4 de febrero de 2010

Los Choferes

Esta vez hay que apoyar al gobierno y reconocer que sus intenciones pueden hasta dar buenos resultados. Hay que destacar que el decreto que ordena la suspensión definitiva de los permisos de conducir a los choferes del transporte público que lo hagan en estado de ebriedad, es una norma diseñada en beneficio de la comunidad y no a favor de uno u otro grupos, como suele suceder habitualmente con estos decretos.

Y los choferes han reaccionado en contra, por lo exageradamente duro de la medida. No sé qué es lo que pretenden, si proponer que se les retiren los permisos solo a medias, o si se tenga que medir la intensidad de la ebriedad descubierta, si solo mitadmente ebrio maneja solo la mitad del camino, si ochenta por ciento ebrio, solo sirve para chofer del auto donde viaja la suegra del que lo contrate, etcétera, etcétera.

Por mi parte comentar que en mi último viaje por tierra, en la Flota Nasser, entre La Paz y Oruro, a más de tocarme ver de ida y vuelta Rambo I y Rambo III (que debiera merecer una sanción de parte de la autoridad competente), tuve que sufrir una gotera sobre mi asiento que me obligó a viajar sentado de costado, no sin antes quejarme el conductor y pedir ayuda. En la cabina estaba el conductor con una buena bolsa de coca a su lado (hay un grupo que propugna el no consumo de esta hoja y sus alcaloides, mientras se conduce, por muy aborigen que uno sea o se crea) y váyase a saber si algo de aguardiente para acompañar el “pijchu”(1); el ayudante reaccionó conmigo como si también hubiera consumido de esas cosas, es decir, violenta y agresivamente, con mala educación de sobra y hasta físicamente, cuando quise tomarles unas fotografías que demostraran su estado.

Algo de fotos pude hacer, acá están el bus, la placa, el techo con la gotera y una foto del ayudante que logré hacer cuando estaba distraído.

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Desde luego que al llegar puse la respectiva denuncia en la policía de tránsito y ante ODECO, pero vaya dios a saber qué sucedió con eso y si a más de una nota formal en un cuaderno, alguien hizo algo con los infractores.

(1) Llámese “pijchu” a la acción de masticar las hojas de coca con el objetivo de extraer y consumir su contenido, normalmente acompañando el hecho con una “legía” o cenizas vegetales que actúa como catalizador para acelerar el proceso.