5 de septiembre de 2016

DINOSAURIOS

Solo quiero describir desde la imaginación, una próxima Cumbre latinoamericana de Presidentes. En medio del salón, Evo Morales Ayma, de Bolivia, el más viejo de todos, el más desgastado, el con peor imagen junto a Maduro que seguramente ni asistirá siquiera.

El argentino Macri, a su lado, por lo del orden alfabético, no porque esté especialmente interesado. Temer del Brasil, acompañado de Serra el de Relaciones Exteriores, que tuvo la osadía de acusar a Morales de narcotraficante y a nadie se le movió un pelo en ese entonces. Ambos son los que quieren hablar con Morales sobre temas del gas, ambos están preocupados porque Bolivia ya no garantiza nada con sus reservas agotándose y sin inversión alguna que pudiera renovarlas. Morales también quiere hablar con ellos, pero no sabe cómo; del tren bioceánico, por ejemplo, porque le han chismeado que Macri y Temer no quieren poner sus bienes y mercancías a pasar por entre cocaleros y mineros, que al amparo de la irresponsabilidad de los movimientos sociales que capuja el gobierno boliviano, podría cerrar las vías, apropiarse de las mercancías, pedir rescates o matar algunos de vez en cuando.

Al frente, PPK del Perú, Pedro Pablo Kuczynski con quien ya se habrá encontrado un par de veces antes y que lo mira por sobre el hombro, como miran a los pastores de cabras los de la rancia oligarquía limeña. Horacio Cártes del Paraguay que está hace apenas dos años, luego de la crisis democrática en ese país y que terminó con la aventura del sacerdote y múltiple padre de familia que como presidente parecía una broma. Los socialistas Tabaré Vázquez y Michelle Bachelet son harina de otro costal, de la izquierda democrática, de la Internacional Socialista que en el mundo tiene clarísimo que Morales y Maduro son unos tiranos de quinta fila, a más que Michelle le hará el quite para ni saludarse con él. Para qué vamos a hablar del Presidente Santos de Colombia, que será el héroe de la jornada, gracias a la paz en Colombia, recientemente conquistada.

O sea que Morales tendrá que tomarse la consabida copa de después del almuerzo con algún tiranuelo de alguna de las variadas islas del caribe que fungen como países, de igual a igual en la reunión; o sentarse con Maduro en un rincón a contarse sus penas, mientras que el resto negocia sobre la Alianza del Pacífico que resultó ser el sistema de integración que capitaneará la economía y las decisiones latinoamericanas las próximas décadas y a la que, para sorpresa de muchos, Correa del Ecuador se quiere subir (ha de ser porque de entre todos este sí estudió en una de las mejores universidades del mundo y sabe lo que está pasando), dejando atrás las consignas de la ALBA cuyos estertores también serán parte de los comentarios.

Vaya panorama el de los abuelos del país sin renovación, Morales Ayma y Choquehuanca, anclados en un discurso que hace tiempo terminó y que es parte del anacronismo continental. No solo por protocolo se les acercarán los otros mandatarios, sino por la curiosidad de conocer a estos dinosaurios etnonacionalistas, sobrevivientes de la década del populismo autoritario que ya pasó.