprovechar oportunidades únicas , la que termina socavando el piso de los grandes sueños.

Entiendo que el proyecto etnonacionalista-populista-autoritario que encabeza Evo Morales Ayma tiene objetivos diametralmente opuestos a cualquier visión democrática, sea liberal o hasta socialista, y que en ese sentido no hay posibilidad de dialogo, como los propios masistas lo han demostrado. No se puede discutir entre el centralismo tajante y las autonomías regionales emergentes, es imposible coincidir entre el estatismo a ultranza, que valora lo ancestral-comunitario, con los principios de la libertad individual y el apoyo-respeto a las iniciativas personales y/o empresariales; es imposible combinar un concepto de desarrollo sustentado en las fuerzas del mercado y la regulación de estados más bien equitativos, enlazado a la economía mundializada y con nuestros vecinos, con este provincianismo masista arcaico, que pretende devolvernos a una sociedad con valores agrarios.



Pero hay cosas que los opositores (que decimos protestar sobre ideas y principios claros) tenemos que proponer como un anclaje de lucha al que debe aferrarse toda la sociedad, como es el caso de la corrupción. O para partir nuevas aguas, en la apertura de nuevos debates que nos convocan transversalmente, como ser, por ejemplo, la viabilidad o no del Estado Laico, que de no pachamamizarse, podría ser un gran aporte del MAS para el desarrollo futuro de nuestras sociedades plurimúltiples (ya que tanto gustan algunos de lo pluri).

Finalmente, construir un camino de unidad política, alternativo al poder del MAS, no es cosa solamente de acercar a los samueles con los juanes, sino sentar las bases de los grandes asuntos que nos van a reunificar a los bolivianos y bolivianas, más allá de nuestros orígenes étnicos o de clase, para redescubrir y revalorar los principios, idelógicos, económicos y culturales, que nos han permitido vivir juntos hasta ahora, a pesar del MAS, sus atavismos, sus resentimientos y sus odios.