9 de octubre de 2008

Raskólnikov


26 años después, veo tales argumentaciones sobre lo que nos sucede, que buscando en la memoria terminé en San Petersburgo, en la Plaza del Heno y no en la de San Francisco en La Paz, frente a un megalómano, dotado de cualidades superiores a las del gentío vulgar, tanto, que terminó por justificar un crimen, para solucionar sus problemas económicos, al mismo tiempo que liberar a la ciudad de una usurera que ya nada tenía que pedir o dar en este mundo. "Es absolutamente justo matarla", discierne Raskólnikov, porque ella representa el pasado, ha acumulado dinero de manera abusiva y poco clara y no tiene razón de ser, mientras él, un hombre joven, fuerte e inteligente, que tiene mucho para dar y construir, merece una buena vida al servicio de los demás, sobre todo de los más necesitados.


Al final comete el asesinato y colorín colorado… pero no, el cuento no se ha acabado; sino que comienzan a vivirse las consecuencias y los resultados, hasta el castigo, que en la novela viene a ser como un redimir lo humano, como algo inevitable y necesario.


No pareciera tener mucho que ver (salvo los sentimientos del alucinado) con lo que nos sucede, pero me recordó los desafueros cerebrales de otros lunáticos que ha enterrado la historia, como el que nos dijera lo de "tienen que andar con el testamento bajo el brazo". Hace 26 años, en 1982, el 10 de octubre de ese año, esa historia parecía haber terminado para siempre... o creíamos.


A la hora de los cercos y el imperio de las multitudes azuzadas como a lobos fieros, raza contra raza, cultura contra cultura, cuando leo y escucho tanta argumentación política sobre el pasado, donde otros hicieron cosas reprochables, lo que justificaría que se vuelvan a repetir ahora. O cuando se juzga y se condena desde cualquier lugar, subjetividad e intereses de por medio, las acciones de los otros y se las reprime o desprestigia, con el solo argumento de un supuesto pensar, pertenecer, estar ligado a grupos de poder, o al imperialismo que nadie sabe ya donde encontrarlo (debe estar peleando en Irak o Afganistán, o perdido en su crisis financiera). Cuando se devela que los actuales acontecimientos de represión, persecución y sangre, fueron planificados al detalle hace meses atrás, lo que permite suponer que hay otros planes similares en curso, donde las futuras víctimas han sido seleccionadas y clasificadas en algún despacho, donde se ha decidido su suerte. Algo así como in escalofrío de terror me recorre el cuerpo, al pensar que uno a uno, cada cual puede ser el siguiente.


Cuando estos procesos se inician son muy difíciles de detener, tienen su propia dinámica y adquieren propia sinergia. O como arguye el gobierno, no se pueden detener porque ya no los controlan. Estos procesos adquieren un estatus de realidad objetiva, diríamos los sociologos.


No se trata de defender el pasado, porque todos quisimos y queremos cambiar, aunque las circunstancias de la polarización del debate  pueden ponernos en la cruel situación de parecer justificando las tierras de los gamonales cruceños o los intereses espurios de los corruptos de ayer, por defender la democracia hoy. Y no es cierto, hay que aclararlo todos los días, con palabras y con hechos. Pase lo que pase y digasé lo que se diga, hay que seguir defendiendo la democracia y sus libertades.


Miramos Pando y su siniestra repartija de muertos: estos son los tuyos, estos no son míos; estos valen más y estos valen menos, sin contar los que ni siquiera valen nada. Los exilios, otra vez las cárceles, otra vez las amenazas y las torturas. ¡Otra vez los torturadores! ¿Qué fue de la libertad? La democracia resultó ser apenas una flor de invernadero, tan frágil como una pompa de jabón, donde basta un tirano de turno para arrancártela como a una muela [*].


Enfrentar estos sucesos solo puede hacerse organizando a las personas que entiendan que las tiranías se derrotan desde el imperio de la democracia y la libertad, no hay otra manera, no hay otro camino. Nuestro destino de ahora es buscar con un farol en pleno día y hasta debajo de las piedras, como Diógenes, a los hombres y mujeres que pensando por si mismos, mantengan un compromiso personal con los principios con los que occidente ha iluminado a la humanidad; ya no se puede seguir con las encuestas y con quienes se acomodan a los resultados para captar adeptos y popularidad, tampoco se puede pensar que a la fuerza hay que derrotarla por la fuerza, porque solo servirás para encumbrar otros dictadorzuelos, a cada cual peores.


Ha llegado de nuevo el momento (siempre retorna) de las grandes  capacidades humanas, como aquellas que hicieron la libertad, las democracias, la liberación de los pueblos, el imperio de la justicia y el ejercicio de los derechos humanos.



Estoy intentando releer Crimen y Castigo (por eso he comenzado así este post). Mejor releer y entre todos, la declaración universal de los derechos humanos. Y actuar en consecuencia.