2 de mayo de 2011

apuntes apresurados sobre Osama †

Detrás de Osama Bin Laden está un atentado terrorista de dimensiones extraordinarias e inaceptables; puesto en su dimensión (al otro lado del mundo y de la historia), este atentado execrable puede ser visto, como parte de un enfrentamiento en el que potencias occidentales están involucradas detrás del petróleo y sus enormes negocios, si uno es, por ejemplo, ciudadano iraquí, o pakistaní, o somalí, entre quienes ha de haber un sentimiento de legítimo rechazo a la invasión y ocupación extranjera de sus países (no Libia, que tiene otro origen, más bien de entre los levantamientos populares árabes pro-democráticos del momento).

También detrás de Osama esta Al Qaeda –la base o la red, según se quiera– que no ha dejado de existir tras la muerte de su referente (no su centro, porque las redes no tienen centro). Se trata de una experiencia innovadora en términos de organización, que aprovechando la cultura organizacional de las redes de comunicación contemporáneas, supo y sabe organizar núcleos sin conexión aparente, independientes y autónomos en todas partes del mundo, que a la sola señal desde cualquier punto de su estructura reaccionan porque cada quien sabe “lo que tiene que hacer”. Esa realidad no ha cambiado y perdurará más allá de la muerte de Osama Bin Laden.

Finalmente está el recuerdo boliviano, de un 11 de septiembre de 2001, cuando Evo Morales Ayma, entonces dirigente cocalero y candidato en Bolivia, fue uno de los primeros dirigentes latinoamericanos en pronunciarse y felicitó a Osama Bin Laden por su certera capacidad de herir al imperialismo en su corazón nuevayorkino. Los norteamericanos han de tenerlo archivado en su memoria institucional, porque ha de ser algo que por lo menos yo, no olvidaría.

Pero de ahí a poner a Evo como un símil de Osama, de Gadafi o de Idi Amin Dada, es un poco como demasiado. Y menos desearle una suerte similar a los nombrados, que veo en muchos lugares en las redes sociales, donde se ha producido como una catarsis de la oposición boliviana y sus aristas poco democráticas, expresando rencores y resentimientos desde este otro (nuestro) lado, que tampoco debiéramos permitir, ya que se supone que es el lado ilustrado y con mayor capacidad no solo de entender lo que nos está pasando, sino de buscar una solución pacífica, dialogada y democrática, que beneficie a todos los bolivianos sin excepciones.

Aclaremos en contra de estos excesos y exabruptos: Evo Morales es un Presidente boliviano, democráticamente elegido por una gran mayoría de su pueblo (eso es incontrastable) y ha de ser por ello, uno de los liderazgos más legítimos en América del Sur. Otra cosa es que este liderazgo y sus seguidores sean incapaces de gobernar por ignorantes e ineptos (que lo son) y que estén alineados discursivamente con los grupos más radicales del mundo y de nuestro subcontinente. Son el producto (igual que los otros ya nombrados) de lo más triste, pobre, retrasado y miserable del planeta, y eso quiere decir, que una parte de ese tipo de población está asentada en nuestro país y que se expresa así, con sus evos y sus lineras, sin salidas ni horizontes de futuro. Es un deber de quienes podemos comprender y leer esta realidad, el construir, de una vez por todas, una alternativa histórica que nos saque de esta miseria y nos integre a los procesos de desarrollo democrático global, para que nunca más hayan binladens, ni gadafis, ni chavez, ni (ahora sí) morales en el mundo.