6 de mayo de 2010

La Pescadilla (que se muerde la cola)


1. La oposición no existe, sino opositores aislados y sin coordinación entre ellos, frente al gobierno y la gestión de Evo Morales Ayma, el Jefazo, preocupado ahora por conseguir reconocimiento universal, el Premio Nobel de La Paz incluido. Algunos líderes del pasado, acusados de neoliberales y/o vende-patrias están en la cárcel o el exilio, los otros dispersos y callados por las amenazas, los apresamientos y los juicios, otros intentando ganarse la vida en un mundo adverso, que les impide visitar las oficinas de gobierno y encarar una gestión como cualquier ciudadano. No son pocos los inescrupulosos o muy necesitados (en esta vida también hay que comer) que han terminado pasándose a las filas del MAS y se han acomodado por ahí, silenciosos y camuflados para ganarse un sueldo.

2. Los “movimientos sociales” en las calles y azuzados como multitud, han concentrado su fuerza en votar por Evo y movilizarse a favor del cambio (tú me das un millón y yo te doy cien mil de cambio), o mejor, en contra de la resistencia al cambio, llevándose por delante cualquier vestigio institucional que pudiera significar freno o coto a las malas o buenas intenciones gubernamentales; los movimientos sociales han mostrado su organización y su poder ganando elecciones y acorralando opositores; el “pueblo” masista ha conseguido imponer a sangre y fuego una nueva Constitución. En su nombre y bajo ese amparo, Evo Morales ha tomado el control de los poderes del Estado que ahora son serviles y obsecuentes a lo que indique y mande el buen Jefazo.

3. García Linera, como cabeza ideológica del Proceso de Cambio, ha señalado el camino: primero fue el “capitalismo andino-amazónico” que nadie entendió de que se trataba y que duró muy poco como premisa. Luego vino el “socialismo comunitario”, aunque más allá del postulado no hay una sola señal, una institución o alguna nueva empresa, donde poder ver un ejemplo, así sea pequeño, de cómo es eso del “socialismo comunitario” funcionando. La economía, la institucionalidad, las manifestaciones político-culturales del etnonacionalismo, no han mostrado disponer de algo concreto del mentado cambio, que se pueda advertir fuera del viejo modelo productivo del capitalismo de estado. El cambio sobrevive sobre las estructuras del pasado.

Las empresas que sostienen la “nueva era”, la del Estado Plurinacional, incuban una burocracia incapaz y corrupta, que ha llevado a la ineficiencia y al estancamiento productivo. ¿Un ejemplo? Y de los buenos: desde 1954 que Bolivia era autosuficiente en carburantes líquidos (salvo excepcionalmente el diesel oil) y ahora importamos diesel, gasolina y gas licuado. El aumento de los ingresos estatales no se debe al aumento de la producción hidrocarburífera (algo hay de aporte desde la minería), sino de los precios de las materias primas y (detalle importante) la renegociación de los contratos con las empresas transnacionales que no es fruto de la nacionalización, sino de la Ley de Hidrocarburos promulgada por el extinto mirista Hormando Vaca Diez, cuando su fugaz Presidencia en el Senado.

4. El “Estado Aparente” que dicen querer convertir en un estado integral, no camina en esa dirección, lo que si ha logrado es construir una “Democracia Aparente” -como le llama Walter Reryesvilla-, donde las instituciones existen, pero no funcionan. Han servido como espacio de movilidad social, como escalera económica de los otra hora marginados (la apertura de esa puerta de inclusión indígena es lo rescatable, porque es lo único donde hay un verdadero cambio), pero son incapaces de cumplir su rol para mediar y solucionar los conflictos de la sociedad y menos para canalizar iniciativas o inversiones productivas, vinculadas al desarrollo nacional o local.

5. Ahora toca sentir el Cambio en los bolsillos y el resultado es un incremento salarial del apenas el 5%. El planteamiento gubernamental es razonable, porque el crecimiento de los indicadores en la economía no condice con el estancamiento productivo, y sin crecimiento de la producción, cualquier aumento es inflacionario. El Ministro de Hacienda prefiere seguir las recetas neoliberales del libre mercado que subirse al vagón demagógico de lo comunitario (“yo le meto nomás”). Hay que destacar que Arce no es un ministro masista, sino que viene del socialismo ilustrado, más cercano al PS-1 o a la izquierda democrática de antaño.

Pero “el pueblo” no sabe de esas sutilezas. El pueblo cree que este gobierno ha recuperado los recursos naturales y que ha crecido la riqueza a distribuirse, tanto que da para comprar misiles, aviones presidenciales y otros lujos, y quiere su parte. Imaginemos mañana, cuando la discusión y aprobación de los estatutos autonómicos y la transferencia de competencias y r-e-c-u-r-s-o-s a las Autonomías regionales, departamentales, municipales e indígenas, los enfrentamientos y bloqueos de esta semana en Caranavi serán como un te infantil, frente a lo que se siente venir. Hasta los prefectos del MAS, con nuevas competencias en sus manos requerirán lo que dice la ley: recursos económicos para gestionarlas. El pueblo exige, demanda, quiere ver que se cumplen las promesas.

6. No hay dinero para encarar la gestión de los compromisos y expectativas inflacionados por el Cambio, ya que los recursos han vuelto a disminuir (no hay ya los gastos de libre disponibilidad de los cheques venezolanos) al haberse equilibrado el crecimiento internacional de precios y dado que la subvención a los bonos se ha convertido en una nada, frente a la subvención al precio de los hidrocarburos escasos, sumando la  importación que ha crecido hasta llevarse una gran tajada del total de los ingresos nacionales. Y eso no lo controla el gobierno, o mejor dicho lo descontrola, ya que las empresas nacionalizadas están volviendo a ser lo que eran hace décadas, un nido para las pegas de activistas ineficientes, gobernado por unos pocos corruptos de siempre.

7. Ha llegado la hora del conflicto social. La gente sale a las calles a pedir lo suyo, y no hay institucionalidad capaz de frenar esta salida que mañana puede convertirse en un desborde, porque la poca institucionalidad democrática la han hecho pedazos los masistas en este su camino de construcción de la “democracia aparente”. O alguien va a recurrir por ejemplo, al Defensor del Pueblo, cuando, todos sabemos que es un funcionario puesto por Evo Morales a su servicio, lo mismo que los fiscales, los jueces, los tribunos del Constitucional, los diputados y senadores de la mayoría asamblearia plurimúltiple, junto a los chicos del nuevo poder electoral a renovarse en agosto. ¿Habrá alguien que confié en la institucionalidad del etnonacionalismo autoritario, para la solución de los conflictos que se vienen?

8. Y lo más grave. ¡No hay a quien echarle la culpa! Ni neoliberales, ni oligarcas, ni logieros, ni vende-patrias o pro-imperialistas; si están todos exiliados, presos, perseguidos, desarticulados, acallados o comprados.

¡Oh, sorpresa! ¿Y ahora, quien podrá ayudarlos? Ni el Chapulín Colorado.

Esta película ya la hemos visto muchas veces, sabemos cómo es en Bolivia y en muchos países del mundo entre las naciones pobres, aunque no sabemos cuánto dura. Lo que si sabemos es como termina.

O sea que colorín colorido, este cuanto se ha estido.