5 de noviembre de 2008

Barack, las idelogías en Bolivia, la modernidad y no sé cuantas cosas más...

Vientos de cambio, Obama, el Presidente negro, es en USA, lo más parecido a un socialdemócrata europeo; como que mis amigos del PSOE español, y otros amigos de igual calaña en el mundo, festejaron la victoria un poco como si fuera propia. Propugna el crecimiento de las coberturas y la calidad en asuntos sociales, educación y salud (que buena falta le hacen al imperio), la lucha contra la pobreza, la distribución equitativa de la riqueza, la libertad de las opciones sexuales, el derecho de las mujeres al aborto, el compromiso (por fín) de EEUU con el medio ambiente, se acerca a la idea de la alianza entre civilizaciones y no la puga, cosas que en Europa son de cada día, y que en los Estado Unidos de Norteamérica vienen a ser un artículo de lujo, para consumir de vez en vez, cuando los republicanos clericales y retrógrados, la ponen fea. Tampoco Europa es para tanto, que la derecha europea suele ser igualmente cavernaria como todas las derechas, aunque es más leída e ilustrada y por lo tanto menos fundamentalista que la norteamericana.


Y por acá. ¿Dentro de casa qué? Seguimos repitiendo que ni de derechas ni de izquierdas, sino todo lo contrario. Nosotros no respondemos ni a uno ni otro lado, respondemos al pueblo (p.e.: nosotros los indígenas pensamos que…), a la nación, o más chiquitos a la región (nosotros los cruceños creemos que…), los peores responden a la patria, a la familia, a dios. Y cada cual asegura que esa su bandera no tiene color, es un proyecto ideológico y programático en sí mismo. En nombre de los indígenas se quiere gobernar a la nación, en nombre de los cruceños se quiere evitar que se gobierne, como si el haber nacido indio, o cruceño, o de la “clase trabajadora” viniera con proyecto político incorporado, como un chip.


Si uno mira “el pueblo”, ese, que unido jamás será vencido, verá esa abstracción que no se sabe bien qué es, pero que se suele identificar, entre gobernantes y gobernados como a estos últimos, que vienen a ser “el pueblo”, donde caben todos los colores, todas las ideologías. Lo mismo con la patria, la nación, la región, la raza. En Latinoamérica (y muy marcado en Bolivia) tendemos a vincular la ideología con el interés del sector, el territorio, el grupo. Claro, uno no es de derechas ni de izquierdas, sino que representa a los heladeros que venden picolés, como si todos pensaran igual, como si por el simple hecho de estar en el gremio idearan a futuro un destino comun.


La reforma intelectual radica (en el terreno político) en construir espacios de agregación ciudadana por adscripción, donde los afiliados voluntariamente puedan esgrimir ese “nosotros pensamos igual” de manera confiable. El grupo de heladeros puede pensar hoy una cosa y mañana la otra, de acuerdo a sus intereses, al buen o mal día de sus ditigentes (que no han sido elegidos por lo que creen o piensan, sino para defender los intereses del gremio), a las decisiones de las asambleas, por lo tanto, no se puede creer en ellos como cabezas  políticas. Esto sirve para los movimientos sociales, para los grupos cívicos, para los regionales. Si no, basta ver como nos va, en la cola de la pobreza sobre esta tierra.


Solo con los partidos políticos se puede decir “nosotros los socialistas creemos que…” o “nosotros los liberales afirmamos que…”, los nacionalistas, los conservadores, los demócrata-cristianos, los indigenistas, los comunistas, los anarquistas. Nos juntamos porque pensamos y creemos en algo que nos es común, entonces si ganamos y conquistamos el gobierno vamos a hacer eso que creemos y no otra cosa. Eso otorga certidumbre, eso permite elegir, eso es el desarrollo. Cuando así se habla se tiene sistema político, existen la derecha y la izquierda, el centro también. Los ciudadanos participan por adscripción. Lograrlo es vencer el subdesarrollo, de la cabeza, de la mente, de las ideas. Es dar el salto a la modernidad.


Luchar en la oposición, contra Evo Morales y su tendencia autoritaria que terminará convirtiéndolo en un tirano de los de novela, si antes no lo rapta la DEA como hicieron en Panamá con Noriega, es trabajar todos los días para dar ese salto, para dejar de ser hipócritas y taimados, refugiados siempre detrás del sindicato, del comité, del colegio profesional, y no pringarnos, comprometernos con nuestras creencias y nuestros ideales, en vez de estar defendiendo siempre nuestro pequeño interés.


Ya está, empecé queriendo escribir algo para saludar la victoria de las ideas progresistas y el desarrollo humanos en los Estados Unidos de Barack Husseim Obama y me salió esto, pero vale la pena. Por lo demás, la llegada de los demócratas a la casa Blanca en poco cambiará la política exterior desde Washington para con nosotros, ni habrá ATPDA, ni mejora de relaciones, y Evo será considerado cada día más un Presidente narcotraficante (injusto, pero que no se diga que no está haciendo todo lo posible para lograrlo), hasta que estalle la burbuja. Ojala que en ese entonces estemos preparados y podamos decirle al mundo que esta es la izquierda boliviana, esta es la derecha, y mostrar que vamos a decidir nuestro destino voluntariamente, no porque nos creamos anclados a la madre tierra, que nos atrapa y nos agota por el sino inapelable de nuestro origen.


Por una cosa debemos felicitarnos, eso sí. Se fue Bush, para siempre. Han sido ocho años de vergüenza para la humanidad, de retroceso, de pérdida de valores éticos, de entronización de lo más deleznable de capitalismo y de la derecha pura y dura.