29 de marzo de 2009

La matriz indígena


Me dice Guillermo Cuentas, viejo amigo, con quien me encuentro en el (Café) Berlín del Sur (en La Paz) y nos ponemos a conversar una buena media hora, café irlandés incluidos, que el aporte del MAS a la historia es haber incorporado la matriz étnica a la construcción de la política nacional. “Ha convertido la matriz étnica en una categoría política” —me dice— y es verdad; "a partir de la emergencia victoriosa del MAS los indígenas son y serán parte sustancial de nuestra historia, han llegado para quedarse". “Ya era hora” —le respondo—. Él está de acuerdo.

Ya era hora, porque ningún país puede institucionalizarse ni como Estado ni como nación, si una cuarta parte de su población permanece marginada del proceso. Hay que reconocer el aporte del MAS y explicar que si hubieran concentrado su ambición en hacer eso bien hecho, habrían formado parte de un continuum histórico que desde la Guerra del Chaco rematará en un Estado boliviano, seguramente plurimultiple en muchas cosas, pero republicano y democrático. Como el MAS cree que su razón de ser va más allá de la inclusión (que era la demanda original de sus bases), nos embarcó en un proceso que a la inversa, lo convertirá en una mancha abominable; algo así como un garabato fallido, un lapsus histórico, aunque esto sea ya especular demasiado.

El tema es la matriz indígena. El MAS, en tanto que racista y no movimiento ciudadano, quiere hacer de esa matriz la principal en el debate electoral. Quiere que nos concentremos en el valor indígena de los candidatos, a ver cual es más y mejor indio, para encabezar las formulas de la oposición. No está logrando malos resultados: Los cruceños embanderan a Sabina y a Victor Hugo, Joaquino se postula en Potosí, Alejo Vélez desde Cochabamba, cada uno proclama su ser indígena como principal cualidad.

¿Por qué le interesa al MAS que pongamos así las cosas? Porque ese es su terreno. Frente a cualquiera de los mencionados, el MAS puede movilizar digamos que veinte mil campesinos, si no más, que los señalen como los indios malos, como los traidores, porque desde la “matriz indígena” ellos ya han posicionado un indio bueno y les va a durar. Les pregunto a los futuros candidatos: ¿Si Evo Morales los enfrenta de esa manera, desde la “matriz indígena”, puede cualquiera de ellos contrarrestarlo con otros veinte mil, con cincuenta mil?

Se trata de instalar las candidaturas fuera de la matriz indígena, sin desconocer su importancia y su peso relativo, pero quien encabece las opciones de la oposición, así sea descendiente directo de Mama Ojllo y Manco Kapac, debe situarse en la matriz democrática, que es la categoría de la oposición. Desde allí podemos movilizar siete o nueve ciudades que le reclamen la libertad y la democracia a Evo Morales y le digan “autoritario” y “dictador”.

Sin negar la validez y la importancia de las otras matrices que sustentan el proceso político boliviano (la étnica, la regional, la de clase), es la más política de todas, la democrática, la de los derechos humanos y civiles, la que nos corresponde embanderar; si no, estaremos en desventaja y no podremos construir una propuesta alternativa al etnonacionalismo que nos malgobierna.