12 de mayo de 2009

EL PODER DE LA UNIDAD (1)

Para leer EL CHAT del día miercoles 20 de mayo de 2009, solo tienes que ir a:


http://www.diariocritico.com/julio-aliaga-lairana/333/chat.html

Lo que sigue es el texto introductorio de consulta, para no desviarnos del tema:

EL PODER DE LA UNIDAD (1)

Las encuestas muestran que la preocupación principal de la gente es la UNIDAD de Bolivia. Unos y otros les echan la culpa a sus adversarios por estar dividiendo la nación, entre regiones, razas, culturas, clases sociales, entre el campo y las ciudades. Esto se ha convertido en una gresca visceral, sin argumentos, que no busca soluciones, sino lastimar y desprestigiar a los eventuales oponentes.

Buscando soluciones, aclaremos que hay dos formas de entender la unidad.







La primera, es elemental, excluyente y mecánica: estamos unidos porque somos iguales frente a los otros, que son distintos; nos unen el origen (somos aimaras, por ejemplo), la actividad o condición (somos campesinos), la geografía (hemos nacido en Santa Cruz), la raza, el idioma, la religión. Estas formas de unidad son fruto del destino, no de la voluntad humana.

La unidad elemental impide relaciones más complejas, entre grupos diferentes. Ninguna sociedad se ha desarrollado unida por estas características; para crecer, para desarrollarse, las sociedades tienen que conseguir una forma de unidad más complicada. La unidad de las naciones se basa en un sistema que permite unir a gente diferente entre si; unir a campesinos y citadinos, a negros y blancos, a pobres y ricos, a católicos y musulmanes, no es cosa sencilla. Para que esto pueda darse tiene que existir un fin superior, algo más grande que la raza o que la etnia. La Nación es algo más grande que una tribu.

Una de esas formas superiores de unidad es la ideológica y/o política (que no es lo mismo). Por encima de las razas, etnias, culturas, oficios, idiomas o religiones, se puede conseguir la unidad con otros, porque se confía en las mismas cosas, porque se opta por una propuesta, una forma de vida, de economía, un sistema de gobierno.

Podemos estar juntos porque creemos en la democracia: elegimos a los que se destacan entre nosotros para que nos representen y así dialoguen y se entiendan con otros, en nuestro nombre; sería incongruente que una persona que piensa como un liberal represente a un grupo de comunistas. Ese pequeño detalle es muy importante para construir la unidad política.

En las sociedades desarrolladas la representación suele ser clara, delimita quiénes, dónde y para qué. Existe un sistema de instituciones que impide que se produzcan cambios bruscos; para cambiar, el sistema impulsa transformaciones que se producen de a poco, aunque sumadas en el tiempo pueden ser verdaderas revoluciones. También hay una regla sagrada que todos tienen que cumplir y es que cada cierto tiempo se impone el cambio democrático de quienes gobiernan, hay una rotación de las élites en el poder; de esa manera, si algunos han cometido un exceso, vendrán otros a remediarlo.

Muy importante también es que la gente se organice de acuerdo a sus intereses, es difícil pensar que los banqueros quieran aumentar los impuestos al sector financiero, o que los pequeños campesinos apoyen el latifundio; de esa manera la gente se une alrededor de dos o más corrientes importantes, que compiten entre sí. Actualmente en el mundo sobresalen los conservadores, los liberales, los socialdemócratas y el socialismo democrático; también existen versiones locales, en América Latina el populismo es una característica política muy importante.

El populismo propone otras formas de unidad, porque como no le importa lo que ofrece, sino que se acomoda a lo que la gente quiere, tampoco le importa que la unidad se construya entre quienes promueven cosas diferentes, porque el fin último del populismo es conquistar y mantenerse en el poder, no desarrollar las instituciones, ni mejorar la calidad de vida de las personas. Por eso es difícil encontrar sociedades que se hayan desarrollado sobre la base permanente de regímenes populistas. Puede haber desarrollo sin unidad, o pura unidad sin desarrollo, pero ninguno de los dos caminos sirve para llegar muy lejos.

Los bolivianos nos hemos acostumbrado a unirnos eventualmente para alcanzar el poder. Cuando los lideres se unen solo para conquistar el poder no saben qué hacer con él, salvo utilizarlo para beneficio propio, como está sucediendo con el MAS. Ahí tenemos una deficiencia ética muy profunda y difícil de vencer. En la oposición no estamos mejor, hay quienes creen que se pueden unir dios y el diablo, solo para derrotar a Evo Morales; esa unidad no sirve para mucho, es más bien perjudicial, porque impide la articulación de un proyecto alternativo de unidad democrática, y puede terminar confundiendo el derrotar con derrocar, lo que resulta inaceptable.

Uno puede construir la unidad de la oposición aprovechando algún liderazgo consolidado, como parece que va a suceder ahora, alrededor de Victor Hugo Cárdenas o algún otro liderazgo emergente. Lo que no puede hacerse es intentar reunir a todos, por ejemplo, sería difícil pensar alrededor de Cárdenas una bancada conservadora de restauradores, junto a un grupo de socialistas, solo por librarse del gobierno actual; una cosa así solo podría producir una bancada ingobernable, que no garantizaría nada, como le ha pasado a la agrupación PODEMOS, las últimas elecciones.

Quiero proponer tres círculos para la unidad. El primero es general y abierto: la democracia. Allí entramos casi todos. A la derecha e izquierda hay pequeños grupos que no creen en el sistema de la democracia representativa, ni en sus instituciones principales, que son los partidos políticos y el Congreso Nacional como actores y espacio de dialogo y decisiones; les hemos escuchado hablar durante años, de los indios y de los blancos (hay racistas en todos lados), de las mujeres, de los homosexuales, de otras minorías; en la democracia no hay mucho espacio disponible para radicales fundamentalistas, racista, machistas, homofóbicos, etc.

El segundo círculo de unidad es ideológico. Dadas las circunstancias necesitamos un Frente Amplio, una Alianza Electoral de convergencia. Allí cabemos desde el liberalismo social al socialismo democrático, porque la propuesta tiene que ser de centro-izquierda. Es imposible pensar que actualmente pueda desarrollarse con éxito una propuesta conservadora, de derecha tradicional; más bien los vientos soplan hacia las corrientes progresistas, democráticas y populares. Ahí estamos nosotros.

El tercer círculo es programático, que no puede ser sino socialdemócrata, dados los tiempos que corren, porque no podemos aceptar ni la supremacía del mercado, como quieren los liberales, como tampoco podemos aceptar la hegemonía absoluta del Estado, que nos lleva a una visión autoritaria, populista y etnonacionalista, como lo que tenemos ahora con el MAS. La salida está justo en el medio, es típicamente socialdemócrata, plantea el respeto a la propiedad y la libre iniciativa privadas, al tiempo que reivindica un rol redistributivo a favor de los más pobres para el Estado.

Eso no quiere decir desconocer los profundos e importantes avances que han traído Evo Morales y sus muchachos, la inclusión, la presencia y la participación de los y las indígenas es algo que no puede dejarse de lado; el Estado laico, el freno al latifundio, los nuevos derechos comunitarios, en fin, una lista de importantes logros. Al revés, eso no significa desconocer los valores de la democracia liberal, la igualdad ante la ley, el respeto a las normas y los procedimientos que son iguales para todos, el gobierno de las instituciones, la libertad de opinión, de prensa y de organización, el respeto a los derechos humanos.

Ese es el camino para hacer las cosas bien, como la gente.