19 de febrero de 2008

LASTRE


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Ahora que la COB llama a una huelga para que el gobierno aumente los salarios un 10% (que compense la inflación del pasado año, no la prevista para este, que puede ser mayor) pasa a ser un lastre para el cambio y la revolución, en boca de García Linera, Vicepresidente; el mismo que proclamaba que la Central Obrera era la vanguardia organizada de la case obrera. Qué falta de respeto –digo yo–, qué falta de valores u olvido sediento de poder. Lo sindical resulta un tema instrumental para el señorito: Mientras quiero llegar, codo a codo en la lucha callejera, y ahora, apoltronado en la testera, resulta que los amigos son un lastre con el que hay que terminar.



Como estoy en el gobierno, digo digo donde antes dije diego, que hasta se puede entender de las promesas electorales, pero que es una actitud miserable cuando se trata de traicionar las ideas y los principios que al político le otorgan cuerpo y sentido en la política. Pobres las sociedades que tenemos que cargar con ello, como la nuestra… más pobre que ninguna.



Recuerdo a Gonzalo Sánchez de Lozada, antes de ser Presidente, cuando Senador de la República, hincado en medio del hemiciclo del Senado, implorando al entonces Presidente, D. Hernán Siles Zuazo, que aumentara los sueldos porque a los bolivianos no nos alcanzaba el dinero, ni para comer siquiera. Un par de años después, como Ministro de Planeamiento (?) y cabeza del gabinete económico en el Gobierno de D. Victor Paz Estenssoro, los salarios congelados, solicitando austeridad, paciencia y sacrificio, así no hubiera que vestir ni que comer, porque había que salvar a la nación de la hiperinflación de entonces, con radicales medidas monetarias que nos pusieron al borde de la inanición general. Y a quien se opusiera, palo con él. Igual Linera. Sostiene sin sonrojarse que la vanguardia sindical no es más que un lastre con el que tiene que cargar la revolución que él lideriza, mientras Evo la encabeza, porque sus dirigentes han equivocado el camino, convirtiéndose en conservadores, por el simple hecho de hacer lo único que la COB hace desde chiquicientos años atrás: solicitar un aumento de salarios; por cumplir con su función y su trabajo.

Una de las reformas institucionales, pero también culturales, que necesitamos es la de los sindicatos. La Central Obrera Boliviana y muchas de las centrales departamentales y subcentrales, sirven para poco. No les sirven a los trabajadores, que cuando tienen un problema laboral no recurren a su sindicato, sino al Ministerio de Trabajo (o alguna de sus delegaciones), que juega el rol de defensor de los derechos laborales ante los abusos patronales. Tampoco ningún trabajador puede reivindicar el haber disfrutado otros servicios, porque los sindicatos bolivianos no han producido ni una bolsa de empleos, ni un sistema de créditos para sus afiliados, o un plan laboral de vivienda, ni una universidad obrera para los hijos de los trabajadores, ni una agencia de viajes especializada en turismo sindical. Eso sí, la afiliación es obligatoria, aunque nadie cotiza un centavo a su sindicato.



Cuidado ahora. Cuidado con que los de toda la vida decidan apoyar a la COB que antes combatían y que siempre despreciaron, porque nos es útil, ahora sirve por un rato, esa actitud es la que forma parte de nuestra catástrofe repetida impenitentemente. No me cabe duda que ellos estén pensando en financiar esta movida, esta huelga, esta manifestación, contando con la vieja debilidad sindical de gente que se corrompe con cuatro pesos, porque no sabe bien para qué está, ni como llegó a presidir ese pedazo del sindicato, cuando en realidad era un comerciante informal y algo contrabandista que pasaba por allí.



Dos cosas han quedado como actividad sindical de tradición: un arrogarse ser la vanguardia revolucionaria y querer jugar un rol en la toma del poder político desde los sindicatos, cuando llegue la revolución verdadera, que se quedó en una tradición contestataria contra las decisiones gubernamentales, que sirve para horadar permanentemente la legitimidad de las débiles instituciones estatales y hacernos creer a los pre-ciudadanos bolivianos que el camino es corporativo y, una vez al año, por estos meses de febrero o marzo, salir a las calles y bloquear los caminos pidiendo un justo aumento de salarios.

Anotemos: una de las cosas que debe cambiar son los sindicatos. No debemos generar o apoyar ninguna propuesta que no tome en cuenta y diga con claridad qué vamos a hacer los bolivianos con las federaciones y las confederaciones de toda laya que andan y pululan el país, sentando tradición, hábitos, valores, creando y recreando cultura política. Quien quiera hacerle una propuesta alternativa al país tiene que proponerlo, la voz en alto, para no estar instrumentalizando a los trabajadores y pidiendo ahora sus apoyos, para mañana dejarlos de lado y decir, como Linera, que son un lastre y un problema.