30 de marzo de 2016

JUNTOS Y MEZCLADOS

¿Esto es un triángulo o será más bien un octaedro? Todo un desafío geométrico a la vista.

Si hay algo que no soy y que detesto, es un moralista. No me he dejado arrastrar jamás por quienes dicen tener la verdad sobre lo que cada quien debe hacer en torno a la administración de su sexualidad, porque he sostenido firmemente que ese es un tema privado que atinge solo a cada quien, y a su pareja, o a sus parejas. Mientras permanezca en el ámbito de lo privado.

Pero lo de la Rosca Corrupta del MAS me ha provocado un par de reacciones que están más allá de mi tolerancia cotidiana. La primera ha sido poco seria y me he partido de risa, literalmente, hasta dolerme la barriga; estoy convencido que nadie puede volver del ridículo en la política y es el caso, en dos horas he visto tantos memes como cuernos y no he podido contener las carcajadas. Cuando alguien está de mala suerte… está nomás de mala suerte.

La otra reacción es más bien escandalosa, por el escándalo que conlleva pensar la promiscuidad interna de la Rosca Corrupta masista. No quiero decir mucho más, pero da para expandir y dejar volar la imaginación esto de que contigo y conmigo, de repente con él, de repente con ellos, seguramente con nosotros: ¡viva loa joda, muchachos!. Y mi azoramiento no es moralista, que finalmente cada quien haga lo que quiera con lo suyo, como le dijo Valverde a Linera, sino que se escandaliza por lo que representa para las relaciones humanas entre los poderosos, daños colaterales de por medio.

Después de esto no me sorprendería nada. Lavado de dinero, extorsión, comisiones, coimas, trafico de drogas, de armas, de personas; trata de blancas, protección a garitos clandestinos... Sé que estoy exagerando, pero toda exageración es poca, si uno se pone a divagar.

Ni diez años duró el esplendor y llegó la decadencia; vaya sustento y fortaleza de valores revolucionarios. De ese lodo está construida el alma de quienes mandan en nuestro país y que representan a nuestra sociedad. No estoy de acuerdo con eso de que las y los políticos son el fruto de una sociedad, sino que debieran ser en Democracia, el grupo de hombres y mujeres que simboliza lo que una sociedad quiere ser o quiere alcanzar. Un destino que exalza, que alimente, un ejemlo de lo que queremos ser; no semejante porquería como la que queda hoy descubierta y a la vista de todos.