9 de agosto de 2012

BATMAN RETURNS

Tres veces no son casualidad. La primera pareció sospechosa, algo inusual, comprometiendo una visita personal del Presidente plurinacional al ex Presidente Paz Zamora en ‘El Picacho’, el pasado 15 de abril, día de su 73 cumpleaños; sin historias ni complicidades compartidas, poco tendrían para conversar, salvo política pura y dura: cómo van las cosas, qué se debe hacer y qué no, cómo estás, qué me das, las cosa que puedo hacer por ti; así de simple.


La segunda vez fue en acto público y supo a coincidencia.



Pero la tercera vez, en el acto oficial del Estado plurimultiple, un 6 de agosto, quiere decir que a sabiendas alguien lo puso en la lista (así no les gustara a los demás) y que el invitado, solícito, se lanzó de viaje, avión y carretera de por medio, que desde la andaluz Tarija no es fácil llegar a Oruro, donde la vida es tan duro; además para tragarse lo de los “ríos de sangre” (me disculpará el ex Presidente –dijo Evo–) y aguantar que lo citen de testigo presencial al recordar que la corrupción fue un mal endémico de todos los anteriores gobiernos, incluido el suyo (el nuestro, porque yo estuve allí, así sea dirigiendo las políticas de juventud que no pesan mucho y pagan tan mal).


El Presidente Evo tiene su propia interpretación de la historia y cualquiera puede tener la suya –dijo Jaime (cuya apresiación sobre Bolivia es diametralmente opuesta, o léase sino el Mirista 9)–, como que múltiples interpretaciones hay y seguirán habiendo.  Demasiado condescendiente con el discursillo de plazoleta, deslenguado y sin profundidad ni conocimiento, que dijo Evo Morales, como para que Jaime Paz o yo nos lo creamos.


¿Qué busca Evo en el Picacho, al borde del río Guadalquivir y al lado de la tumba de Nestor, que yace ahí enterrado por su hermano? Base social le sobra, pero el cimiento político se le ha venido a menos el último tiempo; imagino que busca abrir la frontera del sureste, atrapar Tarija y Santa Cruz; y ciudar los mil millones de dólares anuales de la Gobernación tarijeña, que no son poca cosa. Y como de amoralidades está hecha la política según cuanto más arriba uno llegue, el MAS puede hacer en Tarija lo mismo que está haciendo en el Beni, fabricar un aliado circunstancial, sin importar que sea noeliberal o proimperialista y colonialista, como ellos dicen. Finalmente después de los “ríos de sangre”, tampoco sería de sorprender un chapuzón en un charco de mierda –deben pensar en este caso de ida y vuelta, para sus adentros, los unos de los otros–.


Evo Morales no las trae todas consigo, sabe que se ha debilitado lo suficiente como para recurrir a los que con tanta rabia denostó desde un principio. También ha de ser parte de una estrategia para evitar la rearticulación de una generación entera, la de la democracia, que dividida entre Juan, Samuel y Jaime seguirá en su diáspora, evitando cuestionar desde ahí la hegemonía masista de este tiempo. Esta afirmación puede verse aventurera, pero unidos Samuel o Juan, podrían intentarlo.


¿Y qué busca Jaime en esta historia? Él mismo, no lo sé muy bien, salvo lo que quieren los expresidentes cuando ya están viejos: quedar bien ante la historia, reivindicarse de cosas que no hicieron; pero los amigos son otra cosa, y los amigos de los amigos, hasta llegar al último mirista que se allegue a tiempo y que ya debe estar planeando cómo subirse al carro…, como que me lo dijo de pasada el otro día uno de ellos, muy amigo, como invitándome a no perderme el tren: es la política real, es la plata, las pegas, el poder… no es el ciberactivismo en Feisbuc.