ALTERNATIVAS

27 de octubre de 2012

¿CONTROLAR LAS REDES?

Ni el gobierno de Evo Morales, ni ningún otro gobierno, pueden controlar las Redes Sociales, o más allá, el flujo de información que circula en Internet, porque está técnicamente fuera del alcance de sus hábitos autoritarios. Los servidores está fuera del país, lo que los torna invulnerables a la aplicación de leyes y normas nacionales; cualquiera puede escribir lo que quiera desde cualquier parte, los mensajes circulan lejos del alcance de los esbirros informáticos contratados por el gobierno, encargados de reprimir, censurar y controlar la Red, como ha insinuado que hacen el Vicepresidente García Linera. La única posibilidad sería desconectar el ingreso de la señal de alguna red (pongamos Feisbuc o Tuiter, como lo ha hecho China en el primer caso), pero el impacto sería políticamente tan fuerte que no es aconsejable para ningún gobierno, inclusive aquellos más fuertes y dictatoriales que este, que gritan mucho, pero tampoco se animan.


Por otra parte, el espacio Redes Sociales es un espacio semi-público, no es público del todo, por lo que intervenir en él afecta a la privacidad de las personas, que está protegida aquí o en cualquier parte del mundo democrático. Es semi-público porque uno está entre "amigos"; como encontrarse con amigos o amigas en la esquina de una plaza y hablar mal  de alguien conocido, pongamos en este caso El Papa; podemos decir este Papa es un tal por cual y nadie debiera angustiarse por ello, incluido El Papa que vive en Roma; o podemos hablar contra el árbitro del partido del domingo pasado, y llamarlo como se acostumbra con cualquier árbitro: "este árbitro es un verdadero hijo de puta", y nadie (ni el árbitro que estará acostumbrado a ello por los gajes de su profesión) debiera molestarse  y menos acusarnos o censurarnos nada. Igual con los presidentes, alcaldes, ministros o diputados, entre amigos o en familia, podemos opinar de ellos lo que  nos dé la gana, así estemos en medio de un lugar público y alguien nos pueda escuchar si se encuentra cerca.

Ese es el caso del Feibuc o el Tuiter. Somos un grupo de amigos (en el primer caso) y de seguidores (en el segundo) que estamos comentando cosas privadas en un espacio que es semi-público. Nadie debiera angustiarse por ello, y menos censurarlo o impedirlo, eso es coartar la libertad de expresión.


Esto no quiere decir apoyar el racismo que se expresa en las redes, Feisbuc, Tuiter y todas las demás tienen reglas contra esto y suelen eliminar las cuentas desde las que se acostumbra hacer apología discriminadora. Hay que estar con la libertad de expresión, es un valor central de la democracia y no se puede perder; pero también hay que denunciar que existen personas que debieran callarse. Hay insultos y cosas que se escriben que no debiéramos permitir, que infringen las normas de la convivencia. Hay demasiado racistas, machitas, homofóbicos, misóginos o fascistas, que pululan ensuciando las redes. Los ciudadanos debiéramos denunciar la discriminación o la búsqueda sistemática de desprestigio contra cualquier persona, a las redes, que tienen sus sistemas de control y actúan en consecuencia.

15 de octubre de 2012

10 de octubre de 1982

El 10 de octubre de 1982, yo tenía apenas algo más de veinte años y vivía en Madrid, estudiando sociología en la universidad; pero además era representante del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria ante el Partido Socialista Obrero Español y otras organizaciones políticas y partidos de la reciente democracia en esa parte del mundo (el caudillo Francisco Franco había muerto el año 1975); Felipe Gonzales Márquez no era aún el prestigioso estadista como se lo conoce hoy, ni había logrado la Presidencia del Gobierno en España.



El MIR mantenía organizada en Europa una estructura de apoyo que funcionaba desde principios de los años 70 y que coordinaba entre bolivianos y europeos las relaciones de solidaridad y apoyo con la democracia en Bolivia; estábamos en varios países, pero principalmente en Alemania, Belgica y Holanda, desde donde una oficina en Amberes gestionaban proyectos para el desarrollo, en Bolivia o algún otro país que caía en la bolsa de refilón, porque gran parte del dinero venía a esta tierra sudamericana para apoyar la resistencia organizada contra la dictadura militar del Gral. Banzer. España no proporcionaba dinero pero si proyectos, y desde allí se sostenía el importante relacionamiento político, que repercutía en toda Europa, desde donde miraban a los españoles como el puente hacia Iberoamérica y lo que ellos opinaban se escuchaba con respeto, finalmente quienes mejores en Europa para conocer lo que aquí pasaba. Nuestro trabajo era trascendente.

Viajé a Madrid por primera vez el año 1978, a modo de darle satisfacción a mi madre que sostenía que un día de esos los milicos me iban a matar, por lo de andar pintarrajeando paredes, transportando panfletos prohibidos y asistiendo a reuniones clandestinas en la universidad; a pedido suyo me presenté a un examen para el ingreso ala universidad española ante la Embajada del Reino y lo aprobé, lo que me permitió levantar vuelo, el más largo en mi vida (hasta ahora me dura) y llegar a Madrid a estudiar la licenciatura en la Universidad Complutense. En el camino al aeropuerto, en el Paseo del Prado en la ciudad de La Paz, una compañera española, Raquel Jimeno (†)  a la que apodábamos Batu, por baturra, me entregó una carta de presentación a los miristas en España, lo que me permitió continuar desde lejos la aventura iniciada un par de años atrás en el Frente Universitario en la Universidad Mayor de San Andrés, y que duró hasta que el MIR dejó de existir.

Lo de llegar a ser representante del MIR en España, a mis tan pocos años, fue fruto de un sostenido trabajo que heredé primero de Fernando Aguilar Vasquez (†), quien retornó en diciembre de 1978 a su Cochabamba querida habiendo terminar un posgrado en cine, y que cristalizó cuando Carmen Pereira Carballo se fue de Madrid rumbo a Washington, donde Jaime Paz Zamora se reponía de las heridas y laceraciones sufridas cuando la caída de la avioneta en la que viajaba y de la que fue el único sobreviviente, en plena campaña electoral de 1980. Carmen se fue y me tocó reemplazarla, trabando así amistad con los dirigentes del PSOE, de los sindicatos y asociaciones de solidaridad, y del PCE, un partido comunista que terminó apoyando la monarquía y que renegó de la dictadura del proletariado, hasta engrosar las finas de la izquierda democrática europea, con la que yo terminaría identificado. Algo parecido pasaba en Bolivia con lo que llamamos “la izquierda viable”, el socialismo se podía construir paso a paso, en victorias parciales, para beneficio de los y las trabajadores(as) y las “grandes mayorías”, respetando las reglas y artes democráticas y la libertad. "Socialismo, Democracia y Libertad", era la consigna. Treinta años después sigo creyendo lo mismo.




El año 1982 fue un año clave para la democracia, en Bolivia y en España. En Bolivia se reconoció la victoria de la Unidad Democrática y Popular haciendo de Siles Zuazo el primer Presidente de nuestra primavera democrática que hoy empieza a languidecer, y en España los socialistas ganaron el gobierno en el que habrían de mantenerse durante 14 años bajo la conducción de Felipe Gonzales Márquez, un líder que conocí bien, porque al estar mi casa muy cerca de la vieja sede de ese partido, en la calle Santa Engracia casi haciendo esquina con Cuatro Caminos, solía llegar yo muy temprano a organizar mi trabajo y como las oficinas de Relaciones Internacionales estaban también en el sexto piso, Felipe, que llegaba antes que nadie, le daba vuelta al basurero en la puerta de su oficina y se sentaba allí a leer el periódico mientras esperaba la llegada de su secretaria, momento que era espléndido para conversar con él, de América Latina, de Bolivia y del MIR de ese entonces, que estaba como mi cabeza, lleno de sueños y de esperanzas.

Antonio Aranibar me había llamado a finales de septiembre por teléfono para instruir que allí donde hubiera representantes, se debía conseguir que los políticos amigos más destacados viajaran a La paz, porque D. Hernán Siles Zuazo no podía estar solo el día de su posesión; debían acompañarlo destacados líderes del mundo, como que así fue. Pero para mí eso era un problema, España estaba en pleno proceso electoral que ganarían nuestros amigos socialistas y nadie podía dejar la trinchera de campaña, por lo que decidieron enviar a La Paz a un querido socialdemócrata ya entrado en años, que para ese entonces era el Alcalde de Zaragoza.

Yo me sentí muy mal, imaginaba a Felipe Gonzales o a Alfonso Guerra al menos, acompañando una delegación solidaria. Entonces se nos ocurrió una idea en el grupo de miristas en Madrid y la compartimos con lo que restaba del Consejo de Defensa de la Democracia, que sin muchos ánimos decidieron apoyarnos: Demos una recepción –dijimos–, a la que invitemos a lo más connotado de la política, la cultura y la sociedad española, en nombre de Siles Zuazo y Paz Zamora, para festejar el nuevo gobierno democrático en Bolivia.

El CONADE tenía un prestigio bien ganado, porque cuando el golpe de Estado encabezado por García Mesa, fue con ellos que tomamos la Embajada de Bolivia a la fuerza y nos mantuvimos en ella varios días, en pleno Paseo de la Castellana, denunciando desde allí a la narcodictadura militar que duró tan poco. Fue desde las oficinas del Embajador William Bluske Castellanos, quien nos dejó hacer lo que debíamos hacer, como a buenos muchachos, hasta que llegó el representante de García Mesa y se sentó en ese escritorio diplomático, para su vergüenza, por el desprecio del mundo a su investidura. Manfredo Kempff Suarez se llamaba y fue durante meses el Embajador de la narcodictadura, mientras yo encabezaba la representación de la resistencia democrática. Teníamos ganado un lugar en la política democrática española.

Así que me fui a pedir ayuda a los amigos y me recibió el mismísimo Alcalde de Madrid, D. Enrique Tierno Galván, socialista de prestigio, quien luego de escucharme y emocionado por lo que estaba sucediendo en la épica historia en el centro de Los Andes, me regaló un fajo de billetes y me dijo: “haga la recepción en nombre de su país, yo estaré allí, entre los primeros invitados”.


Y contraté lo más elegante y sobrio posible, donde se realizaban las recepciones y cócteles más sonados de la política, la intelectualidad, la cultura y los de la alta sociedad madrileña, el Hotel Palace en plena plaza de Neptuno, en el centro de la Capital del Reino; preparamos los discursos, los bocaditos y el vino espumoso para la ocasión, nos vestimos de fiesta y el 10 de octubre de 1982 a las 8:00 de la noche, Juan Burgos Barrero, Carlos Agreda Lema, Mercedes Estévez Arias y yo, nos colocamos tras las puertas de los salones, para recibir a los invitados, y observamos con orgullo la fila hasta la calle, frente al Congreso de los Diputados españoles, donde estaban todos, encabezados por el Alcalde de Madrid, seguidos por el dirigente socialista Alfonso Guerra que en dos meses sería el Vicepresidente del Gobierno de España, los obispos católicos, los generales del ejército, los representantes del Rey, un grupo de altos funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores, hombres y mujeres de la cultura, el Cuerpo Diplomático en pleno, con todos sus embajadores vestidos con sus mejores galas y uniformes. Hasta la Pasionaria llegó en su silla de ruedas para rendir homenaje y dar un saludo a la Democracia Boliviana que empezaba a andar.

Alfonso Guerra, Vicepresidente del Gobierno español

Enrique Tierno Galván, Alcalde de Madrid

Dolores Ibárruri, La Pasionaria

Cuarenta y dos años después, nada está perdido. Lo que debe queda junto a esta mi historia del 10 de octubre de 1982, son otras muchas historias parecidas que suman el aporte ciudadano, en todas las trincheras de la democracia, la igualdad y la libertad, que mi generación levantó para edificar un futuro de paz y de convivencia. Recordar, reconstruir, recuperar para la memoria colectiva, es volver a abrir el único camino posible para el desarrollo sostenible y equitativo de un pueblo que lo merece con creces.

Por lo demás quedan los amigos, aquellos que están en tantas partes del mundo y que compartieron y comparten conmigo las huellas que quedan de semejante camino recorrido.

28 de septiembre de 2012

COMO SIEMPRE

Octubre de 2003, cuando se vino abajo el sistema de partidos de la “primavera democrática boliviana”.


Luego de ese episodio, tan popular y revolucionario, volvimos la Bolivia tradicional, donde grupos informales u organizados con fines corporativos, intentan suplir el rol de los partidos políticos; esto se legitimiza desde la cultura del subdesarrollo y la marginalidad, que nunca logró concebir y menos consolidar en nuestro país una democracia de partidos políticos, pero además se fortalece ahora gracias al discurso de lo posmoderno, que no llega poniendo en cuestión la funcionalidad de las instituciones políticas de la modernidad, siempre inacabadas en nuestro país, y que corresponden al concepto de Estado-Nación, hoy en crisis en el mundo entero.


Resultó que los partidos políticos y la política entre partidos no era “lo tradicional” en Bolivia, sino lo más novedoso, que duró apenas un par de décadas, para dejarnos la sensación de que casi pudimos hacerlo; esa sensación tan boliviana de que jugamos bien, pero terminamos perdiendo, como siempre. Lo tradicional, lo de siempre, resultó ser lo que vivimos hoy, como antes, la falta de constitucionalidad el irrespeto a las leyes, el desacato permanente, ante liderazgos incapaces de legitimarse a través del buen gobierno, del respeto a la voluntad ciudadana y popular, incapaces de contener y convivir democráticamente.


Los partidos políticos de verdad quedan para el recuerdo de un grupo nostálgico de quienes fuimos paladines de la democracia y que creamos instituciones creibles con capacidad para intermediar entre la sociedad y el Estado, resolviendo los conflictos en el marco de leyes y normas que empezábamos no solo a vislumbrar y construir, sino a creer en ellas y a respetarlas, cumpliendo los compromisos sociales, grupales e individuales que las democracias demandan de sus ciudadanos para funcionar.


¿Por qué se fue todo al diablo? Porque los actores de la primavera democrática construimos una institucionalidad “para nosotros” y al margen del gran país, la Bolivia Profunda, predemocrática y premoderna, incapaz de realizar el salto que se le estaba proponiendo; es decir, el país denostó la propuesta y no pudo tomar la transición dictadura-democracia como una “ventana de oportunidad” y transitar por ella. En su búsqueda legítima por la igualdad, la no discriminación, la equidad económica y la inclusión, que el sistema le negaba, encontró el sindicalismo minero y agrario, con su vocación corporativa de participación, fortalecida en sus expresiones informales e informalizadoras, como un espejo de la sociedad que los contenía. Ahí ancló el pueblo su voluntad y su destino políticos, construyó el MAS e inició esta aventura depredadora.


En medio está Colquiri, sin solución posible, porque no hay partidos, ni propuestas, ni proyectos de Estado, ni nada de nada, que pueda anteponer referencia y proponer un orden de solución institucional. Un diputado del MAS propone un referéndum que solucione el entuerto, como si no existiera un gobierno electo para hacerlo, de acuerdo a un sentido por el que votó la mayoría de los bolivianos. Solo hay la vocación depredadora de llevarse cada quien el mejor pedazo de la torta, que por el buen momento económico nos parece grande, aunque no lo es. La lucha está en las calles, las carreteras y los campamentos, como siempre fue.

19 de septiembre de 2012

Ha muerto Santiago Carrillo



El español comunista o euro-comunista que fue vital durante la transición española, luego de la muerte del caudillo y dictador Francisco Franco (1975) . Sin Santiago Carrillo es muy dificil entender la Democracia en el actual Reino de España, la consolidación de la propia monarquía, o el símbolo o emblema contemporaneo en la bandera actual de ese país. Valga este testimonio de la Cadena SER, la radio donde hasta sus últimos días Santiago Carrillo reflexionó y habló sin limitaciones, como un homenaje personal a esa excepcional figura:



 

6 de septiembre de 2012

OPONERSE SI, pero no así

La oposición política sigue atrapada en las redes del MAS y del gobierno de Evo Morales, que han tenido la cualidad de comunicar permanentemente a sus seguidores sobre las bondades del régimen, tengan o no razón, informen verdades o se obliguen a decir mentiras. Quienes por uno u otro motivo se oponen a lo que decide el gobierno (y no están presos o exiliados), continúan reaccionando a sus iniciativas, incapaces de incorporar temas propios en la Agenda Nacional.


Ramón Guillermo Aveledo me comentaba que en Venezuela la unidad de la oposición fue posible cuando los opositores dejaron de pensar en Hugo Chávez y de reaccionar a sus burdos planteamientos, todos los días, como movidos por un resorte. La oposición boliviana podrá empezar a caminar el día en que dejemos de mirar, pensar y avergonzarnos de lo que hace y dice Evo Morales Ayma, y empecemos a preocuparnos por la gente, los pueblos y las culturas que habitan esta única nación. Nuestra nación.

El régimen derl MAS ha tenido la capacidad de mostrarse como iniciando una nueva era en la historia de Bolivia (todo se hace por primera vez, todo es un hecho inaugural), así, si alguien se opone a lo que dicen y hacen, resulta un conservador que quiere frenar el avance popular. Hay que salir de esa callejuela; debiéramos concentrarnos entre otras cosas en definir lo que significa el gobierno etnonacionalista y autoritario que rige los destinos patrios, hoy por hoy. Sostengo que no es nada nuevo, sino parte (y de las más tristes y pobres) del rumbo que abrió la Revolución Nacional de 1952. Tan es así (y repito) que el régimen cocalero no ha podido crear hasta ahora una sola empresa o entidad que reproduzca para el país el fruto de su trabajo; seguimos viviendo de YPFB y de COMIBOL, que son las empresas de la Revolución, la de verdad, la de 1952. El aporte de la coca-cocaína a los ingresos nacionales, y las deformaciones que esto conlleva en la formación social de la Bolivia de hoy, son desde ya delincuenciales y pasajeros ante la historia.

De ser esto así, la propuesta de la oposición estará también enmarcada bajo el horizonte abierto por esa Revolución, y nos evitará tener que inventar y experimentar con propuestas que de poco creíbles se tornan demagógicas; nos permitirá entender que todo proceso y todo bloque social alternativo de poder, tendrá la virtud y la posibilidad de concentrarse en avanzar por sobre las limitaciones del populismo masista (en Bolivia es posible ser oposición progresista), sin tener que restaurar nada, porque nada ha sido destruido en el fondo (no hay revolución masista), sino debilitado, reencaminado, reformado, contrahecho, etc. Eso nos evita los discursos restauradores sobre algo que nadie quiere volver a vivir.

Los conservadores en Bolivia son los militantes del etnonacionalismo autoritario que ante la incapacidad de modernizar, democratizar y otorgar condiciones económicas para que los sectores dinámicos y productivos se desarrollen en el marco de una nueva economía capaz de generar riqueza y distribuirla lejos de la informalidad, nos proponen un camino que raya en el límite de lo delincuencial, propulsando actividades informales como el contrabando, la corrupción y el narcotráfico; para ello hay que retrotraer la actividad estatal a los límites ensayados sin éxito el siglo pasado, o más allá aún, rescatando "usos y costumbres" arcaicas, dignas del mundo tribal, con las que contábamos para vivir en sociedad, incluso antes del encuentro entre las grandes culturas del siglo XV o XVI, cuando la llegada del Imperio Español a estas tierras.

La oposición debe dejar de quejarse y se debe ocupar de resolver sus problemas internos, rearticular la confianza, renovar los liderazgos, construir la unidad, mostrar que la colaboración es la nueva manera de encarar el desarrollo, ser verazmente democráticos para que podamos creerles. Esto es posible con las reglas establecidas para competir por el poder y constituir un nuevo gobierno los próximos años, ya que tenemos  la posibilidad de vivir una segunda vuelta electoral, así la oposición no logre caminar unida del todo en la primera vuelta. Queda claro que Morales no aguantará una segunda vuelta, él contra uno solo (autoritarismo versus democracia, censura versus libertad, confrontación versus cooperación, modernidad versus anacronismo), que esta vez le puede ganar y apartarlo democráticamente del poder, con la condición de no ser un Frankeistein, armado a pedacitos de entre tanto muerto del reciente pasado.