18 de diciembre de 2013

RECAPITULANDO

Algunos creerán que esta historia empezó cuando a Ostreicher lo tomaron preso, le embargaron los bienes, le robaron el arroz y quisieron quedarse con su dinero para repartírlo entre algunos villanos, seguros como estaban de que se trataba de un miserable gringo por el cual no reclamaría nadie. Esa ha de ser parte de la cotidianidad del masismo y su singular forma de mirar el mundo (cosmovisión se llama) y hacer su revolución, por la que deben haber pasado unos y otros, y que dios nos libre de que nos suceda a cualquiera de nosotros, porque nadie se va a enterar siquiera. ¡Quien tuviera un amigo poderos como el Embajador Sean Penn!
La historia empezó cuando este actor llegó a Bolivia, la segunda vez, no invitado por Evo que ya lo había nombrado su Embajador, para defender a la Madre Tierra, promocionar la quinua y para devolverle el mar a Bolivia en ese entonces cuando se negociaba con Chile. Llegó enviado por la comunidad judío-norteamericana para ver qué pasaba con ese hermano que se fue a meter allá tan lejos y descubrió en la cárcel de Palmasola, con sus propias palabras, “el tipo de salvajismo humano que sólo imaginamos en pesadillas”. Entonces salió a la luz pública lo de los abogados masistas extorsionadores que actuaban desde la mismísima Presidencia plurinacional y el Ministerio de Gobierno; se descubrió que le habían sacado dinero a todos los dirigentes de la oposición, en filita y a cambio de nada, según la lista de Terrorismo I y Terrorismo II, de Gastos Reservados I y Gastos Reservados II; hasta que se metieron con Ostreicher aplicando la receta, apareció Sean Penn y obligó a parar.

Ahora se ha escapado el “cuerpo del delito”, lo ha hecho en una operación profesional y de su huida se hablará en la cronología del heroísmo fantástico de los norteamericanos por la libertad, durante mucho tiempo. Puede ser que filmen una película que rompa taquilla y que muestre a Evo Morales no como el libertador de los indiecitos del mundo, sino como un émulo de Idi Amin Dada, cercando a su país con una muralla de hierro de la cual es necesario escapar. Así de exagerados son en Hollywood haciendo sus películas.

Lo que me queda a mi es la frace lapidaria: “el tipo de salvajismo humano que sólo imaginamos en pesadillas”. Los bolivianos no parecemos darnos cuenta, porque estamos acostumbrados desde mucho tiempo atrás, como les pasa a los pueblos de cultura autoritaria, crueles con los de abajo, serviles con los de arriba. Y no darnos cuenta es la mejor manera de vivir adormilados, estancados sin desarrollo, votando por alguien como Evo Morales y militando en el proceso de cambio que promete desde hace ya una década el MAS.