ALTERNATIVAS

7 de abril de 2011

Dilema pospresidencial

Vaya lio para los ex-excelentísimos. Después de que Evo Morales Ayma les ha insultado ante propios y extraños, mentándoles la madre y diciéndoles de todo y algo más, mientras ellos calladitos  aguantando humildemente la verborrea, con la procesión de diablos caminándoles por dentro; y después de haberseles iniciado juicios por delitos económicos y políticos, con fiscales obsecuentes y ante jueces parcializados y sumisos a lo que mande Su autoridad. Ahora van a simular que necesitan pedirles consejo.

En realidad no interesa la poca o mucha ayuda que puedan brindar y sus opiniones menos, sino simular un país unido ante un reclamo que debiera atenderse como parte de una estrategia nacional, por encima de los intereses o rencores personales; por ello mismo debiera plantearse al revés, consultado primero y decidiendo después. Pero no importa el contenido, lo que vale es el envase, para consumo interno (que se necesita y mucho) y para exportar.

Lo correcto: Consulto, escucho y luego decido, para garantizar el consenso y la unidad. No es primero decido, lo anuncio, amenazo, peleo sin arte con los amigos chilenos de apenas ayer, me meto en el lío hasta el cogote, para después los invito a sumarse como borregos que vienen a apoyar la singular iniciativa, les parezca o no.

Y los ex-presidentes, buenos o malos, condenados hace tiempo por el poder político, vilipendiados todos los días los últimos seis años por neoliberales y vende-patrias, el pasado lunes 11 de abril a las 16:00, en el que fuera también un lugar de su trabajo al servicio del país, el Palacio Quemado, en fila y a decir que sí, porque quién de ellos va a ir a decir nones, que lo del juicio internacional me parece una burrada, si con ello solo confirmarían que son los viles traidores al destino patrio.

Yo no hubiera ido de ser ellos, hubiera inventado un urgente viaje por motivos de salud a Groenlandia; pero si no ivan, fementidos igual. Vaya carga personal, como ya dijo uno de ellos una vez, "cuanto pesa amar a Bolivia a veces".

31 de marzo de 2011

engañados... despechados

Si pasados cinco años de gestión, el Presidente del Directorio de un banco o una empresa cualquiera, el Director de una ONG, o el Rector de una universidad, nos viene con el cuento de que un colega, de una institución con la que se compite y con la cual no se ha tenido una buena relación, lo ha engañado, ensoñándolo con el reflejo de espejitos y baratijas, como solían hacer los conquistadores europeos con los incautos aborígenes del sur, lo mínimo que se puede decir de él es que no merecía ocupar la responsabilidad de Director y se le solicita la renuncia, o se lo despide ignominiosamente. También se puede decir, bajo la mesa, para no desprestigiar a la institución, que se trata de un perfecto imbécil por dejarse engañar así y durante tanto tiempo.

Lo que no imagina nadie, en el mundo moderno –racional y burocrático– es que el “haber sido engañado” sirva como argumento para seguir ejerciendo y seguir haciendo de las suyas, o que avive ánimos comprensivos y aliente simpatías. Pero así es el mundo de los colonizados, así es la cultura de la servidumbre, donde la incapacidad, la falta de idoneidad y la torpeza, suelen no verse o disculparse, fruto de la victimización, del otro estigmatizado de astuto, del otro artero, del otro malo; hoy sería del otro imperialista, neoliberal u oligarca.

Se deben estar contando chites en los pasillos de La Moneda (ahora que la derecha pura y dura habita en ellos), de los más grotescos y discriminadores, tan del primer mundo como se sienten los chilenos. Finalmente los afectados no son ellos, a los que les habrá entrado una nueva curiosidad antropológica por saber como funciona el "raciocinio" de los habitantes de pasada la cordillera, con quienes es tan divertido negociar alrededor de cosas que parecen serias. Los afectados somos nosotros, una vez más y de las peores, que quedamos pobretones, ignorantes e incapaces de construir confianza; en el ostracismo de la historia.

29 de marzo de 2011

los elegidos

Miro Libia y pienso en Bolivia. No porque se parezcan los nombres, sino por el origen político (la matriz de origen) de quienes gobiernan ambos países, cuya raíz es la misma. Una raíz antidemocrática e ideológicamente fundamentalista, que cree efectivamente que el líder de la respectiva Revolución es un elegido por el destino, por Alá el Misericordioso o por la Pachamama, que para los efectos finales da exactamente igual. Ambos han de ser una "reserva moral" de algún pueblo.

Estas cosas siempre terminaron mal. Imagino una futura victoria democrática en las urnas en Bolivia, de la oposición democrática y progresista (imagino nomás, porque no hay nada real que me lleve a pensar que eso sea posible) y veo a un grupo etnonacionalista y autoritario, encaramado en el poder, incapaz de abandonarlo y justificando su actitud en un "yo soy el elegido". Y me da "cosa" el solo pensarlo.

Llego más lejos. Pienso en Chavez o en Correa, y en sus ejercitos de soldaditos de juguete, desplazados hacia las fronteras, visualizando y propagandizando un enemigo externo para calmar los ánimos de dentro. Y también vienen de la misma matriz, tienen los mismos orígenes.

26 de marzo de 2011

el MAR, otra vez



No quiero hablar sobre el mar. Sé que los estrategas gubernamentales han decidido cambiarnos gas(olinazo) por mar, obligándonos a discutir enajenados, lo de la soberanía y la cualidad marítima perdidas. ¡No me da la gana!

Para curarme en salud, quiero aclarar que apoyo militantemente la causa nacional (?)* del Mar Para Bolivia, tan cara a nuestros anhelos e irrenunciable a nuestra voluntad. Pero dudo de la sinceridad y la capacidad de quienes nos gobiernan para encarar el tema, conociéndolos como los conocemos ahora, incluidos los chilenos.

Dudo, porque he escuchado a Evo Morales y a García Linera denunciar a quienes utilizan esta causa en beneficio propio, cuando políticamente les va mal, y creo que su reconversión es una actitud oportunista, mezquina y falta de sinceridad, como toda forma marrullera que se acomoda donde más le conviene.

Dudo porque con igual facilidad rompieron el camino esbozado y trabajado desde la década de los 70 (propuesta Banzer-Pinochet incluida), cuando bajo la Presidencia de D. Walter Guevara logramos en la OEA un primer triunfo contundente sobre Chile, con el reconocimiento continental de la causa boliviana; un camino que fue apoyado por las fuerzas políticas sin distinciones (que pudo haberse consolidado como una marca de Estado para Bolivia), que era la multilaterización política del enclaustramiento boliviano, tratando de convertir nuestro problema en un “verdadero problema”.

Frente a ello, he visto a Evo Morales, embarcar al país en la propuesta del dialogo bilateral y aceptar la tesis y la agenda chilenas sin chistar (beso va y beso viene con la Presidente Bachelet) y ahora, al calor de la necesidad, intentar el vaivén del retorno a la multilateralidad, judicializando el problema, como si Chile fuera Leopoldo y la Corte Internacional de la Haya un fiscal cualquiera, de los que deciden a voluntad de Morales, por encima del derecho y de la jurisprudencia. Cuidado, que los chilenos tienen no solo buenos abogados y una de las mejores diplomacias del continente (mientras nosotros hemos concluido por destruir la nuestra), sino razones jurídicas de peso para defender sus argumentos.

No quiero caer en esta trampa mediocre del gobierno etnonacionalista y autoritario. Me niego a hablar del mar en esta época, y por lo tanto, mejor me callo.

¡A engañar a su abuela, carajo! * Nota sobre la nacionalidad: ¡Ahora y para esto hay una causa nacional! ¿De cuál nacionalidad estamos hablando, de entre las 36 reconocidas? ¿De los Lecos, los Ayoreos, los Tapietes, de los Urus? ¿La causa marítima de los Yaminahua? ¿O estamos hablando de la nacionalidad no reconocida, acusada de colonial y alienante? Para esto si sirve –según los masistas, la nacionalidad boliviana– la nacionalidad de los sin nación, de los otros, de los que estamos desterrados a vivir en el limbo, aquellos que el estado plurimultiple califica como los grupos mestizos que habitan las ciudades. Si entramos en este juego demostraremos con creces que somos tontos.