ALTERNATIVAS

23 de febrero de 2018

¿Y AHORA QUÉ HACEMOS?

Repitan conmigo, porque es un asunto principal. Estos son los elementos que cada grupo o plataforma tiene que resolver para enfrentar los desafíos del 2019:

• Organización
• Comunicación
• Liderazgo
• Propuesta
• Dinero

Si tenemos los cinco puntos caminando, nadie podrá detenernos, porque tenemos la razón y la verdad de nuestro lado.

No se trata de esperar que otros lo hagan, tenemos que hacerlo nosotros, los ciudadanos. ¡Cada quien en su grupo de referencia!

La Plataforma Ciudadana Me Comprometo ha editado un tutorial, me subo a ese carro, vamos a verlo:


En el barrio, con los amigos, en la oficina, en el centro de trabajo, en el colegio o las universidades, en las iglesias, en el partido político que no funciona, en el exterior del país. Esta es la mejor forma de lucha fruto de la experiencia del 21F: las REDES DISTRIBUIDAS. Los grupos se organizan por afinidades, por eso cada uno tiene su personalidad y trabaja sobre temas que le interesan.



Un grupo donde prime la confianza, pónganle un nombre, reúnanse cada semana, preparen un buen sándwich, una bebida  sin alcohol porque estamos trabajando.

También se pueden organizar grupos virtuales, en Whatsapp, por ejemplo, sin importar dónde estén los asociados. Grupos pequeños de no más de diez participantes; si son más grandes son ingobernables.

En cada encuentro hay que intercambiar información, traer y llevar noticias. Escuchar a los otros es muy importante. Decir nuestra palabra también, por eso en cada encuentro deben darse tareas, ponerse plazos, evaluar el trabajo realizado.

Somos independientes. Somos autónomos. Nadie nos manda. No somos escalera de nadie. Nos estamos preparando para el 2019.

¡BOLIVIA DICE NO!

¡VAMOS A EMPEZAR!



Lectura recomendada: EL PODER DE LAS REDES

2 de febrero de 2018

PASO A PASO... CAMINANDO

La reciente encuesta de Página Siete aclara en mucho el panorama. Primero porque no figura Carlos Mesa cuyo nombre distorsiona los resultados si es verdad que no se va a presentar, y segundo, porque muestra que si bien la intención de voto para Morales Ayma baja, baja y baja, al otro lado no hay nadie que realmente suba, suba y suba. El 30% de Costas y Doria Medina (sumados) no es sino una distribución de quienes desde la oposición preferirían votar por Mesa y ahora se ven obligados a escoger por otro.

Entre que votarían por algún otro y el no sabe/no responde suman 34% y ganan la elección. Esto reafirma la percepción de un tercio azul, otro tercio opositor y otro tercio de indecisos, para redondear en bruto y trabajar en consecuencia. Yo sostengo que un 20% va a votar, sin importar quien sea, por aquel que demuestre que realmente puede enfrentar a Morales Ayma con un mínimo de posibilidades de éxito. El resto es a conquistar, estamos hablando de un 50% del electorado.

Hace tres años que vengo explicando a quien me quiera oír, la importancia de reconstruir un relato que rivalice con el desgastado discurso etnonacionalista del MAS, que ha mostrado vigencia hasta ahora, representando el sentir de los sectores más pobres y marginales de la sociedad boliviana.

Porque para ser alternativa se necesitan al menos cuatro cosas, a saber: a) Una organización política vigente jurídicamente, con los papeles en orden, y organizada territorialmente; b) Un liderazgo fuerte, a tiempo que carismático; c) La narrativa que explique lo que somos y señale futuro, y un programa de gobierno, sintético, fácil de comprender y actualizado; y d) suficiente dinero para encarar el desafío.

Ahora que las agrupaciones ciudadanas, las plataformas y los colectivos han tomado protagonismo y demostrado que al masismo decadente se lo puede frenar y vencer, aparece la necesidad del RELATO. Veo circulando en las redes no solo esa preocupación, sino intentos de estructurar semejante narrativa, pero hay tres problemas casi insuperables.

El primero es que ninguna agrupación, plataforma o colectivo ciudadanos tiene personería jurídica que los habilite a participar en las futuras elecciones; por lo que tendrán que enfrentarse, a la hora de armar candidaturas, con las cerradas expresiones de los partidos existentes, que si bien están dispuestos a hacer hasta lo imposible por contener nuevas adhesiones, difícilmente pueden mantener en su seno expresiones tan disimiles y cambiantes como las de los grupos ciudadanos, como lo han demostrado hasta ahora.

Segundo, porque la estructura orgánica de los partidos responde a la mentalidad analógica del centralismo democrático, que no da espacio a la organización ciudadana, que con mentalidad de una red distribuida, se autoconvoca por causas, afinidades e intereses. Cuanto más se fortalece la estructura sectorial de los partidos en desmedro de su organicidad territorial, menos democrático resulta su funcionamiento, y las cúpulas de siempre terminan dominando la estructura y no representando a nadie. Sabedores de ellos, o intuyéndolo, los ciudadanos se niegan a compartir el espacio de representación que han conquistado en las calles.

Y tercero, porque no hay relato alternativo posible si no está arraigado a la historia del país, en lo más profundo de sus raíces. Todo relato nacional tiene que explicar lo que estamos viviendo empezando desde la colonia, siguiendo por la República y aterrizando en la ensalada plurinacional. Los colectivos y las plataformas no tienen esa posibilidad, son entidades nuevas que, repito, se organizan alrededor de causas, afinidades y/o intereses muy concretos.


Cuatro son las cosas que hace un partido político para ser tal. Recoge las demandas de la población y las convierte a un programa de gobierno, y organiza la representación política de la sociedad en el espacio estatal para expresar y conseguir esos fines. Finalmente, OTORGA SENTIDO al conjunto del quehacer social, señala una meta, muestra una dirección, esboza un camino; hace lo que necesita y no tiene la oposición democrática, para pasar de pura oposición a ser una alternativa. Pero es condición para ello el gozar de credibilidad suficiente, sería difícil enlazar el colegio médico con una propuesta que incluya una nueva política de hidrocarburos, por ejemplo.

Esas cuatro cosas no pueden hacerse desde un grupo de vegetarianos, o la promoción de bachilleres de un colegio, o desde un sindicato. En el momento en que se quiere encarar este desafío desde un grupo o una asociación civil, esta se convierte necesariamente en un partido o agrupación política, pero al no tener personería y validez jurídica, el momento de los quéhubos se convierte en nada, como si no existiera.

Lo que toca hacer ahora es eso, pero desde un partido político. ¿Podrán las anquilosadas estructuras analógicas de los partidos entender esto y actuar en consecuencia? Hay que mirar. Hay que busca. Hay que intentar. No dudo que se puede lograr. Hay que prepararse para dar el salto.

31 de enero de 2018

CONTRA VIENTO Y MAREA

Uno de los grandes problemas que tienen los partidos políticos en Bolivia es que sus dirigentes no distinguen bien sus roles en el partido de su responsabilidad en las instituciones estatales donde trabajan; los dirigentes no saben diferenciar lo que se tiene que hacer en el partido político, separádolo de la gestión gubernamental bajo su responsabilidad.

Por ejemplo, los masistas insisten en que han construido teleféricos y carreteras, y creen garantizar así el voto de sus seguidores, diez años después, justo cuando la gente empiezan a dudar de mantener a Morales Ayma en el poder. No bastan los teleféricos para revivir la esperanza y menos la credibilidad de los discursos preparados para ganar indefinidamente las elecciones, mentira tras mentira.

Esta no es una deformación masista solamente. Les pasa a todos, según la concentración de poder que les corresponde y los años que la ejercen, sea regional o municipal. Es un defecto de la cultura política nacional, del populismo boliviano que cargamos sobre nuestras espaldas.

En las calles no es tan así. Cada vez más y con insistencia se renueva lo antipartido en el seno de las organizaciones ciudadanas, más espontaneas y poco duraderas que los partidos, pero dispuestas a adaptarse mejor a la realidad gelatinosa de hoy, que cambia todos los días. Estas plataformas son la base de la autoconvocatoria ciudadana que ha logrado épicas victorias contra el autoritarismo masista y que pueden vencer la más importante batalla: hacer respetar el voto popular, expresado en el resultado del referéndum del 21F. ¡Bolivia dijo NO! es la consigna.

Porque estas plataformas se organizan de forma distribuida, lo que les permite expresar con libertad sus consignas e intereses, que pueden ser variados y sorprendentes. Son burbujas en el aire, como en las redes sociales: los vegetarianos y veganos por acá, las promociones de colegios por el otro lado, los católicos de la pastoral del barrio junto a los médicos vestidos de blanco, y en medio, ayudando con todo lo que pueden, los partidos políticos tratando de atraparlos a todos... y no pudiendo.

Y los partidos no pueden culpar de ellos a los ciudadanos; somos los ciudadanos los que debemos responsabilizar de esto a los partidos. Los partidos se creen irremplazables porque la ley impide que ningún otro tipo de organización participe en las elecciones, lo que es un cuello de botella, que impide que las plataformas se proyecten. Los partidos parecen gatos esperando a los ratones, porque saben que los liderazgos emergentes tienen que tocar sus puertas si quieren proyectarse en algo el año 2019.



¿Alguien cree que un partido político, o todos juntos y al mismo tiempo, pueden organizar algo como la Marcha Mundial este 21 de febrero? Que los bolivianos en La Paz, en Roma y ojala que en El Cairo, vayamos a salir a las calles, las plazas y los caminos para defender el 21F?

Los partidos mantienen como forma de funcionamiento la vieja tradición de centralismo democrático, vertical y disciplinado, estamentado y jerárquico y no pueden dejarlo de lado sin correr el riesgo de que se les subleve la base solicitando cambios, de ideas, pero sobre todo de liderazgos; esa es la razón de semejante confusión de roles. Los partidos no quieren cambiar nada, ni un milímetro, porque tienen miedo que los invada el pueblo.

Y allí está la madre del cordero, el partido que quiera proponerle futuro a la sociedad boliviana, tiene que adaptar sus estructuras hacia una mentalidad distribuida, tiene que pensar digital. Los partidos analógicos están muertos.

24 de enero de 2018

¡VAMOS BIEN!

Nadie ha dicho mucho sobre el valor de la Red Internet y las redes sociales que en ella se mueven comunicando a cientos de miles de personas y abriendo, así sea pequeña y de corta duración, la deliberación ciudadana entre los bolivianos. La capacidad de AUTOCONVOCATORIA ha crecido exponencialmente los últimos años y está a la base de la protesta ciudadana, por uno y otros temas, destacando desde luego la política, donde se han logrado ya sendas victorias sobre el oficialismo tiránico del régimen masista. Más importante aún que las victorias puntuales es la cultura política en Red que estamos adquiriendo; esa no nos la quita nadie.


Eso hay que destacar. Hemos superado la etapa de conocer y escuchar, hemos aprendido formas de adhesión significativas y hemos alcanzados grados de actividad importantes en la tercera etapa que es la de la participación; hemos ganado las calles también desde las redes. Queda aún mucho por hacer, el siguiente peldaño habla de la interacción, la capacidad de acordar ideas y acciones sobre el conocimiento y la confianza mutuas que estamos construyendo; eso viene solo, lo que hay que garantizar es una amplia base abierta y participativa como la que hemos instalado los bolivianos hasta hoy.

Felicidades Internautas
Felicidades Activistas
Lo estamos haciendo bien

14 de enero de 2018

EL INEXISTENTE "TRANSFONDO POLÍTICO"

El régimen encabezado por Morales Ayma en Bolivia considera que las protestas contra el Código del Sistema Penal tienen un trasfondo político y acusa a los partidos de oposición de azuzarlas.

El régimen olvida que la discusión de un reglamento penal que establece y tipifica los delitos en una sociedad va a provocar protestas siempre; por ejemplo, decir que el contrabando es un delito va a provocar el descontento inevitable de los contrabandistas, y esto no tiene trasfondo político alguno.

La protesta de los médicos y de los profesionales en salud, tocados en sus intereses, tuvo la virtud de poner sobre el tapete de la disputa, los errores, vacíos y equivocaciones de una Código mal redactado, frente al cual se han generalizado los rechazos tanto por razones de los principios democráticos que están siendo limitados o conculcados, como de intereses sectoriales y particulares de grupos o gremios que en una sociedad altamente informalizada consideran atentatorio que sus actividades se tipifiquen fuera de la ley.

Si a esto le sumamos que quienes están encargados de ejecutar la justicia y juzgar quiénes y cómo están cometiendo los delitos que establece el nuevo Código, es decir, los fiscales que acusan y los jueces que juzgan, no son sino marionetas que responden a la voluntad de lo que quiere y considera correcto Su Excelencia, entronado por ello como un tirano cualquiera, podremos entender el efecto global de la protesta y la simpatía que esta provoca en una gran mayoría de la población.

¡Sigamos movilizados hasta abrogar el Código Penal masista! Esa es la consiga, y puesta así pareciera tener un trasfondo político, aunque en origen no sea así.

Lo que si tiene es una consecuencia política. Cuando Morales Ayma y el MAS decidieron en contra del pueblo y de su decisión expresada en sendos referendos de limitar el mandato del Presidente so pena de convertirlo en un tirano que gobierna por encima de las leyes, cuatro vías para permitirle re-re-re-repostularse, buscando su re-re-re-reelección, culminó toda credibilidad en sus intenciones y llegó el descrédito de su palabra, la Constitución dejó de ser Constitución, la Ley dejo de ser la Ley, y solo quedó la voluntad y/o el capricho del Jefazo, bajo cuyos designios vivimos ya desde hace años.

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En ese entonces, quienes observamos a diario las aristas del poder, dijimos que ante todo ese poder concentrado en esas únicas manos, no habría forma de evitar esa repostulación, que se impondría a sangre y fuego de ser necesario. Pero también dijimos que esa repostulación ilegal tendría un costo tan alto, que la imagen del caudillo llegaría al momento electoral en diciembre del próximo año 2019, hecha jirones. Y así vamos.

La consecuencia política del reclamo popular contra el Código Penal, redactado por el MAS en beneficio de sus propios intereses, es parte de esa caída en picada que nadie ha trazado, ni planificado, ni impulsado siquiera, como quieren ver los masistas en su delirio paranoico, sino que llega como consecuencia previsible, ante la actitud mentirosa del Primer Mandatario, que ha develado ante todos y todas, que lo único que quiere es quedarse en el poder, si posible hasta el día de su muerte.

¡Muera el Código del Sistema Penal plurinacional, carajo!