19 de abril de 2016

UN PERFIL EQUIVOCADO

Escucho al diputado Borda en Dialogo en Panamericana y me doy cuenta que para el MAS el Defensor del Pueblo es innecesario. Borda lo confunden con un defensor de los Derechos Humanos. El Defensor del Pueblo no es un defensor de los Derechos Humanos (que también), sino un defensor del cumplimientos de la ley y de las normas frente a los abusos y atropellos del Estado.

Este concepto ha de ser difícil de comprender desde el populismo autoritario, porque ellos confunden el Estado con el pueblo, lo mimetizan, por lo que será inútil defender al pueblo de si mismo.

El error es de concepto y marca la diferencia entre democracia y autoritarismo. El gobierno de Morales es autoritario, porque considera que el Estado es la encarnación institucional del pueblo, cree que estar al servicio del Estado es lo mismo que estar al servicio del pueblo, que es el mérito más importante al que puede aspirar todo ser viviente. Al contrario, si criticas al Estado, estás automáticamente atacando los intereses del pueblo.

El estado es una maquinaria burocrática que defiende intereses que le son propios, que pueden ser cercanos o no a los intereses de la ciudadanía, pero que habitualmente tienden a proteger los intereses y derechos de unos en desmedro de los de los otros. A esa finalidad vista en su devenir histórico los marxistas le llaman "el contenido de clase del Estado"; una clase social se realiza a través del Estado, haciendo suya la historia.

En el caso del Estado plurinacional de Bolivia, ese contenido empieza a hacerse visible. Y esa visibilidad nos muestra lo imperioso de la tarea del Defensor del Pueblo, frente a un Estado cuyo contenido de clase está más ligado a la realización de los interesas de los productores de coca del Chapare y sus derivados, que a los industriosos burgueses de Santa Cruz, o los emprendedores de El Alto.

De un Estado mafioso, como expresa con preocupación la propia Iglesia Católica en Bolivia, si hay razones para defenderse.