16 de noviembre de 2008

Y LOS ESCUPIRÉ DE LA BOCA


Esta última semana, la segunda de noviembre, se ha producido un reventón de posibles candidaturas. García Linera se ha dado el lujo de comentar displicentemente su falta de preocupación por lo que haga o deje de hacer la oposición, porque para existir —ha dicho—, la oposición tardará por lo menos cinco años en reestructurarse. Como van las cosas parece que dice lo cierto.


Unos y otros, los viejos líderes han manifestado que tienen la intención de cabalgar por sí solos diferentes candidaturas nacionales, cuando hasta el sentido común alerta sobre el perjuicio que significaría la dispersión.


Inmerso en un fortalecido proceso, que reclama legítimamente por la participación e inclusión de los marginados y excluidos, el MAS seguirá construyendo una vanguardia política, que ha mostrado ser resultado de la incapacidad de gestar, desde otras perspectivas, una o varias propuestas alternativas para la renovación del sistema democrático, y de un proyecto estatal que represente a la Bolivia productiva, de trabajadores, empresarios, artesanos, comerciantes, profesionales, cuenta propias y demás sectores de la sociedad industriosa desde las ciudades.


En la oposición parecen haber dos cálculos egoístas: a) el de me presento ahora, amenazando con ir solo, hasta que se consolide el grupo que me apoya y entonces, solo entonces, me apresto a negociar, porque así podré alcanzar una mejor posición, un mejor lugar en cualquier futura coalición, o b) vamos cada quien por su lado, para negociar luego de los resultados, que mostrarán quien es más fuerte y representativo; el acuerdo se haría sobre una base realista de “a cada quien, según sus resultados”.


Ambas opciones son contrarias a la renovación desde la oposición: “que se renueven todos menos yo”, parecería la consigna. Construir una propuesta alternativa significa antes que nada trabajar un acuerdo que garantice por lo menos tres cosas: a) la reposición del debate público y democrático entre los ciudadanos, b) la construcción de estructuras orgánicas que prefiguren la refundación modernizadora del sistema político y c) la edificación participativa de un programa para la reconstrucción de la República (sobre todo en el terreno de la economía, ya que la inclusión indígena, las autonomías regionales y la redistribución de la riqueza son procesos irreversibles).


Madrugar una candidatura, cualquiera que esta sea, es evitar el debate, la negociación y los acuerdos, alrededor de los cuales deben emerger las nuevas propuestas, las nuevas formas orgánicas de participación ciudadana y LOS NUEVOS LIDERAZGOS que requiere la sociedad. Es la más grande de las irresponsabilidades políticas. Es lo que quiere y necesita el MAS.


Hay que hacerlo al revés. Hay que conversar e iniciar un proceso de acercamiento, que acuerde los principios éticos y políticos alrededor de los cuales se va organizar la unidad desde la oposición (una o dos o tres tipos de alianzas), las bases del programa que se propone y que representará los intereses de la base social que cimiente la convergencia, y el tipo de organización que se pretende construir*. En la organización está la clave del asunto, porque para reproducir caudillismo, prebendalismo, clientelismo y patrimonialismo, mejor no hacer nada. Que no se diga que la superación de esos males se puede lograr desde un candidato iluminado, se trata de la ruptura de la cultura política (sino miremos el MAS y la recurrencia de esos errores). La nueva organización de la política es la base de la reforma intelectual de la política. Ese es el cambio que la República y la ciudadanía necesitan.


A quienes se opongan a caminar el duro camino de la convergencia política y ciudadana habrá que tratarlos como Jesús a los tibios: habrá que escupirlos de la boca, habrá que sacarlos definitivamente de la historia y que dejen, de una vez, avanzar a quienes vemos en la crisis, más que una sombra de iniquidad que nos aplaca, la oportunidad de sembrar y cosechar lo nuevo, que nos impulsa.


* No es lo mismo un programa desde los pocos ricos para resguardar su patrimonio, a otro de las clases medias, los trabajadores y los productores, desde la Bolivia que busca el desarrollo, la productividad, la mejora de la calidad de vida, la competitividad. Como no es lo mismo el programa antiproductivo y rentista — etnonacionalista como el del MAS — de los sectores agrarios más atrasados, o de aquellos de grupos de miseria extrema, atizados como al lumpen, que solo pretenden expropiar, confiscar e incautar, en beneficio propio; menos aún el proyecto cocalero que pretende desde el gobierno, beneficiarse del desacato permanente a la ley y la corrupción, para sus propios planes delincuenciales.