23 de abril de 2009

¡SOLO LA VERDAD!


Lo escribí hace pocos días, las autoridades y los líderes de oposición debían haber empezado condenando toda posibilidad de que en Bolivia se organicen grupos armados clandestinos, sean del lado que sean. Todo intento de construir grupos armados, que no respeten las normas y los procedimientos democráticos, promoviendo la violencia, debe ser condenado drásticamente y sin contemplaciones. Si no se hace así, por uno u otro motivo, se es y se será cómplice de los resultados.

Las declaraciones de uno de los aparentemente asesinados (antes de morir, se entiende) a la televisión húngara, no hacen sino mostrar que en Bolivia existen estos grupos, o la voluntad de crearlos, con una limitadísima comprensión de lo que está sucediendo. Actitudes así, lo único que hacen es estigmatizar injustamente al conjunto de la oposición cruceña, sus líderes y sus instituciones.

La dirigencia cruceña debe coadyuvar en la identificación, la acusación y la penalización de estos hechos y de sus autores, reales, intelectuales y morales… para erradicar por siempre del seno de la sociedad más dinámica del país, estas anacrónicas visiones, que no condicen con la expectativa cruceña, de ser la vanguardia de la Bolivia moderna y progresista. Esto no quiere decir que deba ceder o posponer su legítimo derecho a expresarse, a organizarse, a oponerse y a resistir, en su caso, las decisiones abusivas, autoritarias e ilegales, de un gobierno que no respeta las mínimas condiciones del juego y la convivencia política en democracia.

Peor aún, un gobierno que posiblemente esté organizando cosas parecidas a las que condena, en nombre del pueblo y de sus supuestos derechos a avanzar sobre la ley, en busca de una revolución étnica, peor aún que las muchas fracasadas que conocemos. Si los dos bandos están haciendo lo mismo, solo el dolor y la muerte cubrirán el futuro horizonte de bolivianos y bolivianas. ¡Cuán inmerecida suerte!

Bien haría el gobierno callándose sobre estos temas y dejando que la justicia actúe libremente, así sea para ahorrarse tanto ridículo, como el de los "juegos de guerra" del ministro de gobierno (yo renunciaría de solo vergüenza). Ya han manchado y manipulado suficientemente los hechos, como para haberles quitado toda credibilidad. Un manto de confusión y dudas ha cubierto el asesinato de tres ciudadanos en Santa Cruz, a manos de la policía nacional. Y los policías debieran ser eso, policías, no esbirros o criminales al servicio de la voluntad de unos pocos. Las cosas no pueden quedar como en Pando, ni como en Yacuiba. Un día los bolivianos tendremos que saber la verdad. ¡Exigimos la verdad!

El mismísimo Presidente no comprende que se exija la verdad. ¿Por qué el Estado irlandés se atreve a poner en duda las explicaciones del gobierno boliviano? Los irlandeses tienen una larga historia de terrorismo y contraterrorismo que ha asolado, como a ningún otro país europeo, esa isla dividida por el encono y el fanatismo nacionalista y religioso. Por eso son muy sensibles a estos temas y Evo Morales debiera comprender que están en todo su derecho de preguntar y de saber, si se trata de un ciudadano irlandés; tan exactamente igual como el derecho que asistiría a Evo Morales, de preguntar y saber, cuando un ciudadano boliviano es muerto en cualquier lugar del mundo, más aún si fuera acribillado, durmiendo en un hotel, por la policía; y peor aún si se tratara de un Estado cuestionado por poco democrático e irrespetuoso de los derechos y de la verdad, como es actualmente el nuestro.

Y si los irlandeses quieren saber la verdad, si los húngaros quieren saber la verdad, los bolivianos también, queremos y necesitamos la verdad.

¡SOLO LA VERDAD!