ALTERNATIVAS

2 de julio de 2012

¡ateos!

Me gustó que en medio del desfile de las diversidades sexuales en La Paz, estuvieran los “Ateos de Bolivia”, no porque sean una extrañeza sexual, sino porque existen, aunque no se manifiesten nunca. Por lo menos reavivó mi escepticismo religioso. Al que tan poca importancia le doy desde hace ya tiempo.



Ateo no soy, me defino como un Agnóstico Apateista,  es decir que tengo serias dudas de que exista algo parecido a un dios, pero que no tengo posibilidades de asegurar que no existe; por ahí sí existe y no me doy cuenta. Pero si es así y realmente existe, tampoco importa mucho, porque nada cambiaría; exista o no exista, todo seguiría exactamente como está ahora. O sea que, seguramente no hay dios y tampoco tiene por qué importarnos mucho.

Un letrero que portaban los Ateos Bolivianos la noche del Orgullo Gay: “Las religiones son como las luciérnagas, que para brillar necesitan de la obscuridad”

29 de junio de 2012

BLANDO Y FLEMOSO

El suceso paraguayo, mostró de pronto y sin aviso que un Presidente podía ser destituido en apenas un zipizape, que duró un día y medio, de juicio sumarísimo, sin opción a defensa verdadera, y puso sobre el tapete del debate latinoamericano lo que está pasando con la institucionalidad democrática, cada día más débil y venida a menos. Una pena por Lugo que no merecía tan injusto desenlace y una pena por Paraguay, que demostró ser una nación bananera, como aquellas otras que cohabitamos en la región.

En la Bolivia plurinacional han pasado cosas parecidas, no con el Presidente, que muy asentado está sobre sus mayorías, populares y parlamentarias, que le garantizan gozar y abusar de su inmerecido pero legítimo poder, sino sobre los desgraciados gobernadores de departamentos de la fugaz “Media Luna” opositora, que sufrieron iguales arbitrariedades, teniendo que irse, sin que nadie pudiera defenderlos, a pesar del voto popular que los ungió en su momento.

Esto como introducción, porque a lo que quiero referirme es a la inconsistencia discursiva que se ha mostrado en Bolivia alrededor de este problema venido de Asunción. Inconsistencia que viene atravesando transversalmente los discursos de la política nacional (parte de la cultura política del desafortunado populismo boliviano, acunado con el MNR y ensalzado al límite por el MAS, pero del que no está exenta la oposición en su conjunto), quitándole contenido y sobre todo, restándole una cualidad indispensable a todo político(a): la falta de compromiso, la blandura flemosa entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace. Esa ha sido en otras partes (también en Bolivia lo hubo) y durante siglos, una cualidad de los gobernantes; de los grandes gobernantes, que marcaron el destino a las naciones.

El cortoplasismo boliviano en la política nos va a hundir en la desconfianza permanente, acentuando este creer que las cosas se dicen y se hacen solo para beneficio particular en la coyuntura; el estar al sol que mejor calienta ese ratito nomás. Lo de Lugo es un gran ejemplo.

La oposición democrática en Bolivia, si quiere ser consecuente con su rechazo a lo que ha denominado golpe institucional contra los gobernadores departamentales, Leopoldo Fernández en Pando, Cossio en Tarija o Suárez en el Beni, no puede apoyar ni justificar, en ningún caso, la destitución del Presidente Lugo en el Paraguay, que siguió el mismo camino.Al revés, el Gobierno boliviano, etnonacionalista y autoritario, que impulsó y reconoció la destitución de facto de los gobernadores y alcaldes de la oposición, utilizando maniobras arteras pero eficaces, no puede defender a Lugo, que fue destituido también bajo el imperio de las leyes paraguayas.

Lo demás es puro acomodo.

21 de junio de 2012

El Censo 2012 o los Bolivianos en el Limbo

Esto del censo 2012 y la controvertida pregunta (existencial e identitaria) sobre lo que cada quien es, étnica y culturalmente, va a traer problemas, porque solo una parte de la población tendrá la oportunidad de señalar con qué grupo cultural se identifica; el resto seremos nadie. La boleta obliga a señalarse como solo "bolivianos", pero en esa estamos todos, incluidos aquellos que optan por una pertenencia según origen y quienes no; finalmente todos somos bolivianos.


En el mundo de hoy y en la Bolivia de hoy, uno puede ser hijo(a) de inmigrante japones mezclado con menonita de origen canadiense, tener novia(o) afroamericana(o), hablar castellano e inglés y sentirse vinculado a tradiciones cochabambinas (como comer con gusto un pique a lo macho) o participar plenamente de rituales andinos como una challa en Santa Cruz. Yo tengo ascendencia de al-andaluz desde España, algo inglesa, algo aimara y seguramente otras que desconozco; mis abuelos eran de Sorata, La Paz, Apolo y Vallegrande en Santa Cruz. Bailo con ganas un huayño, lo mismo que disfruto del rock anglosajón o de la trova cubana, y me identifico con el arte y la literatura universales, con el socialismo democrático que es de cuna occidental por excelencia, chapurreo inglés y alemán, mi cuna es cristina pero soy agnóstico convencido. Boliviano nomás soy, aunque no quepo aquí del todo.

Clasificar a la población de un país según sus orígenes étnicos o raciales es, o una practica medieval común en nuestras tierras durante la Colonia, o refleja resabios ideológicos fascistas, como cuando el origen y la raza se convirtieron en condición para el diseño y la aplicación de políticas desde el Estado nacional-socialista alemán hace 80 años. El actual Estado etno-nacionalista boliviano, mal llamado plurinacional, en algo se le parece.

Si se incluyera “mestizo” en la pregunta censal, una inobjetable mayoría de la población elegiría esa opción, mientras que al retirarla, un porcentaje de los censados optará por identificarse con alguna de las etnias que estén disponibles. No hay alternativa, que si no somos ni aimaras, tupiguaranís, quechuas u otra de las minorías indígenas, estaremos obligados a ningunearnos, a adscribirnos "voluntariamente" a los bolivianos que no son. Esto es no solo injusto, atentatorio contra los derechos ciudadanos, sino que falsea el resultado, permitiendo validar decisiones racistas y discriminatorias los próximos años.

Si se tuviera la posibilidad de señalar que uno es “mestizo”, la gran mayoría lo escogería en primera instancia, y en segunda opción, optaría por alguna etnia (la experiencia se ha validado); quiere decir que las personas se sienten primero mestizas, aunque también pueden identificarse como culturalmente afines a alguno de los grupos étnico-culturales alternativos señalados. Por ejemplo, cualquiera puede sentirse primero mestizo y luego mostrar su afinidad con los aimaras, o primero mestizo e inmediatamente después quechua, o primero mestizo y guaraní en segunda instancia, según viva o haya nacido en El Alto, Cochabamba o Santa Cruz, para utilizar un ejemplo clarificador. Esa lectura nos une, nos hace solidarios los unos con los otros, recalcando una raíz común, al mismo tiempo que respetando las diferencias.

Pero es eso justamente lo que el gobierno de Evo Morales no quiere que suceda, porque de darse, toda la tramoya “indigeno/originario/campesina” se vendría abajo, ya que se sostiene, en la visión etnonacionalista, en la preminencia de mayorías indígenas en conflicto y pugna con los rezabios coloniales internos, lo que tiene que reconfirmarse permanentemente, cueste lo que cueste, así haya que manipular el censo o buscar una forma fraudulenta para alcanzar ese resultado, es decir, hacernos trampa a nosotros mismo, para que el MAS se trague otra vez su propia quimera.



¿Dónde se ha visto que un gobierno construya desconfianza ante los resultados de un censo? ¿Cuándo se ha visto que una papeleta censal se convierta en centro de una polémica político-identitaria, en vez de al uso frío, imparcial y técnico de los datos, ahora en discordia? Es un resultado más del esfuerzo por distorsionar la realidad, porque parte de un supuesto, más que de una contrastación con la realidad, que obcecada como es, se niega a ceder posiciones: Bolivia no es un país indígena-originario-campesino, sino uno urbano, mestizo y multicultural por sobre las diversas identidades parciales, porque nuestro mestizaje ha construido durante siglos un sentido común de ciudadanos con semejanzas, de rasgos culturales compartidos: la bolivianidad.

Se van a alzar voces de protesta en todos sitios, y hay que darles resonancia, porque conciencia a la población sobre lo que está sucediendo con el censo, pero habrá que tener cuidado con las protestas radicales que promuevan un sabotaje colectivo y/o la no participación. La desobediencia civil estaría absolutamente justificada, porque ningúna actividad, por muy estatal que sea (como responder a una boleta censal), debiera obligar a nadie a negar o “ningunear” su identidad, que es un derecho fundamental de toda persona, como el tener un nombre. Pero no participar en el censo negándonos a responder tendría peores consecuencias, permitiría al MAS dar por válidos los resultados obtenidos, perjudicando a las personas y poblaciones que no estuvieran contenidas en la suma de los resultados.

Lo mejor (ya que el gobierno ha decidido irresponsablemente por ese camino) será iniciar una campaña ciudadana, sin límites de razas, edades, culturas u opciones sexuales, para responder “NO” a la pregunta 29, haciendo de este concepto no la expresión absurda de no ser nadie (que es lo que el censo quiere), sino un sitio para mostrar y demostrar la existencia mayoritaria del mestizaje boliviano, junto al dato georeferencial de que este estrato cultural está diseminado por todo el territorio nacional y que es el que nos une a todos. El mestizaje es la tenaza de nuestra abigarrada identidad, es el abrazo que ha forjado en siglos la razón de nuestra unidad y, por lo tanto, el único cimiento para ser un día fuertes y trascendentales en la historia.



El futuro ineludible de la integración sudamericana, en este mundo de países-continentes, no va a sustentarse entre brasileños y aimaras, entre peruanos y guaraníes, o entre argentinos y mosetenes; el futuro habla de un encuentro con los bolivianos, de raíces nacionales sobre mapas político/estatales y no étnico/culturales como pretenden los neofascistas y neopopulistas que dominan el actual gobierno y la coyuntura boliviana.

En ese sentido el censo requiere y reclama una respuesta ciudadana y democrática, a la altura del mundo que nos tocó vivir. Sin complejos, y conscientes de lo que estamos haciendo vamos a contestar "29-NO" en el censo y vamos a proclamar y promocionar esta idea, para que todo boliviano sepa que en ello se juega nuestra identidad nacional.

 

 

 

8 de junio de 2012

Asilo

Muy poco que agregar. Brasil acaba de decirle al mundo que en Bolivia no existen garantías ciudadanas y que hay persecución política. Un país más que se suma al reconocimiento internacional sobre la situación en nuestro país, donde gobierna un régimen etnonacionalista y autoritario, cada vez más parecido a una tiranía.

6 de junio de 2012

La OEA y el MAR

Cuando Evo Morales Ayma llegó el año 2006 a ser Presidente de la entonces República de Bolivia, y como no asistió nunca a estudiar en la universidad (de lo que se ufana) y sabía muy poco de la historia marítima del país, sus avatares, avances y retrocesos en más de cien años de controvertida diplomacia, se dejó seducir por los ojitos que le hizo la entonces Presidente de Chile Michelle Bachelet Jería (médica, titulada por la Universidad de Chile, una ventaja comparativa en su formación intelectual), quien lo convenció que el problemita ese lo podían resolver entre ellos dos, tan revolucionarios como seguramente le decía ella que eran ambos, ella y él, dos socialistas, un solo corazón.

Así que Evo olvidó el camino boliviano por la multilateralidad, que explica nuestra mediterraneidad no como un asunto exclusivo entre Bolivia y Chile, sino como que en realidad afecta moral, económica y diplomáticamente a todo el continente. Evo decidió que no, que entre él y Michelle lo resolverían, intercambio de charangos de por medio, lo que le iba muy bien ese momento (el más alto de su brillo y apogeo) gracias a que empezaba entonces a creer (tanto llunku repietiéndoselo día por medio): que con él comenzó la historia de verdad, la nueva era.

El romance transandino duró un tiempo y Bolivia olvidó hacer lo de todos los días, llevar a la OEA el planteamiento y repicar que este era un asunto de interés multilateral que atinge a todos los estados y gobiernos; por suerte Chile no aprovechó del todo aquel descuido para provocar una nueva resolución que barriera con la de 1979, que tanto nos favorece, y que sigue vigente, por no haber otra hasta ahora.

Terminado el mandato de Bachelet llegó Piñeira y a Morales esto le pareció muy mal, no porque dejara de hacerle ojitos (La Moneda debe haber considerado hasta eso para seguir engatusando al insólito vecino), sino porque era de derechas y con la derecha no se puede hablar. Sin previo aviso, sin alertar a nadie, el 23 de marzo de 2011, Bolivia decidió por su nuevo camino: Este asunto lo resolvemos en los tribunales internacionales y para ello, en un año, estaríamos con nuestra demanda internacional en los tribunales de La Haya –dijo el presidente aymara, conquistando aplausos de sus secuaces, que todavía le creen–.

Y llegó el 23 de marzo de 2012, que en Santiago deben haber esperado pertrechando una fila de especialistas para contrarrestar la demanda boliviana. Pero no pasó nada de nada. Era de prever la dificultad de una demanda por encima de un tratado internacional, que en su momento fue ratificado y tiene plena vigencia, así sea injusto como pocos y no haya resuelto un problema que algún día deberá encontrar solución definitiva retornando a Bolivia la cualidad marítima perdida en una cruenta guerra; a ver si había algún Tribunal Internacional que la aceptara, mejor si era La Haya, como se amenazó. Pero el 23 de marzo de 2012 Evo Morales no tenía ni redactado el pliego de la demanda, ni una letra, ni un escrito firmado por algún picapleitos de tercera siquiera, de los que deben abundar entre el masismo y que en su momento dijeran que podían hacerlo.

La 42 Asamblea General de la OEA nos alcanzó en esas condiciones y se preparó un show al estilo de una asamblea sindical de cocaleros del Chapare, pero no para cumplir con la amenaza antes dicha, sino para cambiar de nuevo el enfoque y la postura, ahora se le pide a Chile que revisemos el viejo tratado de 1904, conociendo de antemano la respuesta: Aquí no hay nada que revisar ni renegociar, todo está dicho, todo está acordado. De poco sirvió la buena barra que armaron los masistas en la OEA, que a grito pelado reclamó el mar y agitó wiphalas y banderas; menos aún el partido de futbol contra un equipo de chilenos que jugó el Presidente mientras sesionaba la Asamblea.

Es que así no se hace. Sino el ridículo al que ya nos han acostumbrado.

Chile, que sí cumplió con su tarea, hablando delegación por delegación, con sus argumentos bien armados, logró que uno a uno los países presentes sin excepción alguna, declararan que ese no era sino un problema bilateral entre los involucrados. Ni Venezuela, el mejor aliado político del régimen, ni Perú que se sabe involucrado. Fue una victoria chilena de proporciones, en nuestra propia cancha.

Una mirada desde el siglo XXI, cuando el capitalismo mundial se traslada a la Cuenca del Pacífico, muestra la creciente importancia de las costas que bordean el territorio que antes fuera boliviano, para todos los países que lo rodean y para otros igualmente interesados, como el Brasil, que junto a Bolivia, Perú y Chile, pueden encontrar en él una plataforma de integración económica y comercial sin precedentes. Claro que este problema centenario es continental, cada día con más fuerza, porque esas playas y farallones están mirando de frente los mercados de la China y de los países del Asia, que requieren puertos para embarcar y desembarcar las mercancías del futuro próximo, no solo para Bolivia, sino para toda la zona de influencia en esa parte de América del Sur, y frente a ello no se puede seguir con improvisaciones que se parecen cada día más a payasadas.


Algo tiene que cambiar para dejar de ser el hazmerreír de diplomáticos y embajadores en Santiago y construir un país al que se lo toma en serio. Se podría decir que se tienen que cambiar a Choquehuanca y la caterva de advenedizos con ínfula de diplomáticos atrincherados en nuestra humillada Cancillería, pero creo que no basta. La cirugía tendrá que ser de mayor envergadura.