7 de junio de 2014

Unidad política y Control electoral

El próximo 14 de julio inscribimos candidatos. Ese es el día y tiene 24 horas, es decir, como nos pasa cada vez, hasta las 23:55 seguiremos esperando que el Candidato de la Unidad y la Democracia se inscriba, para enfrentar este caudaloso derroche irresponsable del dinero público, la ineficiencia de las instituciones gubernamentales, el crecimiento sin límites de la burocracia estatal, la mega-corrupción que ha penetrado todos los aparatos estatales, la inseguridad ciudadana, la caída en picada de la calidad de la educación, el narcotráfico cuyo ramaje se ha extendido de manera orgánica entre los y las gobernantes, el mentado autoritarismo, la centralización y concentración del poder, la dependencia de poderes alrededor de la voluntad omnímoda del jefazo, la paralización de las autonomías regionales y el autogobierno, el culto a la personalidad y el caudillismo… en fin, el combo plurinacional que está ahogando las posibilidades productivas y creativas que hacen al desarrollo de cualquier país y que los bolivianos no podemos ver, porque hay mucho dinero circulando frente a nuestros ojos.


¡Insisto, luego existo!: Solo una candidatura de unidad que cubra como un paraguas y sin complejos el arco político-ideológico entre el liberalismo y la izquierda democrática, puede lograr enfrentar con resultados óptimos el apoyo que ha conseguido el clientelismo, la prebenda y el patrimonialismo, cuya cultura de la corrupción y el engaño arropa al gobierno de Evo Morales Ayma. Sin candidatura de unidad, todo esfuerzo será vano, ya que la falta de esperanza y perspectiva ciudadanas dispersarán el voto, impulsarán la abstención y dejarán sin opciones a quienes esperamos emprender una gran batalla.


Si Rubén Costas y Samuel Doria Medina no se ponen de acuerdo, no solo la historia deberá juzgarlos. Nosotros, los ciudadanos que tenemos esperanza en la grandeza de miras de quienes nos representan, sabremos aquilatar el tamaño de su egoísmo y no dudaremos en exigir que se entierren en el basurero de la historia (como se dice). Así como se hará campaña por apoyarlos si hay unidad, se vomitarán sus nombres si priman los intereses particulares sobre los democráticos. ¡No tienen derecho a hacernos eso!


Si alguno de ellos piensa que puede ganar polarizando, quiero recordar dos dificultades. El que pudiera polarizar, como lo hicieron antes Tuto Quiroga o Manfred Reyesvilla es el gobernador cruceño Rubén Costas, porque ocupa ese espacio político y representa a esa votación, de una ciudadanía fundamentalmente restauradora, es decir es la derecha democrática, pura y dura; pero no tiene acceso al voto en los departamentos andinos, está limitado a los amazónicos; no puede subir los Andes y él lo sabe. Samuel, en cambio, se presenta y se jacta de ser un centro progresista (hasta pensamos en un momento que pudiera incorporarse a la socialdemocracia internacional), con ese rostro difícilmente podrá convocar al voto restaurador, si este mantiene desde oriente otra candidatura. No habrá polarización, no habrá un polo de atracción. Perderemos como en la peor guerra la oportunidad de pelear un parlamento equilibrado, de lograr una segunda vuelta presidencial, lo perderemos todo, salvo los cuatro dispersos diputados que puedan ganar cada uno de estos estériles candidatos por separado.


De Juan tenemos que dejar de hablar, a estas alturas con apenas 4% de apoyo, no le suma sino le resta a Rubén, no hay posibilidades de un acuerdo suyo con Samuel, y solo quedará marginal y matará a su partido, como sucedió en Sucre y en el Beni. Que vaya solito a quitarle unos cuantos votos paceños al MAS.


El otro asunto a considerar es el fraude electoral. Lo que estoy advirtiendo son las claras condiciones que lo hacen posible. Sobre el Tribunal Electoral pesa la desconfianza, porque ha quedado claro que está parcializado y es obsecuente a los designios y maniobras de los gobernantes interesados en prorrogar a como dé lugar su permanencia en el poder. Junto a ello, el control que ejercen sobre los poderes legislativo y judicial, hacen posible la intervención solapada para manipular y cambiar el voto y los resultados de la votación. Si a esto sumamos la falta de compromiso con los valores democráticos y el absoluto desprecio hacia la voluntad popular que se expresa en las urnas, no me cabe dudas de que se recurrirá al fraude, o a lo que se tenga que recurrir, para alcanzar la mayoría necesaria, ahora y mañana.


Por eso es imprescindible organizar el control y la observación electoral, construyendo un acuerdo de las instituciones, organizaciones y grupos con capacidad de denunciar la manipulación del voto. Hay que esforzarse por conocer el obscuro interior del padrón electoral, que ahora es un Secreto de Estado y sobre el cual pesas interrogantes de fondo. Hay que organizarse para dar a conocer la inequidad del uso de recursos, públicos y privados, que están al servicio de la campaña de los partidos, lo mismo que para seguir en detalle la votación en cada recinto electoral y transparentar el escrutinio. Finalmente, hay que contar con recursos para una verdadera auditoría electoral una vez concluida la votación y conocido los resultados.


Unidad y control. En eso estamos.