1 de octubre de 2011

EN LOS LÍMITES DEL ENFRENTAMIENTO CIVIL

coyuntura para principiantes


Seis años de etnonacionalismo en el gobierno de Bolivia han bastado para convertir nuestro país en un lugar para violencia intercultural. Bolivia es un país productivamente atrasado, dependiente de la extracción de minerales y gas, pero nunca como hasta ahora, con tal alta corrupción gubernamental y un centro productor y exportador de cocaína. Lo más grave, una sociedad donde se han reavivado las diferencias y los odios étnicos.


El partido de gobierno (MAS) es una agrupación política campesina sin estructura orgánica, que funciona como una federación de sindicatos, que encuentran así una forma de acceder a las ventajas del poder estatal y a la distribución de dinero gubernamental, que se utilizan para la captación de adhesiones y el mantenimiento de lealtades, a cambio de un apoyo obsecuente con todo lo que determine el régimen. Evo Morales es el caudillo, autoproclamado lider espiritual aimara, promete a los suyos la victoria sobre siglos de colonialismo de cultura occidental.

Los primeros años de gobierno le sirvieron para concentrar todo el poder posible, borrando la independencia de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, y centralizando las decisiones en sus manos como cabeza del gobierno, líder del partido gobernante y jefe de las federaciones agrarias de campesinos que cultivan coca. Logrado este primer objetivo, le corresponde ahora la construcción de la hegemonía, o el "poder total", como dice Alvaro García Linera, Vicepresidente.

La coca es un elemento central para entender lo que está pasando en Bolivia. Los cocaleros del Chapare, cuya producción se destina a la elaboración de cocaína, han apoyado y financiado gran parte de las campañas del actual Presidente. Desde el Palacio de Gobierno en La Paz, son los cocaleros,  sus asociaciones gremiales y otros aliados, quienes determinan (en última instancia) el destino de la nación, apoyados por los servicios de seguridad de los gobiernos de Cuba y Venezuela. La idelogía del grupo gobernante ha decantado, como antaño, en un desarrollismo dependiente y depredador, y su conducta, como antaño, en prácticas populistas de lo nacional-popular boliviano, como el viejo MNR.

Los campesinos cocaleros están ahora decididos a ampliar su frontera agrícola y han penetrado en el “Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure” (TIPNIS), tierra protegida desde décadas y uno de los lugares de mayor biodiversidad en el planeta Tierra. Allí viven otras comunidades aborígenes que están siendo avasalladas y que protestan por ello, habiendo iniciado una larga caminata, hasta la sede de gobierno en La Paz, para reclamar el respeto a sus territorios ancestrales. Evo Morales ha desatado sobre ellos una represión violenta, pero la solidaridad y el apoyo de las ciudades han obligado al gobierno a retroceder en sus pretenciones.

Ante la imposibilidad de detener y dispersar la protesta que se acerca a la capital del país, el gobierno está organizando (la fecha es el próximo 12 de octubre, con el simbolismo que implica) a los campesinos aimaras en una contramarcha sobre la ciudad capital, que podría derivar, como nunca en la historia de Bolivia, en un enfrentamiento étnico de proporciones. Aimaras contra yuracarés, chimanes y trinitarios, acompañados por cientos de ciudadanos de todas las clases, razas y culturas, asemejan en algo esta historia al inicio de las masacres étnicas en Ruanda. Así de grave aparece el problema, si no detenemos esto a tiempo.

Hay altos dirigentes en el gobierno boliviano del MAS que sueñan con una victoria para que el colonialismo interno pueda imponer a los aimaras sobre toda otra cultura, como en las peores épocas de fascistas y nazis en otras partes del mundo.

La mayoría de mestizos que conforman las clases medias urbanas, observan casi impotentes el avance de los acontecimientos, mostrando su clara solidaridad con las etnias indígenas minoritarias de los marchistas del TIPNIS, pero poco pueden hacer en su defensa, desorganizados como están y sin representación política, dadas las asimetrías impuestas desde una Constitución Política etnoracial recientemente aprobada.

La pregunta obligatoria es: ¿Quién o quienes se benefician con un enfrentamiento civil de estas características? Tengo tres hipótesis, que pueden correr paralelas. Los sectores no democráticos de la oposición residual, que desean que Evo Morales terminé ya, sin entender que el final debe ser democrático y por las urnas, o no habrá final; unidos a ellos pueden concurrir intereses de otros gobiernos que sienten que el MAS es una verdadera molestia en el continente. Otros grupos informales que tienen rencores profundos, porque han sido (o se sienten) lastimados, humillados, vejados, entre los que destacan los aparatos represivos del propio Estado. Finalmente está una caterva de psicópatas que creen que están haciendo la revolución (para ellos con mayúscula) y que caminan desde el gobierno hacia el enfrentamiento final, y de ellos se conocen varios con mucho poder de decisión e influencia sobre los actores de este encontrón. Entre todos pueden estar azuzando el conflicto, minuto a minuto.


No permitamos que esto suceda.


Protejamos a los marchitas del TIPNIS que caminan hacia La Paz.


Denunciemos las intenciones fratricidas del etnonacionalismo autoritario que gobierna Bolivia.