El problema está en que esta hoja (sagrada para algunos) contiene un alcaloide que es base para la fabricación de una droga cuyo tráfico y comercialización están prohibidos por una Convención Internacional que cuida a los seres humanos de su consumo indebido. Ni la coca ni la cocaína, pueden ser exportadas, vendidas, promocionadas, ni consumidas a nivel internacional. Pero el Presidente boliviano sufre la presión de las leyes de su país, que ha constitucionalizado los hábitos de uso y consumo del arbusto. Y Evo Morales va a explicarlo en Viena, o por lo menos esa parece ser la intención.
Pero lo que le van a preguntar a este famoso presidente sudamericano es por qué su país ha abandonado la Convención de 1961 que une las voluntades de todos los países y naciones para luchar contra el tráfico de drogas. ¿Por qué Bolivia está fuera de los compromisos contra la cocaína? Otros le van a preguntar a qué se debe que durante su gestión hayan crecido de manera desorbitada y sin control, las plantaciones del famoso arbusto. Y puede que alguno se anime y le espete de frente esto que ya se sabe en todos los corrillos, que el singular, simpático y folclórico gobierno boliviano, se ha convertido en un problema para todos los demás en el mundo, porque sin estarlo, desde lejos parece a veces un gobierno de narcotraficantes y eso es demasiado para soportar sin al menos denunciarlo en algún lugar, y qué mejor que Viena.Para más INRI, existe la seria duda sobre si Bolivia podría o no ser readmitida en la Convención de Viena, dando por los suelos la sorprendente estrategia masista de salir para entrar con reservas sobre el acullico. Podría suceder que las cantidad de votos necesarios para ello no se alcancen durante todo el año que tiene Bolivia para convencer a 184 paises signatarios, de que esto no es una grosería dilomática (si cabe el término) sino un puro juego de cintura del presidente futbolero de esas altitudes.
O sea que de acullico nada, o por lo menos muy poco.
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