9 de noviembre de 2013

CUENTAS PLURINACIONALES

He leído un folleto del Ministerio de Relaciones Exteriores sobre la “rendición de cuentas” del Estado plurinacional. El impreso recuerda que en la primera reunión de gabinete allá por el 2006, se tomó la decisión (falaz y demagógica, a la vista de los resultados y la actual "austeridad") de rebajar los sueldos de los funcionarios de jerarquía, como señal de “transparencia y honestidad”. También hace un recuento sobre la historia de la “rendición de cuentas” en Bolivia, empezando en Tiahanacu y el Incario, cuando casi no era necesaria –reza el cuadernillo– porque se gobernaba en comunidad, permitiendo la participación de todos; hasta la fatídica llegada de los españoles, cuando todo se corrompió y los pueblos fueron apartados del gobierno, que quedó en manos de truhanes y porquerizos –eso ironizó yo–. También hay un párrafo dedicado a la República donde se afirma que todo siguió igual que en la colonia.

Hasta la llegada de Evo Morales inaugurando el proceso de cambio (con mayúsculas en el impreso) que aparece pretenciosamente como una nueva era, aunque sea bajo algo así como un retorno a la supuesta participación y transparencia precolombina, que se sintetiza -según la Cancillería- en sendas reuniones programadas entre masistas y representantes obsecuentes de sus movimientos sociales, donde una autoridad describe los maravillosos logros alcanzados, se hacen preguntas (el folleto describen qué tipo de preguntas deben hacerse), se firma un acta y ya está. Esa es la rendición de cuentas.



Más allá de las dudas sobre la veracidad de las afirmaciones del ”todo tiempo pasado fue mejor”, que se basa en la trilogía paraíso-infierno-paraíso de la teleología del sentido común contemporáneo, con la que se pretende engatusar a la gente, está la soberbia reiterada de creer que el proceso de cambio ha inaugurado una nueva era de felicidad.

Pero lo grave es la mentira. Si se quiere fiscalización y transparencia existen herramientas digitales que dan la posibilidad de poner a disposición pública no solo los datos, sino los procedimientos burocráticos en las instituciones de gobierno, que son el alma de las políticas que rigen a las naciones. Una sería suficiente para mostrar la buena intención, pero no, este es uno de los gobiernos más cerrados y que menos acceso permite a la información sobre lo que sucede dentro de los aparatos estatales.

Debo destacar (si visitamos la página web del Ministerio de Relaciones Exteriores) que existe un archivo de importantes documentos publicados en Cancillería, que dan cuenta de decisiones e investigaciones realizadas, pero en ningún caso de los datos y la descripción de los procesos, y menos interactivos para la participación ciudadana, como exigen las demandas contemporáneas en las redes distribuidas.

La alternativa es dejar de prometer y empezar a hacer; un partido y un candidato con futuro, debieran construir ahora esas herramientas adaptadas a Bolivia y ponerlas a funcionar, con los datos y procesos que se pueda disponer, mostrando cómo, cuando cambie el gobierno (cambia, todo cambia) y el MAS deje el poder, se constituirá un régimen verazmente transparente y abierto al control ciudadano, desde las redes distribuidas que el Internet está demostrando que sí funcionan.