15 de octubre de 2011

NO al engaño electoral

Ha llegado el momento de las elecciones judiciales, un experimento único en el planeta Tierra, que convoca a la población de un país para que legitime a través de su voto (que es obligatorio en Bolivia) la elección de jueces y magistrados con jurisdicción nacional, que han sido previamente escogidos por el partido gobernante y avalados por Su Excelencia, el omnímodo Presidente Evo Morales Ayma.

Recordar que la convocatoria a la presentación voluntaria de los candidatos (solo abogados, desde luego) incluyó la presentación de los correspondientes méritos (sobrevaluando la experiencia sindical) y una presentación oral de 20 minutos, frente a los legisladores que ni asistieron siquiera a escuchar las horas de cháchara pre-electoral. Llegado el momento de la votación en la Asamblea Legislativa, se presentó la lista por orden alfabético y sin ninguna referencia personal, a la que votaron los masistas, haciendo honor a su contundente mayoría, de acuerdo a una lista ya pre-establecida.

[caption id="" align="aligncenter" width="220" caption="Candidato(a) electo(a) como juez o magistrado"][/caption]

El Órgano Electoral Plurinacional, a través del Tribunal Supremo Electoral (para resumir se le apoda “La Banda de Ovando”), convocó a las suigéneris  elecciones para el domingo 16 de octubre: Prohibido hacer campaña, no se pudo apoyar ni criticar a ningún candidato, la prensa antes de hacer una entrevista debió hacer aprobar el cuestionario por la propia Banda de Ovando. Y el para el día de la votación, no hay control electoral, ni delegados ciudadanos en las mesas, ni observadores nacionales de ningún tipo, no se permiten resultados a boca de urna, se suspende el uso de la tinta indeleble, tampoco hay copias de las actas de escrutinio o si las hay, no hay nadie a quien entregárselas.

Resultado, un día antes de las elecciones, el 90% de los potenciales electores no conoce ni puede mencionar siquiera un nombre de candidato en su región; tampoco sabe la gente qué es lo que está votando y eligiendo, ni para qué. Lo que sí se sabe es que hay la posibilidad de un fraude monumental que le permita al gobierno decir, si o si, que ha triunfado y que los bolivianos somos los únicos seres humanos en el mundo mundial y en la historia que hemos elegido a nuestros jueces por voto universal y directo.

¿Para qué? Para tres cosas: 1) para avalar desde la justicia todo lo que decida el Gobierno nacional, así sea contra la ley, como acostumbra (“una justicia que defienda al Estado, que es de todos”, dicen), 2) para que desde la próxima semana se acreciente la persecución judicial a los opositores (políticos y periodistas fundamentalmente), y que no haya fiscal ni juez donde defenderse y 3) para que Su Excelencia tenga quien le diga que ¡SI!, cuando pregunte si es legal el volverse a postular para un tercer mandato como Presidente plurinacional. Ese es el fondo-fondo del asunto; para eso nos han metido a todos en este lío y han previsto semejante fraude.

Por eso la gente ha dicho que va a votar NULO. Para no avalar con su voto obligado la designación de una caterva de obsecuentes, que se harán llamar magistrados con mayúsculas. Hay muchos que han decidido no ir a votar pese a las sanciones, otros que piensan que es mejor votar en blanco.

Abstención + votos en blanco + votos nulos = rechazo ciudadano y popular al engaño electoral.

El gobierno sabe que el voto rechazo será contundente y puede llegar a ser definitivo. Yo pienso que estas elecciones son el peor error que el MAS ha cometido y que marcarán un antes y un después, más claro aún que el pasado “gasolinazo” de diciembre del 2010.

Para curarse en salud, la Banda de Ovando ha anunciado que no se contabilizarán los votos blancos o nulos, y que los resultados desglosarán solamente los votos que sean válidos. El Vicepresidente de lo plurinacional –Álvaro García– ha remarcado que con solo 131 votos o más, cualquier juez elegido gozará de legitimidad. Desgraciadamente para ellos, la diferencia entre votos válidos y votos emitidos puede llegar a ser tan grande, que no habrá manera de ocultar el rechazo popular.

A más de todo ello, un segundo factor que será determinante el día de mañana, es la absoluta desorganización. No solo que la gente no sabe ni cómo ni para qué votar, sino que las reformas introducidas en las maneras y los medios para emitir el voto, generarán una enorme confusión. Desde los dos millones doscientos cincuenta mil metros cuadrados de papel que han sido necesarios para imprimir cinco millones de una enorme papeleta de 90 x 46 centímetros, con casi cincuenta fotografías y nombres cada una, en cinco columnas de cuatro colores, hasta el recuento de veinticinco millones de votos (porque cada ciudadano votará cinco veces) a mano y sobre una hoja de papel tamaño resma, que nadie sabe a qué hora terminará, rellenado en la noche y entre cuatro, un acta sobre la que no hay garantía alguna de que no pueda ser cambiada por otra en el camino, sin que nadie pueda reclamar o denunciar nada de nada.

Esto es una broma de mal gusto. Imaginarán ustedes las razones, más que suficientes para salir a votar, marcador en mano y unas ganas enormes de tachar.