3 de septiembre de 2015

DOBLE CARA

Es interesante el discurso polivalente del MAS:

Cuando de la carretera partiendo el TIPNIS se trata, o del Centro de Investigación Nuclear y sus aceleradores en Mallasilla, Evo Morales declara con la seguridad de un estadista que sabe lo que está haciendo para su país, que se construirán con la gente a favor o en contra, sin importar lo que opinen ni las muchas manifestaciones que puedan convocar. Cuando de la re-re-relección se trata, aún a sabiendas de lo ilegal y anticonstitucional, entonces está el discurso sobre cómo hay que obedecer al pueblo, y como el pueblo pide a gritos la re-re-re entonces no les queda otra.

Tuto Quiroga tiene razón, cuando reclama coherencia. Explica cómo en un discurso hacia afuera Evo Morales exige a Chile que cumpla su palabra y que sea consecuente con las promesas y ofrecimientos realizados a Bolivia las décadas pasadas, de otorgar -dice- una salida útil y soberana al mar sobre las costas del Pacífico, y los bolivianos entendemos que ese es el argumento central de nuestra demanda ante el Tribunal Internacional de La haya. Pero para adentro de casa, no importa las veces que Evo haya comprometido su palabra, que puede borrarla también cuando quiera.


Así no se construye patria ni se educan buenos ciudadanos. Más allá de que se ponga en marcha o no el plan de re-re-re que tiene el MAS para perpetuar su rosca corrupta en el poder, los y las jóvenes bolivianos están creciendo con el peor de los ejemplos; diez años después de esta sarta de mentiras y engaños, repetidos y cotidianos, han de creer que así de ladina es la vida y que todo se puede decir y hacer con tal de alcanzar objetivos egoístas y particulares, muy lejos de la solidaridad y del bien común que es la máxima con la que desde siglos se han formado las democracias y las sociedades de occidente, desde los griegos de hace treinta siglos, hasta los bolivianos del mañana, porque habrá que rescatarlos un día.